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46 INTERNACIONAL MIÉRCOLES 13 s 12 s 2006 ABC La amenaza terrorista sólo ha disminuido en la mente de los ciudadanos Donald Rumsfeld s Secretario de Defensa saliente de la Administración Bush El próximo día 18 Donald Rumsfeld abandonará su cargo de secretario de Defensa de Estados Unidos. Después de haber analizado la guerra de Irak, Rumsfeld reflexiona sobre los principales desafíos para la seguridad mundial tras el 11- S POR CAL THOMAS haciendo. Ahora estamos conversando con los países europeos sobre la forma de añadir radares e interceptores y diversos detectores que puedan mejorar la capacidad para interceptar un misil díscolo iraní. ¿En qué punto estamos con la defensa contra misiles? Tenemos países rebeldes como Corea del Norte y ahora Irán que amenazan con posibles proyectiles nucleares. -Siempre he creído que la forma de conseguir algo no es sentarse a intentar desarrollarlo por completo antes de ponerlo en marcha, sino probarlo, usarlo, jugar con ello, hacer que evolucione, y eso es lo que hemos estado haciendo. Hemos avanzado hasta el punto de que tenemos capacidad de misiles inicial para derribar el misil lanzado por un Estado rebelde. Aún no hemos tenido que hacerlo, pero estamos preparados. Cada mes que pasa, se suman elementos adicionales a esa capacidad; un nuevo radar aquí, un detector allá, un interceptor adicional, o un barco que puede ayudar a triangular y añadir información, o el desarrollo de la información sobre las capacidades de otros... Todo eso equivale a un conjunto creciente de conocimientos que nos hace confiar cada vez más en que seguiremos ampliando esta capacidad a un ritmo que consideramos acorde con la amenaza. Nos gustaría que las cosas fueran más rápidas, supongo, pero los coreanos pusieron en funcionamiento el (misil) Taepodong- 2 y no funcionó. Lo que tenemos que hacer es reconocer que hay una amenaza para nuestro país, que irá en aumento, y que tenemos que invertir y ampliar esta capacidad, como hemos estado ¿Qué le enorgullece más del cargo que recientemente ha ocupado en Washington, y qué le ha decepcionado más? -Hemos alcanzado una serie de logros e iniciativas. Nos enfrentamos a nuevos riesgos, como los ciberataques, dado nuestro alto grado de vulnerabilidad. Debido a nuestro modo de vida libre, nos enfrentamos a peligros químicos y biológicos, así como a dispositivos nucleares. Bush y Rumsfeld en la Casa Blanca tras el anuncio del cambio de secretario de Defensa ma de su éxito, debido a que no se ha producido otro atentado dentro de Estados Unidos. Recuerdo que poco después del 11- S me reuní con el sultán de Omán en una tienda. Debía de hacer 60 grados. Toda la ropa que llevábamos encima estaba empapada en sudor. Dijo que eso tan terrible que había pasado podía ser en el fondo una bendición oculta. Puede ser lo que despierte al mundo a los peligros que estos extremistas plantean, antes de que tengan en sus manos armas químicas, biológicas o nucleares con las que puedan multiplicar las muertes provocadas el 11 de septiembre. Era un hombre sentado en una tienda en el desierto con esa perspectiva y ese conocimiento del peligro que representan los extremistas. Así fue durante un breve periodo de tiempo, pero luego la amenaza disminuyó en la mente de los ciudadanos, mientras que en la realidad no sólo no ha disminuido, sino que ha aumentado debido a los avances tecnológi- AP ¿Su mayor decepción? -La incapacidad para ayudar a las personas libres del mundo a entender este nuevo siglo y que la lucha en la que estamos inmersos es real, es terriblemente peligrosa para su seguridad, y lamentablemente no va a ser fácil verla como una batalla campal. ¿Hará falta otro 11- S para despertar a la gente? -Hay quienes han escrito que esta Administración es vícti- cos. Pensemos en el simulacro de viruela efectuado en el Johns Hopkins, denominado Invierno Oscuro. Se puso en tres aeropuertos de Estados Unidos. En varios meses, o un año, murieron entre 800.000 y 1 millón de personas, de una enfermedad contra la que ya no se vacuna a nadie. Por lo tanto hay cosas que se pueden hacer. Mucha gente tiene tendencia a menospreciar esto, y a burlarse de ello. 2006 Tribune Media Services, Inc. HORIZONTE Ramón Pérez- Maura LA MADRE DE Mi mayor decepción ha sido la incapacidad para ayudar a la gente del mundo libre a entender que la lucha en que estamos inmersos es real TODOS LOS NEOCON T iene delito que en algunas de las necrologías que se han publicado de Jeane Kirkpatrick, fallecida el pasado jueves, se intente confrontar su vi- sión política con la que ha caracterizado la mayor parte de esta Administración Bush. Pues contra lo sostenido por los habituales denostadores, conviene dejar claro que Kirkpatrick fue la madre del neoconservatismo y destacó tanto como una intelectual y como una figura pública. Como otros en su línea de pensamiento vino de la izquierda más radical, en cuyas filas se convirtió en la década de 1950 y 60 en editora de un estudio global sobre tácticas comunistas. Ejerció después múltiples cargos de responsabilidad en el Partido Demócrata hasta que la Administración Carter le quitó la venda de los ojos y en 1978 se integró en el American Enterprise Institute- -donde ha permanecido hasta su muerte- -y donde se gestó el pensamiento neoconservador en política exterior. La izquierda nunca aceptó que la primera militante del Partido Demócrata en sentarse en el Gobierno norteamericano fuera ella: Ronald Reagan la nombró en 1981 embajadora en la ONU con rango ministerial. Permaneció en el cargo toda la primera Administración Reagan y sólo renunció a su militancia demócrata cuando abandonó el cargo. Por una de esas ironía de la vida, su fallecimiento acaeció en la misma semana en que uno de sus alumnos preferidos, John Bolton, tenía que renunciar al car- go de embajador en la ONU en la que actuó defendiendo los intereses de su país contra las nuevas amenazas internacionales con la misma firmeza con que ella acorralaba a los embajadores soviéticos de su tiempo. En 1984 se unió al Partido Republicano y en la convención que designó a Reagan candidato a la reelección hizo célebre la designación demócratas de San Francisco para describir la inclinación a la izquierda del Partido Demócrata. Baste decir que tanto la mayoría de los demócratas como casi todos los habitantes de San Francisco se sintieron ofendidos por la descripción. Todo un éxito.