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92 CULTURAyESPECTÁCULOS SÁBADO 16 s 12 s 2006 ABC CLÁSICA Concierto de Navidad Obras de C. Bernaola, J. García Román, J. L. Turina, M. Flecha y A. Yagüe. Intérpretes: Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid. Dirección del coro: Jordi Casas Bayer. Dirección musical: José Ramón Encinar. Madrid Liebre por gato ANDRÉS IBÁÑEZ ¡Qué gran acierto de programación! ¿Un concierto de villancicos para todos los públicos o un concierto de música contemporánea para todos los públicos? Las dos cosas al mismo tiempo. La basílica de Nuestra Señora de la Merced es inmensa: brutalismo arquitectónico, hormigón por todas partes y un retablo compuesto por grandes piezas metálicas oxidadas y cadenas colgantes bajo las cuales la música suena como intimidada, poco ayudada por una acústica que tiende a destacar detalles invididuales y a desdibujar conjuntos, y en la que el coro se oye extrañamente remoto. Una grúa de Telemadrid del tamaño de un diplodocus joven, efectos luminosos esporádicos, glomérulos pop multicolores y un apagón repentino que obliga a José Ramón Encinar a detener una de las piezas y volver a empezar. Una escena del montaje que Calixto Bieito ha dirigido sobre la novela de Houellebecq nada llamativo: un funcionario del Ministerio de Cultura, un catedrático jubilado, un inspector de la compañía del gas, un cómico televisivo... gente más o menos del montón en el sustrato de clase media- alta que se puede permitir un viaje a Tailandia para comprar unas dosis de placer. Michel, el protagonista en torno a cuyo discurso se engarzan las historias de los demás personajes, es el funcionario, un tipo aburrido y desencantado de la vida a quien la herencia paterna le ha proporcionado cierta independencia económica. Está enfermizamente obsesionado con el sexo- lo más parecido a Dios que he encontrado es el coño de una mujer afirma- igual que quienes le acompañan en ese paseo por un simulacro de paraíso donde cada uno se ve reflejado en la soledad de los otros, en el relato de los actos sexuales mecanizados, repetitivos e impersonales, como los que reflejan machaconamente los televisores de las cabinas de sex- shop que forman parte de la escenografía. Un proceso que se altera cuando intima con Valérie, una ejecutiva turística en la que encuentra un furor sexual paralelo al suyo, y algo que nunca antes había experimentado, el amor, un amor que la muerte hará añicos en una suerte de caprichoso castigo ejecutado por fanáticos musulmanes. ABC TEATRO Plataforma Autor: Michel Houellebecq. Traducción y dramaturgia: Calixto Bieito y Marc Rosich. Dirección: C. Bieito. Escenografía: Alfons Flores. Vestuario: Mercè Paloma. Iluminación: Xavi Clot. Intérpretes: Juan Echanove, Marta Domingo, Lluís Villanueva, Carles Canut, Mingo Ràfols, Boris Ruiz y Belén Fabra. Lugar: Teatro Bellas Artes. Madrid. Réquiem por el sexo JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN El turismo sexual viene a ser, en la visión propuesta por Michel Houellebecq en Plataforma el réquiem por el sexo que entona la opulenta y aburrida sociedad occidental ahíta de trasgresiones, un ritual de expiación cínico, egoísta y empapado de nihilismo, regido por el motor de la oferta y la demanda: unos tienen dinero y la moral ondeando en la banda magnética de la tarjeta de crédito, y los otros algo que vender: su cuerpo y su frescura sexual. Los personajes de la novela del escritor francés trasladada por Calixto Bieito y Marc Rosich al escenario componen una caterva de solitarios de perfil Plataforma al cabo una historia de amor, es un montaje formidable, de cruda expresividad, que mezcla elementos sórdidos, momentos de intensidad brutal, opiniones empapadas de subjetividad sarcástica, peroratas de rotundo antiislamismo, y monólogos y diálogos abrasivos. Un espectáculo que destila una tristeza de dimensiones insondables servida con la frialdad de una disección. La dramaturgia de Bieito y Rosich es soberbia, como la dirección del primero, que, dentro de la contundencia de su estilo, estiliza y equilibra sabiamente el duro material con el que trabaja. Espléndidas también la música de