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12 la entrevista DOMINGO 17 s 12 s 2006 ABC (Viene de la página anterior) en el caso de Madrid por checas organizadas o legitimadas en muchos casos por el gobierno republicano. -Sin embargo, matiza usted que casi no se presta atención a los orígenes de esa violencia política y represión o a cómo las aplicó la izquierda; por el contrario, se atribuye a Franco el dudoso honor de haberlas inventado y ser el único que las puso en práctica ¿Eso es justo lo opuesto de adquirir (y no recuperar que es un oxímoron) conocimientos acerca de la historia -José Ortega y Gasset escribió en El epílogo para ingleses que aparecía en ediciones posteriores a La rebelión de las masas que el aspecto más importante para entender la Guerra Civil fue el conocimiento de los orígenes. Estoy plenamente de acuerdo con eso. Esto es absolutamente necesario para cualquier gran acontecimiento histórico. Para comprender la violencia política en España es indispensable investigar sus orígenes y desarrollo, no para demonizar ni justificar a nadie, puesto que las atrocidades no son justificables, sino para entender cómo fue. Una república nueva significaría el fin del consenso democrático El hispanista duda de que pueda funcionar un entendimiento de Zapatero con el nacionalismo vasco, a no ser que reemplace la estructura constitucional actual en algunos aspectos importantes, que sería muy destructivo para el país ¿El que defienda la República en España merece estar en un manicomio -Dije eso a unos periodistas españoles en Washington para dar un cierto énfasis retórico a mi conferencia. Naturalmente, el republicanismo teórico es una postura tan respetable y defendible como cualquier otra. Pero el nuevo movimiento republicano en España es nocivo y mal pensado, porque el país ha tenido grandes dificultades en lograr una estabilidad política y una democracia que funciona. En ésta la Monarquía ha tenido un papel absolutamente fundamental. Su función es muy importante: primero como símbolo de unidad y continuidad en un país no muy unido, y segundo, aunque el Rey no gobierna, como potencial poder moderador en un momento de crisis. No es necesario narrar otra vez la historia tan desastrosa de las dos repúblicas españolas. consenso democrático. -La Primera República, explica usted, colapsó el país y la Segunda lo dividió en una Guerra Civil. ¿Quién cree que estaría tramando una Segunda transición republicana? -Durante el siglo nuevo ha habido un cierto envalentonamiento político de la extrema izquierda, no tanto en el sentido de que han ganado muchos votos más, sino porque creen que los cambios históricos, y la cultura y los valores de la sociedad, ahora les favorecen más. Por eso creen que pueden ejercer más presión por grandes cambios institucionales. Y esto influye no meramente en la extrema izquierda, sino también en el Partido Socialista. ¿La república debe permanecer en su colapso? -En este momento, por lo menos, debe permanecer un recuerdo. Es curioso que son los neorrepublicanos los que más se agitan por la memoria histórica y lo que demuestran es que no conocen mucha historia verdadera. -Un historiador debe tender a la máxima objetividad, aunque es imposible ser absolutamente objetivo. ¿A los historiadores actuale es imposible ser absolutamente objetivos? -El oficio del historiador es investigar lo más posible y contrastar toda clase de datos diferentes para tratar la mayor objetividad y ecuanimidad. Pero todo el mundo sabe que las ciencias sociales o humanísticas no pueden lograr el mismo grado de pura objetividad como las ciencias naturales. El deber del estudioso es siempre esforzarse en alcanzar el mayor grado de objetividad posible. Al respecto, ha tenido lugar una gran regresión durante la última parte del siglo XX por la influencia del posmodernismo y varias doctrinas que han sido llamadas teorías pero que no son más que conceptos o doctrinas. Ellos insisten en que el cerebro humano es incapaz de alcanzar cualquier objetividad y que todo es relativo y subjetivo. Así que la verdad supuestamente no existe. Es el rechazo de un milenio de estudios e investigaciones de la civilización occidental, y asombroso en su simplismo intelectual. Sin embargo, en el mundo universitario y en la cultura nueva eso existe en flagrante contradicción con la corrección política, que utiliza el relativismo para debilitar las cosas a que se opone, pero luego impone sin más su propia verdad del modo más descarado. Lo que existe es una fantástica hipocresía, acompañada por una contradicción epistemológica total. -Sigue pensando que el presidente Zapatero está cavándose su propia fosa si negocia con ETA. ¿Ese concepto de negociación es un plan propio de ingenuos como lo definió usted? -Es evidente que las negociaciones son difíciles, y su éxito si esa es la palabra, depende principalmente de cuánto Zapatero está dispuesto a entregar, pero el presidente del Gobierno insiste en tratar de alcanzar algún tipo de pacto o compromiso nuevo con el nacionalismo vasco. Los etarras, sobre todo, necesitan lograr un acuerdo con él por tres razones: 1) Es el primer presidente dispuesto a romper el consenso nacional para pactar con ellos; nunca antes han tenido tal oportunidad; 2) Parece que el reclutamiento es ahora más difícil para ellos, y no podrán recuperar su fuerza anterior para el terrorismo. Los cambios sociales y culturales en el País Vasco influyen en eso; 3) El 11- M cambió el panorama, tal que una vuelta al terrorismo puro sería rechazado aún más extensamente que antes, hasta por algunos sectores que antes apoyaban, hasta cierto punto, a ETA. No se puede descartar la posibilidad de que Zapatero alcance algún entendimiento con el nacionalismo vasco. Pero que esto pueda funcionar a más largo plazo es dudoso, a no ser que reemplace la estructura constitucional actual en algunos aspectos importantes, que sería muy destructivo para el país. ¿Qué nuevos desastres podría acarrear para España un movimiento republicano? -Nótese que los nuevos republicanos son principalmente de extrema izquierda, y pretenden volver al exclusivismo político de sus predecesores, que sería el fin de la democracia en España. No les interesa lo que Carlos Dardé ha llamado la aceptación del adversario Una república nueva significaría probablemente el fin del Es curioso que son los neorrepublicanos los que más se agitan por la memoria histórica y lo que demuestran es que no conocen mucha historia verdadera Para Payne, la Monarquía es fundamental en España