Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
40 INTERNACIONAL SÁBADO 16 s 12 s 2006 ABC El joven alemán Kedji S. con el rostro velado, junto a sus abogados, ayer en Wuppertal AFP jo el techo de sus padres, en la región de Westfalia. Un amigo, al que no deseo traicionar le ayudaba a falsificar las prescripciones. El caso plantea numerosas cuestiones de derecho al tribunal, dijo ayer en la apertura de la causa en Wuppertal su presidente, el juez Ralf von Bargen. Diez años le puede caer por todo ello. El joven hizo ayer confesión completa por medio de su abogado, Ulrich Bauschulte, quien a su vez dijo estar preparado para llevar el caso al Constitucional. Dice haber vivido esos años enganchado a internet. Buda se hacía llamar en el foro, otras veces Paul aislado como en una sociedad secreta en la que había sido iniciado por un amiga con aficiones suicidas, y aduce que el panorama hallado le resultó fascinante El vendedor de suicidios Un joven alemán de 23 años hacía negocio vendiendo pastillas letales en un foro para suicidas en internet. Ayer se disculpó ante el juez con las familias de sus- -hasta ahora comprobadas- -seis víctimas mortales y siete gravemente enfermas y hospitalizadas POR RAMIRO VILLAPADIERNA CORRESPONSAL BERLIN. Era efectivamente una ayuda al suicida, pero no en el sentido comunmente admitido: el joven Kejdi S. no tendía la mano al que estaba sentado al borde de un foro de internet con los pies colgando sino que los empujaba al precipicio con un combinado mortal. Ayer se disculpó ante el juez con las familias de sus- -hasta ahora probadas- -seis víctimas mortales y siete gravemente enfermas, pero insistió en que sólo quería ayudar Cada ayuda le devengaba una plusvalía de en torno a 2.000 euros. El más joven de los dieciocho desesperados, a los que Kejdi vendió hasta 1.600 píldoras y la receta del mortal cóctel para ayudarles a superar el mal momento, tenía 19 años, cuatro menos que él mismo. El combinado incluía antiepilépticos y tranquilizantes antipsicóticos en una proporción nada saludable y que el joven relaciones públicas obtenía falsificando recetas. Era un negocio limitado, con nula fidelidad y difícil reclamación. La ley alemana lo procesa por vulneración de la ley de medicamentos y vender medicinas sin receta pues, con ir contra la tradicional obligación de prestación de socorro, la asistencia al suicida como tal no está penada en Alemania. Los abogados del muchacho de 23 años, que se dijo ayer muy arrepentido por lo hecho pero no culpable aducen incluso que con el recurso a la ley de medicamentos no habría lugar ni siquiera al caso judicial. Para otros el planteamiento es simple: Kejdi S. hacía dinero con la muerte de sus semejantes. Quien extrañamente se gana además la vida como relaciones públicas y organizador de fiestas, obtenía por cada cóctel preparado entre 1.500 y 2.000 euros. Según el fiscal Alfons Grevener, todo el negociado, búsqueda de clientes en internet, suplantación de su personalidad haciéndose pasar él mismo por un estudiante de Medicina con ansias suicidas, así como falsificación de recetas y contaduría lo llevaba desde su ordenador, en su habitación, ba- Clientes muy agradecidos Algunos de sus siete clientes gravemente enfermos están en coma, otro se lo tomó todo siguiendo los pasos y fue hallado luego en un hotel aún vivo pero ya en estado de semiputrefacción por las piernas. Éste, procedente de Eberswalde, en Brandenburgo, ha tenido que ser sometido luego a numerosas operaciones, pero este caso puso a los agentes sobre la pista: el suicida fallido, de 21 años, reclamó a su proveedor por el sufrimiento al que había quedado abocado y éste, sin más contemplaciones, le envió un nuevo cóctel reforzado. Ayer apostilló en su defensa que sus clientes siempre le habían estado muy agradecidos Sospechando, no obstante, que algo en todo ello podía ser penalizable, se hacía pagar a través de cuentas encubiertas.