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34 INTERNACIONAL Chile afronta su futuro con Pinochet MARTES 12 s 12 s 2006 ABC El dictador y los duelos de plumas POR JUAN ÁNGEL JURISTO La unanimidad en la condena de lo que representó la dictadura de Pinochet, que estos días se produce tras la muerte del dictador (no hay intelectual latinoamericano que hoy defienda, con tibieza incluso, la conveniencia de aquel golpe cuando, también, es unánime el rechazo ante la dictadura de Castro aunque con más matices) nos obliga a pensar que esta postura, que alcanza por igual a cualquier tipo de totalitarismo sea éste del tipo que sea, se ha conseguido tras más de una treintena de años en que las cosas no fueron tan claras. Y que esas diferencias, jalonadas de exclusiones a veces miserables, no fueron más que el reflejo del juego de la Guerra Fría que con especial virulencia se reflejaba en el continente americano. Posturas como las de Hanna Arendt, que incluyó en su libro Sobre el totalitarismo un lúcido análisis de las dictaduras nazi y soviética, se tomaron en aquellos años como un producto residual del pensamiento liberal. No ayudaba mucho que la autora viviese en los Estados Unidos, y demostraba que la independencia siempre se ejerce con costes más o menos altos. Fue por aquellos años cuando Guillermo Cabrera Infante intentaba establecerse en Europa en una suerte de exilio dorado del régimen, como le ocurrió a Alejo Carpentier en su querida París, y buscaba lugar de arraigo en Madrid o Barcelona, aunque se decidió por Londres desde el año 66, y comenzó a criticar la dictadura castrista. Muchos, entonces, comenzaron a difundir el infundio de que el escritor nunca perdonó a Castro que su madre muriera por falta de medicinas a raíz del bloqueo norteamericano, pero lo cierto es que pocas veces un intelectual latinoamericano se enfrentó en tiempos nada fáciles a la idea dominante entre los sectores culturales latinoamericanos y europeos, y con tanta rotundidad sobre las carencias brutales de esa dictadura. Y ello cuando aún no había comenzado lo que luego se llamó el caso Padilla auténtico tour de force que produjo un enfrentamiento brutal en el mundillo cultural latinomeri- Mario Vargas Llosa, uno de los críticos más lúcidos de cualquier totalitarismo cano que nunca llegó a cerrarse y cuyas consecuencias han llegado hasta la caída del muro de Berlín, cuando la izquierda se quedó sin referentes reales y, lo que es peor, sin referentes morales y culturales con los que enfrentarse al pensamiento liberal. Aquel 1968, el año de las revueltas del mayo francés, era cuando las tesis ortodoxas marxistas sufrían un varapalo desde posturas mucho más enraizadas en el anarquismo y que dieron lugar a la radicalización maoísta de intelectuales europeos y americanos. Fueron los años en que disentir, o siquiera admitir ciertas carencias del régimen castrista, se castigaba con el ostracismo. Fue entonces cuando se pro- GONZALO CRUZ duce el cambio de actitud de muchos escritores ante aquel estado de cosas, caso de Mario Vargas Llosa, de Juan Goysisolo, por ejemplo, que desde la tribuna de Libre, y con el caso Padilla calentito, comienzan a cuestionar ese muro indiviso. Libre, en sus cuatro números de existencia, se editaba en Francia, tuvo una importancia decisiva en ese cambio. La revista