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ABC MARTES 12 s 12 s 2006 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA LECCIONES CHILENAS UANDO un dictador muere tranquilamente en su cama, sin responder de sus crímenes y fechorías, siempre se debe a un fracaso de la justicia. La crueldad jactanciosa de Pinochet, que blasonaba con cínico orgullo de la atroz limpieza que ensangrentó su régimen de tortura y terror, merecía como mínimo una reparación moral siquiera en forma de juicio simbólico, del que logró escapar gracias primero al pacto de inmunidad con que accedió a abandonar el poder, y luego a las tretas de una tropa de abogados pagados con el dinero corrupto IGNACIO que amasó durante su manCAMACHO dato. Por alguna piadosa razón que dice mucho del sentido de la honestidad de los chilenos y de su preclara tradición legalista, el viejo tirano eludió también un lógico impulso de venganza ciudadana que nadie bien nacido habría podido condenar en conciencia, como el que se llevó por delante a Somoza de un disparo de bazooka en una calle de Asunción, o como el que ajustó en un semáforo de Buenos Aires las cuentas que la democracia no había podido exigir al siniestro capitán Astiz, al que una de sus víctimas dejó baldado de una severa paliza. Magro consuelo es el juicio de la Eternidad para quien envió de forma prematura a tanta gente inocente ante el Fiscal Supremo. Y la mayor ironía es que haya muerto de infarto; un tipo que jamás mostró señales de poseer un corazón humano. Dicho esto, el juicio histórico objetivo obliga a señalar que la locura pinochetista jamás habría podido producirse sin el desvarío sectario deldesdichado Allende, alque la izquierda continúa presentando como un modélico gobernante democrático. También es necesario admitir que el déspota contó siempre con un notable apoyo popular surgido del rechazo a aquella errática experiencia revolucionaria. Y que su régimen autoritario y cruel estableció paradójicamente las bases de una pujanza económica que ha permitido a Chile efectuar una transición sin traumas que lo ha convertido en una democracia próspera, estable y de envidiable serenidad política y social. Pero la mayor lección de toda la reciente trayectoria colectiva chilena se lee sin duda en la ejemplar sensatez de su dirigencia pública, capaz de salir delas ruinas morales de la tiranía manteniendo una bitácora de concordia que ha conducido al país a un futuro de reconciliación y esperanza. El manual de la transición española fue reeditado en la nación andina con un éxito manifiesto, pese a que las heridas eran allí mucho más recientes y dolorosas. La cordura con que Frei, Aylwin, Lagos y Bachelet han pilotado la andadura de su pueblo representa un dechado de prudencia y pragmatismo que no sólo marca un hito en la convulsa América Latina, sino que constituye un espejo de virtudes políticas en el que aún podría mirarse cierta izquierda española repentina e inexplicablemente aficionada al revisionismo. La presidenta Bachelet no tuvo un abuelo fusilado: fue ella misma víctima, como su familia, de la represión pinochetiana. Su generosa renuncia al rencor sin merma de dignidad simboliza el esfuerzo de responsabilidad que enaltece a un país capaz de despertarse de una pesadilla sin más legañas que las de su maltratada memoria. C LA POLÍTICA ANTIARRUGAS L A política de nuestros días consiste en quitarle las patas de gallo a la realidad, como con una inyección de bótox se quita uno las arrugas. En otros tiempos a eso se le llamaba esconder los conflictos debajo de la alfombra. El éxito del bótox confiere la misma legitimidad transitoria a la política del lifting que desatiende los problemas de columna vertebral. Se lo ha dicho el sabio Fernando Enrique Cardoso, ex presidente brasileño, al nuevo presidente mexicano, Felipe Calderón, refiriéndose a las divisiones aparentemente inconciliables que ahora mismo se viven en México: Pero, ¿dónde no las hay? He visto desgarramientos graves en Brasil, en Chile, en la Argentina, en Alemania, en casi toda nación que está creciendo. Se nos elige para que reparemos estas fracturas y las superemos. La tarea de los estadistas es reunificar y reconciliar a los países, aceptar las diferencias, buscar los puntos de consenso, proteger las instituciones En España no hay desgarramientos de gravedad, pero sí indicios de una turbación colectiva que viene acentuada por la propuesta gubernamental de VALENTÍ un proceso de paz en el País Vasco. Es PUIG cierto que al líder gobernante le corresponde a veces avanzar hasta posiciones que puedan estar más allá de los antiguos consensos y de la opinión pública desconcertada, pero ese adelantarse requiere de un arraigo previo, sólido, sedimentado. Las características de la llegada de Zapatero al poder no indicaban un mandato electoral claro. Al contrario, llegó a los despachos de la Moncloa surfeando en la cresta de una ola de apoyos parlamentarios que eran de naturaleza contradictoria y muy dispar. Romper el Pacto Antiterrorista, ¿era una manera de aislar al PP, un uso masivo de la toxina bótox o la visión de un político que tuvo conocimiento de otra vía para que ETA dejase las armas? Es posible que, de quedar en nada ese proceso de paz, amplios sectores de la opinión pública den como buenos el tiempo y la ambigüedad utilizados, sin echarle culpas ni al PSOE ni al PP. Lo que no sabemos es si entonces sería factible reconstruir los consensos centrales que provienen de la transición, porque Zapatero ha ido muy lejos, ya sea en pos de una misión superior a la política del día a día, ya sea para perpetuar un tratamiento antiarrugas que está al margen de los problemas de columna vertebral, si es que no los agrava. Ese tratamiento antiarrugas también es muy propio de la Unión Europea. Esta semana, la agenda de la tradicional cumbre de diciembre es muy heterogénea, con los pros y contras del ingreso de Turquía como plato fuerte. Otros puntos en el orden del día son la ampliación en términos genéricos o, por ejemplo, las tarifas de las llamadas por teléfono móvil desde el extranjero. Ese es un asunto que afecta a muchos ciudadanos y que subraya el carácter práctico de algunas actuaciones de la Unión Europea. Sin embargo, no están sobre la mesa las grandes reformas económicas, ni de los mercados laborales, y es posible que lo que significan las conclusiones del Iraq Study Group ocupen tan sólo tangencialmente los afanes de los líderes europeos. Eso es como querer aplicarle el tratamiento antiarrugas a la epidermis abrupta de un paquidermo. Es más o menos evidente que los países miembros de la OTAN que están participando con tropas en Afganistán preferirían irse hoy mismo y que, por supuesto, no están por la labor de incrementar su presencia militar para la pacificación de un país que es crucial para la estabilidad general. Algo semejante sucede en el Líbano, donde las circunstancias han vuelto a cambiar desde que se instrumentó la fuerza de interposición entre la Hizbollá y la frontera con Israel. El asesinato como razón de ser de la política en Beirut truncó una vez más la paz ficticia de un país semi- real. De nuevo están Siria e Irán al acecho. La paz es una entelequia, como en tantas ocasiones. No hay inyección de bótox que valga cuando los lobos rondan los rebaños que acuden a beber a la charca. Sí, la política antiarrugas se está universalizando, incluso a sabiendas de que al final será considerablemente más caro atajar los males vertebrales. vpuig abc. es