Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC MARTES 12- -12- -2006 Chile afronta su futuro sin Pinochet INTERNACIONAL 35 estaba dedicada a la política y la cultura latinoamericana y escribía en ella una nutrida representación de intelectuales españoles y latinoamericanos, desde luego todos los de Cuadernos de Ruedo Ibérico, la revista más significativa de cuantas se publicaron en el exilio contra la dictadura franquista, y donde tuvieron un papel primordial José Martínez y Jorge Semprún, y, por supuesto, escritores que, como Juan Goytisolo, Teodoro Petkoff, Adriano González León y Mario Vargas Llosa, dirigieron los escasos números con que logró salir. Y aquí llegó el escándalo, porque fue en esos momentos cuando comienza a cuestionarse la bondad de aquel régimen. No era ya la unanimidad que todos aplaudían, por ejemplo, cuando Octavio Paz dimitió de su cargo de embajador y se produce la condena de un Carlos Fuentes ante la matanza de Tatlelolco. No. La cosa ya no estaba tan clara, porque hay un dato que se produce unos pocos años antes y tiene una importancia decisiva y que, curiosamente, se da por las mismas fechas que la matanza de la Plaza de las Tres Culturas y que el mayo francés: la primavera de Praga donde, de nuevo, testimonios como el de Miguel Delibes caen en saco roto porque se ofrecen desde una perspectiva liberal, y esta palabra en aquellos años era tabú, o sinónimo de compañero de viaje del imperialismo. Los sucesos de Praga dividieron a la intelectualidad europea del mismo modo y talante que la dictadura cubana a los latinoamericanos, y no sería descabellado afirmar, con la perspectiva que dan los años transcurridos, que aquellos dos momentos, en dos continentes distintos, eran sencillamente parte del mismo aire que comenzaba a respirarse, el de la decadencia de los totalitarismos de izquierda en la estimación del mundo de la cultura. Y en esto llegó Pinochet. Fue aquel 11 de septiembre del 73, en un momento en que la Administración Nixon veía con buenos ojos el rearme de las dictaduras de derechas en el continente latinoamericano donde, creían, estaban perdiendo influencia en favor de los soviéticos. La imagen de la entrada de los militares en Isla Negra y su consecuente humillación simbólica se cobró una víctima notable, la del Premio Nobel Pablo Neruda, que no pudo soportar aquella situación. Estaba ya enfermo, no sólo en lo personal sino como el país que hasta entonces se había visto libre de las lacras de los pronunciamientos militares que fueron el pan nuestro de cada día en la conformación política de las naciones de Latinoamérica. La condena al régimen de La amistad de García Márquez y Castro es ya un caso que incomoda a buena parte de la intelectualidad iberoamericana Pinochet fue unánime e intensa en la intelectualidad aunque no en el juego de las superpotencias. Años más tarde, Margaret Thatcher recordaría los favores que el general realizó a Gran Bretaña en la guerra de las Malvinas, pero la condena no revitalizó curiosamente al régimen cubano. Y ello fue así porque se estaba produciendo un cambio de generación, ya en los ochenta, que comenzaba a ver el mal en lo totalitario, fuera del signo que fuera. Esta deriva hacia un concepto más abstracto comenzaba a ajustarse a la idea que había movido a Hanna Arendt a colocar la idea de libertad, propia, decía ella, de la revolución americana, por encima incluso de la de igualdad, propia de la francesa. Esta idea se expandió a la vez que el deterioro de los países del Este se hacía cada vez más palpable, se asistía a un empuje enorme de la economía capitalista y la revisión de ciertos valores en lo cultural que se englobó, de manera harto delicuescente, en lo ques e netendía por postmodernismo Mientras, entre los intelectuales latinoamericanos la quiebra, ya decidida en los primeros años setenta, se decantaba con el devenir de los tiempos: Mario Vargas Llosa, por ejemplo, llegó a presentarse como candidato a las lecciones peruanas con un programa liberal que el país no refrendó, y García Márquez, su amigo de los años de la Barcelona y el París de los últimos sesenta, se paseaba como íntimo amigo de Fidel Castro y no se perdía ningún evento importante que AP La condena a las dictaduras totalitarias escindió a los intelectuales como reflejo de la Guerra Fría Carlos Fuentes: El diablo va a tener un mal día ROMA SANTIAGO DE CHILE. El escritor mexicano Carlos Fuentes afirmó ayer en Roma que el diablo va a tener un mal día, porque le van a quitar la presidencia del infierno en referencia a la muerte del dictador Augusto Pinochet. Fuentes hizo esa escueta declaración después de ofrecer una lección magistral en el Instituto Italiano Latino Americano, en un acto al que asistían, entre otros, el presidente de la República italiana, Giorgio Napolitano, y la secretaria de Estado española para Iberoamérica, Trinidad Jiménez. Por su parte, el escritor chileno Jorge Edwards dijo que espera que después de la muerte del ex dictador se forje en Chile un mayor consenso nacional y el país se transforme en una democracia más moderna El escritor, Premio Cervantes en 1999, también señaló que pese a que Pinochet falleció sin ser condenado por las violaciones de los derechos humanos, la Justicia llegó, con respecto a su caso, mucho más lejos de lo que lo hizo con otros dictadores, y destacó que su muerte volvió a polarizar a los chilenos. Fue como si hubiera vuelto la polarización que hubo en Chile entre uno y otro bando. Pero creo que esos dos extremos, los que celebraban y los que lloraban, eran bastantes minoritarios indicó. Me parece que la opinión central del país es más tranquila y que en el fondo es mucha la gente que se alegra de forma tranquila porque piensa que vamos a dejar atrás todo ese período ¡por fin! y que vamos a poder transformarnos en una democracia más moderna acaeciese en la isla. Pongamos por caso la visita que el Papa Juan Pablo II realizó a Cuba, donde el escritor colombiano estaba presente en la recepción que ofreció el gobierno. Quizá nada mejor defina esta situación un tanto artificial pero muy propia de aquellos años, que tanto uno como otro hayan escrito novelas que tienen a dictadores latinoamericanos como protagonistas. Y no se trata de casos como el de El señor presidente, de Miguel Ángel Asturias o Yo, el Supremo, de Augusto Roa Bastos, o cualquiera de las muchas novelas sobre dictadores que se han escrito en Latinoamérica desde los años veinte. No. Tanto en el caso de El Otoño del Patriarca como en el de La Fiesta del Chivo asistimos a tratamientos muy distintos del ejercicio despótico del poder. Donde García Márquez ve atractivo el gesto del caudillo, en cuya tradición quiere englobar a Castro, Vargas Llosa ve sólo el despotismo de un carácter brutal. De ahí la indagación en la personalidad de Trujillo, bastante ardua y que, por ahora, se constituye en la última gran novela que se ha escrito sobre los dictadores latinoamericanos. Con la muerte de Pinochet se está cerrando algo más que un capítulo en la historia de Chile. Quizá cuando muera Castro se cierre algo más que un capítulo en la historia de Cuba.