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ABC DOMINGO 17 s 12 s 2006 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA MEMORIA DE PÉNDULO UE no, que no me trago esta esquemática historieta de buenos y malos, que no me creo esta canción de ayeres maniqueos, este vuelco retroactivo de roles, este lamento apócrifo de cernudianos caínes sempiternos, este frufrú de tumbas revueltas, este quita y pon de santos laicos en las hornacinas del panteón de ilustres. Que no. Si no me creí de niño aquel cuento de azules miríficos y rojos malvados, aquellas rancias viñetas de patrias vendidas y salvadores enviados por la Divina Providencia, aquella retórica mediocre y fascistona de amaneceres, caIGNACIO misas nuevas y luceros, no CAMACHO voy a comulgar ahora con el envés edulcorado de esa monserga, con este empeño destemplado y estéril de reescribir a medida el pergamino amarillento de nuestro fracaso colectivo. Nosotros somos quien somos, escribió Celaya; ni vivimos del pasado, ni damos cuerda al recuerdo. Si al menos se tratara de estudiar Historia. Pero a los políticos nunca les interesa del pasado más que el modo de retorcerlo para justificar el presente. Todo este asunto de la memoria histórica no viene a ser sino un intento de deslegitimar la Transición, con su pacto de reconciliaciones y concordias, para rescatar el viejo dualismo de las dos Españas y sostener en el enfrentamiento de nuestros demonios más profundos un proyecto político revisionista que se presenta como adalid de la ruptura pendiente. Nos quieren vender la Transición, tan difícil, tan quebradiza, tan finalmente afortunada entre aquella desasosegada zozobra de futuros imperfectos, como una especie de acuerdo vergonzante forzado por el miedo, el ruido de sables y la teoría del mal menor. Eso se acabó, nos dicen; ahora ha llegado el momento de poner las cosas en su sitio. Es decir, del revés: con los antiguos malos convertidos en buenos y los buenos en malos. El eterno péndulo en el que se balancean las derrotas de esta vieja nación zarandeada por los prejuicios. Hace tiempo que la Historia de verdad, la que escriben los sabios, los estudiosos, los expertos, ha pintado de grises el cuadro ensangrentado de la tragedia. Ha contado los muertos, ha hecho inventario de los errores, ha hurgado en las trincheras del odio, ha analizado aquel horror convulso de revoluciones impregnadas de rencor y traiciones disfrazadas de idealismo. Lo que resulta es un relato descalabrado y cruel de una sociedad surcada por un odio atávico. Nada de lo que tengamos que enorgullecernos, y sí un inmenso océano de vergüenza moral. Lo habíamos superado. No olvidado, pero sí dejado atrás, desde la convicción de que no servía para construir un futuro. Ahora nos quieren embellecer a conveniencia esa memoria de enconos para crear con ella el soporte ideológico de una política divisionista. Y lo han logrado en parte: un atizar de muertos, una batalla de esquelas, un memorial de mutuos agravios. Con lo que había costado mañanar este país de sórdidos ayeres, y ahora nos entretenemos otra vez en la maldita guerra de los abuelos, malcontada por unos nietos irresponsables aficionados a jugar a aprendices de brujo. Q EL RECUADRO TENGA USTED UN HIJO SECRETO P ROBABLEMENTE a usted, lector, le ocurrirá tres cuartos de lo propio que a servidor: que está desolado. No por la depre prenavideña de quienes odiamos las presentes y antonomásticas entrañables fiestas. Y nada digo de las odiosas comidas de empresa, donde los cuchillos de dar puñaladas por la espalda a los compañeros a lo largo del año te los encuentras en el cubierto, junto a la servilleta. Mi desolación es porque pienso como usted: que no debemos de ser nadie. Porque ésta es la hora en que nadie me ha sacado un hijo secreto. Asistimos a la Pasarela Cibeles del desfile de hijos secretos... a voces. Pronto nos venderán como exclusiva que Don Juan de Austria era hijo secreto del Emperador. Los hijos secretos antes se dedicaban a ganar batallas de Lepanto y a dejar mancos en ellas a los príncipes de las letras, a los que ponían un estanco en forma de novela del Ingenioso Hidalgo. Ahora los hijos secretos se dedican a tocar la guitarra. Y sus santas madres, a hablar con los paparazis por el telefonillo. No sé cómo Alianza Editorial, lo mismo que ha sacado Protocolo moderno y éxito social de mi amiga la embajaANTONIO dora Carmen Losada de Cuenca AnaBURGOS ya, donde explica cómo coger en las comidas de Navidad el cuchillo de pegar puñaladas por la espalda a los compañeros de trabajo, no publica un manual de autoayuda para esta moda que a algunos nos coge con el pie cambiado: Tenga usted un hijo secreto en diez días Sería utilísimo. Pondría al día los saludos: ¿Tú mujer y tus hijos bien? -Muy bien. ¿Y tus hijos secretos? -Todos perfectamente, tocando la guitarra y con sus madres hablando por el telefonillo. Como no existe ese libro de autoconstrucción y autoayuda, no le han sacado todavía un hijo secreto a mi admirada Isabel Pantoja. Sería la cuadratura del círculo. Del Círculo de Ladradores, naturalmente. Bueno, y si el hijo secreto, en vez de carne de la carne de la Pantoja, es carne de la carne de presidio de Julian Muñoz, ni te cuento. ¡Que paren las máquinas! Esto de los hijos secretos es más antiguo que el hilo negro. Había en Sevilla un personaje, Juan Najela de Levante de los Corsarios, que es una pena que Arturo Pérez Reverte no conociera cuando vino a acariciar la piel del tambor y el metal de las cornetas. Se llamaba Miguel Criado. Su título nobiliario era El Potra, con grandeza de la Puerta Larená, de cuya Universidad era profesor emérito de Gramática Parda. El Potra era veedor de toros bravos. Abrazó la misma profesión que su padre: barbero. Su padre afeitaba caras de parroquianos en el Baratillo y El Potra afeitaba toros. Había conocido todas las grandezas y miserias del toreo a ambos lados del Atlántico. Hombre bragado, le decía las verdades en la cara al mismo lucero del alba. Juan Belmonte, cliente de la barbería de su padre, lo sacó de pila. Por lo que se corrió la voz de que era hijo secreto del Pasmo de Triana. Una tarde de feria, después de los toros, en la barra del Hotel Colón, se le acercó un tío de por ahí muy esaborío, que a cara de perro le preguntó: -Oiga usted, Potra: ¿es verdad que usted es hijo de Juan Belmonte? Y el Potra, sin inmutarse, señalando a un aficionado vasco que allí estaba, enorme de alto y fuerte, con un morrillo así de gordo, le dijo, repentizando en su genialidad: -No, mira, yo no soy hijo de Juan Belmonte. Pero ese vasco tan grande que está ahí me acaba de decir que tú eres hijo de Joselito el Gallo, so hijo de la gran p... Y se dio media vuelta con el vaso de güisqui y fuése. Y cervantinamente no hubo nada. Bueno, sí, quedó esta moda de atribuir a todo el mundo hijos secretos. Pero la pena es que se quedan en el artisteo y en la farándula. A mí me gustaría que, como en el vapor de Atocha de la locomotora de Caracol el del Bulto, ese roneo lo usaran en el Despeñaperros de la política. Lo de Alejandro Sanz o El Pescaílla no tiene el menor interés. Lo que sería de parar las máquinas es que descubrieran que, un poner, Zapatero es hijo secreto del 11- M y de un pacto de tapadillo con la ETA.