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S 6 16 12 06 EL DIARIO DE JENNIFER ZAMBUDIO 16 S 6 LOS SÁBADOS DE E ROSA BELMONTE El poeta de los cerdos staba comprando un jamón en Bravo. No sabía si llevarme un 5 Jotas o un Joselito. De pronto, una voz masculina me dice por detrás: Joselito, no lo dudes. Es firme y fundente en boca, tiene una grasa depurada y la alternancia armónica de sabores dulces y salados es perfecta ¿Pero esto qué es, un personal shopper de ultramarinos? Miedo me daba mirar la voz en off. Me había quedado patidifusa. Si no hubiera sido porque me sonaba, me habría vuelto y le habría dado con un Joselito tal que si yo fuera el cuarto bateador y él la bola. Pero me contuve. Hombre, Luis, qué bien hablas, eres el poeta de los cerdos de pata negra le dije. En realidad estaba pensando que menudo pedante estaba hecho. No teníamos bastante con los entendidos en vino; ahora también nos dan la brasa con el jamón. El jamón es para comerlo y punto, no para glosarlo. Bueno, suelo ser el cerdo, así que supongo que ser el poeta de los cerdos es un ascenso en el escalafón social Luis Rubio es productor de televisión. Suyos son los realities más absurdos de los últimos años. Tengo que ir a verte al despacho, quiero que revises mi acuerdo prematrimonial me dijo frente a la mozzarella burrata uno de los responsable de que a la televisión se la apellide basura. Produjo un programa en el que una tiparraca buscaba un semental. Se llamaba Hazme un bombo Todo esto lo escribo para recordarlo en el futuro, porque si no dentro de unos años me parecerá mentira que hayan existido esas producciones. Aunque no sé si en 20 años el panorama será peor y en lugar de Hazme un bombo habrá uno que se llame Cárgate a tu madre y luego despedázala con un hacha Conocí a Luis cuando tuve que redactar los contratos de los concursantes candidatos a donar su esperma para la inseminación. Los tíos renunciaban a sus derechos de paternidad. Bueno, en realidad el único que renunciaba al final era el que la hembra elegía para ser cubierta. La supuesta gracia del show estaba, por un lado, en el proceso de selección que la chica llevaba a cabo con todos los chulopiscinas aquellos. Por otro, en la filmación de la carrera de los espermatozoides en busca del óvulo gracias a la tecnología alemana (el niño que nació debe de ser el que tiene la más antigua película de su vida) Pero la mayor gracia estaba en la presentadora, Marita Pleguezuelos, una rubia maciza, un pedazo de señora con un Mary Donaldson, durante un desfile. Qué lejos estaba de sus abogados cuerpo para el pecado, unos ademanes de sargento mayor y una lengua temible con la que dejaba en ridículo a todos los concursantes. Marita es la mujer de Luis Rubio. Se casó con ella durante la emisión de Hazme un bombo probablemente porque él también había hecho uno a la presentadora, aunque, eso sí, por el método tradicional. También redacté su contrato prematrimonial, bastante ventajoso para ella, aunque él es tan rico que tampoco es que se vaya a arruinar. Y ahora el señorito está empeñado en revisarlo, en firmar uno nuevo donde a la rubia no le toque la lotería si se separa, si acaso la pedrea. Hay que ver el daño que AP Hay que ver el daño que están haciendo la Casa Real Danesa y la claudicación de Mary Donaldson a los abogados matrimonialistas y a las mujeres están haciendo la Casa Real Danesa y la claudicación de Mary Donaldson a los abogados matrimonialistas y a las mujeres. ¿Y ella ha aceptado? le pregunto cuando viene a verme. Si no lo sabe todavía me responde el magnate de la televisión. ¿Y vas a decírselo ahora antes de Navidad en plan regalo? Qué detalle continúo. Bueno, pensaba que se lo dijeras tú, Jennifer, como mi abogada Sí, claro, mejor se lo encargas a la Reina Margarita, que es más alta. Si hay alguien a quien no quiero tener de enemiga es a tu mujer Además, me parece una guarrada lo que piensa hacer. En el fondo soy idiota, una abogada romántica. Creo, a ver cómo suena esto, que el amor es entrega, sin letra pequeña ni cláusulas. Entrega de todo lo tuyo, de tus casas, tus acciones y tu cordura. Claro, que otra cosa es el matrimonio. Un contrato. Y ahí entro yo. Fundamentalmente para poder comprarme jamones.