Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Sábado 16 de Diciembre de 2006 Editado por Diario ABC, S. L. Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid. Teléfono: 913399000. Publicidad: 902334556. Suscripciones: 901334554. Atención al cliente: 902334555 Diario ABC, S. L. Madrid 2006. Prohibida la reproducción total o parcial sin el permiso previo y expreso de la sociedad editora. Número 33.242. Depósito Legal: M- 13- 58. Apartado de Correos 43, Madrid Precios de ABC en el extranjero. Alemania: 2,05 Bélgica: 2,00 Estados Unidos: 2,50 USD. Francia: 2,05 Irlanda: 2,10 Italia: 1,75 Holanda: 2,00 Portugal: 1,35 Reino Unido: 1,20 LE. Suiza: 3.40 CHF. Marruecos. 16 Dh. DESDE MI BUHARDILLA Laura Campmany NUESTRA LOYOLA C El coro de los Niños Cantores de Viena en una actuación en Córdoba. A la derecha, Elias Sáenz RUÍZ DE ALMODÓVAR El canario cantor de Viena El pequeño Elías Sáenz, de nueve años, será el primer español que entre a formar parte de los Niños Cantores de Viena, un coro con más de medio milenio de historia a sus espaldas, fundado por Maximiliano I de Austria CE CASTRO cer una prueba. En aquella cita deslumbró a los examinadores gracias, entre otras virtudes, a su excepcional oído por lo que el siguiente paso será un nuevo viaje, esta vez en solitario- -sin padres- a Viena para conocer cómo es el día a día siendo niño cantor. Salga como salga esa experiencia, ya ha conseguido todo un éxito asegura su orgulloso padre. Mientras, el lío mediático se ha formado a su alrededor y Elías lo ve todo como una gran aventura pues él lo único que quiere ser es cantante de ópera. Las cosas las tiene claras y más después de disfrutar del Nabucco de Verdi en Verona. Desde aquel día regaló todos sus discos de María Isabel y reggaeton a su hermana y me quitó todos los de Alfredo Kraus para aprendérselos de memoria recordó Ángel Sáenz. Que Elías haya alcanzado este logro no es casual, pues su familia ha estado siempre muy vinculada al mundo de la música. Su padre es presidente de la Asociación Cultural Amigos Palmeros de la Ópera y su mentor es el tenor Jorge Perdigón, que fue quien facilitó que los Niños Cantores conociesen a Elías. El próximo 8 de enero se iniciará una semana decisiva para el futuro de Elías. En principio serán sólo siete días de adaptación. Después, el pequeño tendrá que decidir si quiere quedarse allí- -aún no tiene claro si es Austria o Australia- -o volver cuando comience el próximo curso en el mes de septiembre. Tengo el corazón en un puño, es tan chico, pero sé que es una gran oportunidad y que todo lo que aprenda le servirá de mucho confiesa su padre. Actualmente cursa cuarto de Primaria y es nulo en alemán, pero lejos de amilanarse, el desparpajo es la única baza con la que cuenta para lograr superar este importante reto. Viena está a unas cuatro horas de La Palma en avión, pero el cambio será trascendental. Elías tendrá que dejar de pasear por la tradicional calle Real de Santa Cruz de La Palma, respirando de cerca el Atlántico, para someterse a una férrea disciplina en un frío país centroeuropeo que le llevará a convertirse en un gran artista. D icen de él sus padres que nunca fue un niño excepcional o fantástico. Tenía mucho ritmo y le gustaba mucho la música, pero como a un niño normal asegura su padre, Ángel. Elías Sáenz será el primer español que ingrese en los Niños Cantores de Viena, prestigiosa institución que creó en 1498 el emperador Maximiliano I de Austria y que quiere contar con este niño, nacido en la isla canaria de La Palma. El pasado día 4, el pequeño Elías se desplazó a la capital austriaca para ha- ONOCÍ a Loyola de Palacio en Bruselas, siendo ella vicepresidenta de la Comisión Europea. En aquellos años de su enérgico exilio, cada vez que mi padre venía a visitarme, llamaba a Loyola. Eran buenos amigos, de ésos que nunca se esquivan. Él solía invitarla a cenar en Comme chez soi pero no a solas, sino en familia. Ana les acompañaba cuando sus obligaciones se lo permitían, y mi madre, el euroyerno y servidora, lo mismo pudiendo que sin poder. En Madrid, se sumaban mis hermanos. También estamos todos en esta despedida. Yo la admiraba desde hacía tiempo. Me atraen como imanes las personas nobles, honradas y capaces. Pero si encima son inteligentes, si te echan una mano en la cocina, si saben escuchar cuando les hablas y sólo se les nota que gobiernan el mundo en un leve chasquido de los párpados, entonces me cautivan para siempre. Con ella me ocurrió lo predecible. Que un buen día el respeto se convirtió en cariño. A su agenda, que casi le explotaba, le hizo un par de agujeros para oírme unas rimas. En eso, como en todo, era una reina. Cuando me enteré este verano de su enfermedad, sentí el impulso de escribirle una carta. Sólo para pedirle que luchara con ganas. O para convencerla de la falta que hacía. O para que creyera en lo azul de un milagro. Y, bueno, simplemente que supiera que en todos sus problemas y quehaceres, desde mi poquedad de humilde funcionaria, la quería y la quiero. Porque aún estaba en flor para morirse, porque no era mujer para suspiros, nunca se la mandé. Me temo que ya es tarde para decirle nada. Y que a nuestra Loyola, nuestra amiga adorable, acaban de enterrarla como si hubiera muerto.