karoake, la escenografía circular móvil de Flores y las interpretaciones, empezando por Juan Echanove que imprime a su Michel un perfil menos mezquino y de mayor hondura que el de la novela, y transita sin resbalar por el difícil filo de la sobreactuación, ese territorio de sangre, sudor y lágrimas que tan bien domina. Junto a él, Marta Domingo es una Valérie notable; Mingo Ràfols, Carles Canut, Boris Ruiz y Lluís Villanueva imprimen una eficaz naturalidad a sus personajes, y Belén Fabra, actriz que resucita la belleza enigmática de Dominique Sanda, además de superar con nota el reto de permanecer desnuda durante toda la representación, realiza un trabajo sensible y matizado. La música, excelente. Suntuosas versiones para coro y gran orquesta de villancicos populares (de Carmelo Bernaola, Turina y Yagüe) y un villancico original de José García Román, que también contribuye con una versión para coro y orquesta de dos ensaladas de Mateo Flecha. Pensamiento: que quizá las dos obras musicales más definitorias e influyentes del siglo XX hayan sido Pulcinella y la orquestación de Webern de la fuga de la Ofrenda musical. Porque ¿dónde comienza la tradición y termina la vanguardia Los Tres villancicos de José Luis Turina son la cima intelectual de la noche, deconstrucciones fascinantes de canciones populares y de polifonía de Francisco Guerrero, descomposiciones y recomposiciones rítmicas y armónicas de música preexistente. Puer Natus Est de Alejandro Yagüe, un original medley de villancicos en distintas lenguas, es la cima sentimental de la noche, con dulcísimos melismas de la cuerda sobre un cantus firmus de Adeste Fideles y una posmoderna mezcla de armonías románticas y We wish you a merry Christmas transformado en coral medieval. Brillo, brillo, bellas contribuciones de voces individuales del coro, gongs, marimbas y bastón de lluvia, pasión y exactitud en la dirección de José Ramón Encinar. ¿Qué más se puede pedir? ÓPERA Romeo y Julieta Autor: Gounod. Int. N. Manfrino, R. Troxel, T. Davidova, V. Esteve, J. J. Frontal, Coro de A. A. del Teatro de la Maestranza, Real Orq. Sinf. de Sevilla. Dir. escena: I. Guerra. Dir. musical: M. Plasson. Teatro de la Maestranza, Sevilla. Fecha: 11- XII Amores impuros ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE Por paradójico que parezca, hay óperas en las que cantar es imprescindible. Sucede en Romeo y Julieta donde no hay más trama que una situación y los personajes son siempre fieles a sí mismos. Odio en unos, amor en otros. En medio de todos ellos está la orquesta. Las actuales representaciones en La Maestranza cuentan con la presencia de la Sinfónica de la ciudad y, a su frente, el veterano Michel Plasson, al que hay que agradecerle la dulzura de su trabajo, lleno de bonhomía y tacto. Coloca a la orquesta en un sensato segundo plano y construye un discurso bien trabado. De manera que la ópera de Gounod acaba siendo más bonita que emocionante. Excelsa, incluso, llegado el arranque del segundo acto. Responsable de este retrato al pastel, Plasson fue lo mejor en la noche de estreno. Puestos a imaginar, con mayor tensión en el discurso quizá se habrían compensado ciertas anomalías vocales. A alguien como Richard Troxel le costó defender su lírica naturaleza. Tuvo un día desafortunado, rota la voz en el agudo y débilmente apoyada en el grave. El suicidio de Romeo se veía venir. Máxime teniendo en cuenta que su contraria, Julieta, Nathalie Manfrino llegó a cantar con buen gusto, apianar con calidad e, incluso, mejorar después de atacar con imprecisa afinación coloraturas y agudos. Cantó con poca sustancia. Sí mereció la pena escuchar a algún secundario, como José Julián Frontal. Además de su saludable sustancia vocal, resolvió la parte con profesional teatralidad. Mejor así. Porque el recurso de ponerle pluma a Mercucho, acosando a Romeo, poco añadió a la puesta en escena de Ivo Guerra. Esencial y bien apoyada en la iluminación, juega su mejor baza en el inicial entramado de andamiajes. Luego, el deseo de síntesis se relaja en la contención con la que se dibuja la celda de fray Lorenzo o la habitación de Julieta forrada de tules. Y eso que era el nido de amor.