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ABC DOMINGO 17 s 12 s 2006 OPINIÓN 3 LA TERCERA MOCIÓN DE CENSURA, YA Rodríguez Zapatero no inspira ya confianza alguna sino un enorme recelo en prácticamente todos los estamentos sociales y políticos. Sencillamente, ha dejado de ser fiable... A política española está sometida a unas convulsiones impropias de la madurez que- -con el transcurso de los años- -debía haber adquirido. La adolescencia política del presidente del Gobierno, abanderado de una generación de izquierdistas radicales- -como muy bien apuntaba esta semana The New York Times- propicia que buena parte de sus iniciativas se escapen de su control y se transformen en auténticos problemas. Todos los asuntos más delicados que el presidente lidera- -la política exterior, el llamado proceso de paz con ETA, el nuevo Estatuto catalán, la inmigración y, ahora, la ley conocida como de memoria histórica -cobran vida propia, se desembarazan de las pautas iniciales y terminan por constituir factores de innecesaria fricción política y social. La semana que acaba se ha saldado con dos enormes pifias políticas: el desastroso viaje de Rodríguez Zapatero a Argelia- -abroncado allí por el presidente Buteflika a propósito de la inconsistente posición española respecto del Sahara- -y la muy preocupante discusión parlamentaria del proyecto de ley por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas a favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura -terrible denominación de una norma desde el punto de vista técnico- jurídico- Al margen del análisis concreto de estos dos episodios, lo sustancial es su carácter sintomático, la sensación de fragilidad, frivolidad, desorientación, improvisación y desorden que transmiten a la opinión pública. Porque, además, marcan dos fracasos que están signando la legislatura: el exterior- -no somos nadie en la política internacional y la brújula de nuestra diplomacia ha perdido la imantación- -y el interior- -porque el Ejecutivo, prendido de los apéndices parlamentarios nacionalistas, está desconfigurando la convivencia social española larga y sólidamente mantenida por las acertadas consecuencias políticas y jurídicas de la Transición- timental mediante el desenterramiento- -nunca mejor dicho- -de esa memoria histórica que sólo enfrenta, divide y amenaza una convivencia que había superado ya el pasado. Rodríguez Zapatero ha querido- -con las palabras de la vicepresidenta en el Congreso- -retener el caballo desbocado del revanchismo- -por ejemplo, el del diputado republicano e independentista de ERC, Joan Tardá- -pero ha sido demasiado tarde. Le ha ocurrido algo similar con el llamado proceso de paz en el que ETA y Batasuna le han tomado la delantera, y es ya un comentario que circula cada vez con menos discreción que su vaciedad ideológica y sus limitaciones intelectuales- -en términos de insuficiente acumulación de conocimientos- -está reduciendo al socialismo español a un remedo- -un mal remedo- -de lo que fue antes y después de la Transición. Puede afirmarse sin temor a errar que José Luis Rodríguez Zapatero se está convirtiendo en una decepción política al que sólo sostiene la salud económica del país y el reagrupamiento de las demás fuerzas políticas contra el Partido Popular. De no mediar esas dos variables- -y, efectivamente, son variables porque pueden alterarse con cierta facilidad en un futuro próximo- -el presidente estaría ya amortizado. in embargo, ante una situación con estos perfiles, el PP debe plantearse seriamente cómo ofertar y dar a conocer su alternativa, intensificando la urgencia de un cambio y visualizando la demanda de responsabilidad política al jefe del Ejecutivo. Para eso está la moción de censura constructiva que prevé el artículo 113 de la Constitución. De las planteadas hasta el presente ninguna prosperó, es decir, ninguna alcanzó los votos precisos- -mayoría absoluta- -para retirar la confianza al presidente, pero algunas significaron un punto de inflexión y coadyuvaron a acelerar el ritmo de los acontecimientos. La eventual moción de censura que el PP podría presentar, tampoco prosperaría, pero son tantos los argumentos críticos para enhebrar un discurso parlamentario con un programa alternativo al del Gobierno, que Mariano Rajoy tendría una oportunidad de oro para enseñarse a la opinión pública y, sobre todo, para quebrar el calendario gubernamental introduciendo un paréntesis en la desenfrenada carrera de errores del presidente. Ningún jefe de Gobierno desde el inicio de la democracia en España ha acumulado más motivos para que se ponga en cuestión su fiabilidad. Los populares, además, precisan regenerar su estrategia opositora. Inicialmente confundida- -la cobertura a la teoría conspirativa del 11- M fue un error y el abandono de la centralidad otro no menor sin que todavía se haya recuperado del todo- ahora el instinto político en la sede de la calle Génova parece que se ha afilado con una mayor perspicacia. Pero si el Gobierno precisa de una tromba crítica en el Parlamento, el Partido Popular requiere de una consagración opositora que mire al futuro inmediato. Mariano Rajoy sólo tiene una oportunidad: las próximas elecciones generales, se celebren en 2008 o, quizá, a finales del próximo año. Tiene que llegar a ellas cruzando el pórtico de una confrontación dialéctica y programática que en modo alguno se consigue- -tanto por formato como por sus objetivos- -con el debate sobre el estado de la Nación de frecuencia anual. Rajoy debe reclamar que el Congreso retire la confianza a Rodríguez Zapatero para, al hilo de la petición en la moción de censura, mostrar la mercancía política, social, económica y cultural, alternativa a la del PSOE. L S E E l presidente del Gobierno se comporta como esos conductores suicidas que circulan en sentido contrario desafiando su seguridad y la de los demás, manteniendo a la ciudadanía con el ánimo suspendido a la espera de que la suerte- -y sólo la suerte- -eluda la brutal colisión con la que suele acabar la escapada de esos irresponsables de la carretera. Rodríguez Zapatero no inspira ya confianza alguna sino un enorme recelo en prácticamente todos los estamentos sociales y políticos. Sencillamente, ha dejado de ser fiable. Tenemos el país cuarteado con una revisión estatutaria precipitada que ha dejado en pavesa al Estado- -grandes colectivos reclaman que se reintegre una nueva centralización como elemento de garantía de los contenidos de la ciudadanía democrática- -y, ahora, al descoyuntamiento territorial se añade el sen- l planteamiento de una moción de censura requiere de arrestos políticos y arrojo personal, además de un correcto cálculo de consecuencias. Si el artículo 113 de la Constitución fue pensado para alguna coyuntura política y social, sólo pudo serlo para la actual. Porque- -a mayor abundamiento- -el Gobierno boquea ya sin oxígeno, ha agotado todas sus posibles iniciativas y las que le quedan- -el mal llamado proceso de paz -es mejor que se reformulen de manera radical. Si Rodríguez Zapatero no merece confianza a la oposición y, por derivación a los millones de españoles que representa- -y no la merece, hasta el punto de eludir la cortesía del saludo entre líderes- plásmese como la Carta Magna tiene previsto: con una moción de censura antes de las elecciones autonómicas y municipales del próximo veintisiete de mayo. Rodríguez Zapatero se encargará de que no haya otra oportunidad de plantearla después de esa fecha. JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director de ABC