Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
24 ESPAÑA En la muerte de Loyola de Palacio SÁBADO 16 s 12 s 2006 ABC Loyola de Palacio, despedida en el País Vasco con el respeto de sus adversarios políticos El Gobierno concedió a la ex ministra y ex vicepresidenta de la CE la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil M. LUISA G. FRANCO. MARQUINA. Al funeral por la ex ministra de Agricultura con el Gobierno de José María Aznar y ex vicepresidenta de la Comisión Europea Loyola de Palacio, celebrado ayer en la iglesia de Berriatua, en Vizcaya, asistió la plana mayor del PP encabezada por Mariano Rajoy, el ex presidente Aznar y su esposa, Ana Botella, y representantes del Gobierno, del PNV del PSE y de Eusko Alkar, tasuna. En un entorno habitualmente hostil para el PP, los habitantes de la pequeña localidad de Berriatua, en el término municipal de Marquina, mostraron respeto a De Palacio, adversaria política, que no enemiga, del nacionalismo vasco en una tierra donde ambos términos se confunden habitualmente. En honor a Loyola, el PNV hizo ayer esa distinción, al acudir Josu Jon Imaz al funeral, junto con Josu Erkoreka e Iñaki Anasagasti. Mucho más discreta fue la representación del PSE- -no hace mucho aliado político del PP en el País Vasco- compuesta por el diputado Manuel Huertas y la europarlamentaria crítica con la actual estrategia de su partido Rosa Díez. También acudió la diputada de Eusko Alkartasuna Begoña Lasagabaster. El Gobierno, que ayer aprobó un real decreto por el que concedía a Loyola de Palacio la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil, a título póstumo, estuvo representado por su delegado en el País Vasco, Paulino Luesma. Esta distinción fue instituida por Alfonso XIII en 1926 y premia las virtudes cívicas de los funcionarios del Estado, así como los servicios extraordinarios de los ciudadanos españoles y extranjeros en el bien de la Nación El féretro, cubierto por las banderas de la UE, España y el País Vasco, es portado en hombros, entre otros, por Federico Trillo FOTOS: FERNANDO GOMEZ ponso por su alma en la pequeña capilla colindante con la casa familiar. El ayer y el hoy del PP, juntos, rindieron homenaje a Loyola de Palacio. El ex presidente Aznar, acompañado de su esposa, visiblemente afectada, apoyó a la familia de Palacio junto con Rajoy, Javier Arenas, Ángel Acebes, Eduardo Zaplana, Esperanza Aguirre, Isabel Tocino, Jaime Mayor Oreja, José María Michavilla, Luisa Fernanda Rudi y Federico Trillo, una de las personas que llevó a hombros el féretro. También estuvieron el europarlamentario del PP Carlos Iturgaiz, a quien Loyola estuvo a punto de suceder al frente de los populares vascos, y la presidenta del partido en la Comunidad autónoma, María San Gil, quien ganó aquella batalla sin que hubiera enfrentamiento entre ambas políticas. Los populares vascos apoyaron la opción que reforzaba su autonomía respecto a Madrid, a pesar de la cercanía y el respeto que ha existido siempre entre el PP vasco, cuyos dirigentes acudieron ayer en pleno a Marquina, y Loyola de Palacio. El funeral se celebró a dos kilómetros de distancia de la casa familiar, en la Iglesia de Berriatua, donde Loyola era muy conocida, ya que, cuando pasaba temporadas de descanso en el País Vasco iba allí a hacer compras o asistía a misa. El párroco, cuya inmensa mayoría de feligreses son nacionalistas, tuvo palabras de aprecio para la ex ministra del PP, de la que resaltó su valentía, la firmeza de sus ideas y su amabilidad y naturalidad con la gente del pueblo. El oficio religioso estuvo salpicado de nu- Luis de Grandes Diputado del Grupo Popular Europeo Vasca y española Loyola fue enterrada en la localidad guipuzcoana de Deva, muy cerca de la casa familiar de Berriatua, en Vizcaya. De ese terreno fronterizo entre dos provincias vascas desciende la familia de la ex ministra a quien gustaba decir que se sentía vasca y española. El féretro salió de la casa familiar con tres banderas, la de Europa, la de España y la del País Vasco. El PP en pleno estaba allí, a las doce y media del mediodía, para rezar con los hermanos de Loyola, entre ellos la ex ministra Ana, un res- COMPAÑERA LEAL N os sorprendió la noticia de su fallecimiento cuando sus compañeros en el Parlamento Europeo nos disponíamos a celebrar la cena navideña de Estrasburgo, la que tantas veces contó con su presen- cia. Escribo ahora con la misma tristeza que nos invadió a todos y que nos dejó mudos. Allí terminaba la esperanza de que el coraje y la fuerza de Loyola pudieran también con la muerte. Compartí con ella muchas cosas: muchas, buenas; otras, peores, como algunas imputaciones con las que cobardemente pretendieron doblegar su espíritu indomable. Pudo siempre con todo, sin complejos, desde profundas convicciones, con la valentía que tienen nuestros vascos. Se nos ha ido en plena madurez, con toda la potencialidad que aún mantenía y sin poder cumplir muchos sueños que tenía por delante. Su trabajo como diputada fue eficaz y contun- dente. A ella se deben muchos éxitos del Grupo Popular en el Congreso, cuando lo que tocaba era oponerse y merecer llegar al Gobierno. Se ganó, con todos los méritos, la Cartera de Agricultura, y defendió hasta la extenuación el olivar español. Espero que los agricultores tengan un sitio en su memoria para tanto esfuerzo y tanto trabajo bien hecho. Llegó a Europa, barriendo en mi tierra, en Castilla- La Mancha, en donde habían querido descalificarla con falsedades. Después, vicepresidenta de la Comisión Europea y comisaria de Transportes y Energía. Cuántas cosas bien hechas en esos cinco años: el Libro Blanco del Transporte; la imposición del doble casco para los petroleros; su apuesta energética, valiente y sin complejos. La peripecia política me ha situado en el Parlamento Europeo al frente de la responsabilidad de los asuntos de transportes en nuestro grupo. Al llegar, consulté con Loyola; me facilitó un magnífico equipo, y pude seguir de cerca el rastro que había dejado su prestigio. Cuando en el Parlamento Europeo, puestos de pie guardamos un minuto de silencio, todos recordamos a la política eficaz y brillante; algunos sentimos un profundo dolor por la compañera leal, por la amiga entrañable, que queda como ejemplo en nuestra memoria y en nuestro corazón.