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8- 9 S 6 LOS SÁBADOS DE LUGAR DE LA VIDA Sol del invierno M Mónica FernándezAceytuno Nicolas Audbert, enólogo de la casa, piensa que Krug no es muy conocido en España porque se trata de un champán de alta costura y los españoles están más acostumbrados al prêt à porter cla (el cuvée tiene un 50 por ciento de la uva del año y el otro 50 de las botellas de hasta 15 añadas y pueden hacer hasta 1.000 combinaciones distintas) el Clos de Mesnil se elabora de una sola variedad, la Chardonnay, de una sola añada y de un solo viñedo. Está en Mesnil sur Oger y tiene 1,8 hectáreas bendecidas por un microclima perfecto. (alma mater de la Casa durante 40 años y un mezclador inigualable) decidió plantar las vides por etapas, a sabiendas de que un champán tiene más carácter cuando se elabora con uvas recolectadas de viñas de distintas edades. Lo dejó reposar ocho años y la primera cosecha se recogió en 1979. Cuando Henri Krug (gran catador) dio el primer sorbo creyó que se estaba bebiendo el néctar de los dioses, e incumpliendo las normas de la Casa decidió no hacer ningún tipo de mezcla y elaborarlo exclusivamente con las uvas de su espléndido viñedo. Así es como consiguió este champán único en el mundo. Llegó la hora de comercializarlo, y en una cata a ciegas, en Australia, uno de los especialistas dijo que no había probada nada igual en su vida, que no sabía lo FOTOS: KRUG Un viñedo del siglo XVII Data de 1697 y fue adquirido por los Krug en 1971. En un principio estaba a las afueras del pueblo, pero al crecer la población se quedó en el centro. Cuando lo compraron estaba descuidado, pero al ver su gran potencial decidieron restaurar lo que ellos llaman la gloria de la parcela jardín Lo más fácil hubiera sido replantar todo el viñedo, pero Henri Krug que era, pero que si tuviera que identificarlo diría que debe de ser algo realizado por los Krug A este vino decidieron llamarle Krug Clos de Mesnil, en honor a ese viñedo emblemático. Antes de salir al mercado a ese precio tan desorbitado está todo vendido. Un vino producto de un solo año y de un solo viñedo que desarrolla al máximo la pureza de Chardonnay con los aromas minerales del terreno y con ese ligero toque floral y a miel tan propio de la Casa. Para un enólogo trabajar aquí es más que un placer, porque es hacer uno de los vinos míticos del mundo señala Nicolás Audbert enólogo de la Casa, que piensa que el Krug no es muy conocido en España porque se trata de la alta costura del champán, y los españoles están más habituados al prêt à portèr ientras escribo, me da el sol en la cara. Veo el brillo de arco iris que hace el mechón de pelo limpio, recién lavado, secándose al sol delante de mis ojos. Me da el sol también en las manos, y da en el ricial de centeno y en las alas de los pájaros que han salido a volar como para secarse las plumas, y hasta hay alguno que siente calor y se da un baño en el charco que ha quedado en la carretera tras días y días de lluvia. Pero hoy hace sol, ese sol que es el más cálido del mundo tras los cristales, porque nada se quiere tanto como a este sol que sale entre las lluvias. Ni una nube, no hay ni una nube en el cielo, y brillan las hojas de los laureles tras haberse lavado durante semanas. Todo está lustroso, colorido, alegre, en esta suerte de vejez que es el invierno. La hierba brilla con el agua pero es por la helada que se deshace y solo en las umbrías se mantiene el blancor de la brizna escarchada y quieta. No se mueve ni una hoja, es como si el bosque se hubiera quedado mudo, sin palabras, después de tanto golpe de gotas de lluvia, y está disfrutando el arbolado como yo de este día en la quietud de todo lo que en mí brilla con este sol: el pelo, las manos, los ojos, de ver que al fin no llueve, que hay sol tras las nubes. Los caballos duermen de pie, y los perros se tumban en las solanas. Por el aire puro y limpio, llega el olor acre de las nabizas. Pasean los paisanos y se les nota otra expresión en la cara. Por el valle, cerca del río, se ve una niebla que no es más que una nubecilla blanca que apresan las laderas para no quitarnos esta alegría del sol del invierno, de este cielo azul, tranquilo y despejado. Poco antes de ponerse, se proyecta con su luz rojiza el sol sobre el monte de enfrente, donde se diría que los eucaliptos, siempre verdes, sueñan que son robles y, justo por debajo de estos árboles irreales y rojizos, se aprecia la sombra oscura y exacta del relieve del bosque que tengo aquí atrás, por donde se esconde y se marcha, sin que sepamos cuándo volverá, el sol del invierno.