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56 TRIBUNA LUNES 11 s 12 s 2006 ABC Alberto Terol Pte. del Comité de Educación del Círculo de Empresarios CLAVES PARA UNA REFORMA EDUCATIVA: CONTROL, AUTONOMIA Y TRANSPARENCIA l Círculo de Empresarios ha prestado siempre una atención especial a todas aquellas cuestiones que puedan contribuir, no sólo al desarrollo económico en cuanto a tal, sino a la mejora de la sociedad española en su conjunto. Con el reciente documento Hacia un nuevo sistema educativo. Bases para la mejora de la enseñanza obligatoria preocupaciones económicas y sociales se dan la mano, pues la mejora de la educación no se traducirá solamente en una sociedad mejor preparada para el futuro en términos generales, sino también en una sociedad más capacitada en términos económicos para hacer frente a los desafíos del futuro. Como ya ha puesto de manifiesto la Comisión Europea, hay tres elementos de naturaleza horizontal que mejorarían el sistema educativo y que nosotros destacamos como ejes de cualquier reforma. Por un lado, los sistemas externos de control de la evolución de los alumnos; por otro, el otorgamiento de un mayor margen de autonomía para los centros educativos y, finalmente, el incremento de la información y responsabilidad de las instituciones que participan en el sistema. Sería conveniente dotar a los centros educativos de una mayor autonomía en lo que se refiere a los contenidos curriculares, a los procedimientos de enseñanza y aprendizaje, así como a su propia organización E tarse, en todo caso, que el incremento de la autonomía de los centros no es una cuestión meramente legal, sino que requiere un autentico cambio cultural. Por ejemplo, esta autonomía les permitiría crear grupos de apoyo para alumnos desaventajados, adaptándose así a las características específicas de su alumnado. Esta posibilidad, sin embargo, no está hoy prohibida por el marco regulatorio del sector, pese a lo cual los centros, probablemente por razones culturales y de otra naturaleza, no la han desarrollado. La mejora en el funcionamiento de la educación requiere, como en todo, elevar las dosis de información y transparencia sobre los resultados del sector, tercer elemento clave, en nuestra opinión, de la reforma. Disponer de mayor información sobre la evolución y resultados de los centros educativos incrementará la responsabilidad de sus gestores y docentes y la capacidad de exigencia de padres, alumnos y de la sociedad en su conjunto. Encuantoalcontrol, lamejo- ra de la eficiencia del sistema requiere, en primer lugar, y como parece obvio, conocer sus resultados. Por ello es muy importante establecer instrumentos de control de los resultados de los alumnos. Estos instrumentos deberían tener determinadas características. Para empezar tendrían que ser exámenes comunes a amplios grupos de alumnos y cuanto mayor sea la dimensión del grupo que se controla, mayor será la relevancia de las conclusiones a las que tal comparación conduce. Un ejemplo claro es el ejercicio de PISA llevado a cabo por la OCDE. Teniendo en cuenta que nos encontramos en una economía globalizada, es muy importante conocer no sólo los resultados absolutos, sino también los relativos que obtienen los alumnos españoles que, a lo largo de su vida laboral, habrán de medirse directa o indirectamente con los de otros orígenes. Sin embargo, el informe PISA sólo se refiere por ahora a un tramo muy específico de estudiantes- -alumnos de 15 años- -por lo que sería conveniente establecer exámenes comunes periódicos para todos los alumnos del sistema educativo español. Estos exámenes deberían realizarse también un tiempo antes de los cambios de ciclo escolar. Su principal función no será sólo la de seleccionar a aquellos alumnos que puedan pasar al siguiente ciclo, sino que también deben ser útiles para detectar problemas cuando se está a tiempo de solucionarlos. Si, por ejemplo, un alumno de primaria no ha podido desarrollar suficientemente su capacidad lectora, tendrá dificultades durante toda su vida académica. Detectar esos problemas a tiempo permitiría reforzar ese aspecto de su formación y evitar un muy probable fracaso en el futuro. del centro. Nada tiene que ver este enfoque con la situación actual de la educación española que, en esta cuestión, no se ha visto alterada por la transferencia de las competencias educativas a las Comunidades Autónomas. El sistema sigue siendo extremadamente rígido en múltiples aspectos, como los horarios escolares, la distribución del tiempo entre asignaturas, los contenidos curriculares o la configuración cerrada de los grupos de alumnos. Federico Mayor Zaragoza ha señalado en diversas ocasiones que la organización de los centros sigue basándose en el esquema denominado de los cuatro unos un profesor, una asignatura, una hora y una clase. Esta Por otra parte sería conveniente dotar a los centros educativos de una mayor autonomía en lo que se refiere a los contenidos curriculares, a los procedimientos de enseñanza y aprendizaje, así como a su propia organización. Ello les permitiría adaptarse mejor a las necesidades específicas de sus alumnos y mejoraría, con toda probabilidad, la motivación de los docentes, que podrían participar más activamente en el desarrollo situación conduce, en los tramos obligatorios, a un tratamiento igualitario para todos los alumnos que resulta perjudicial, puesto que no permite adaptar la educación a las necesidades específicas de los alumnos y acaba poniendo más énfasis en los aspectos formales- -cumplimientos de horarios, terminación de programas... -que en el objetivo último de su formación. Otro efecto de esa rigidez es que se otorga mayor importancia a los conocimientos específicos que a la adquisición de capacidades básicas. Debe resal- información es esencial para valorar el desempeño de las instituciones del sistema (centros, profesores y alumnos) de manera que la sociedad pueda conocer si responde a sus exigencias. Se trata de una cuestión clave para introducir cualquier noción de competencia en el mercado educativo, puesto que la valoración de los resultados es esencial para dotar al potencial usuario de una auténtica capacidad de elección. Es esta una materia de escasa tradición en nuestro país; no hay más que ver que varias CCAA han decidido no sufragar el gasto que supondría ajustar la muestra de estudiantes a la exigida por PISA a efectos de comparabilidad. Pero dada su importancia y sus indudables efectos sobre la eficiencia del sistema, es necesario desarrollar este aspecto. Y así, en consonancia con lo que ya sucede en otros ámbitos, sería conveniente potenciar el desarrollo de ratings, sellos de calidad, etc. de manera que los centros educativos tengan mayores incentivos a la mejora de su eficiencia y, también, mayor autoridad frente a alumnos y padres que, en ocasiones, son los primeros en poner en cuestión la capacidad de decisión de las instituciones educativas. En conclusión, cualquier reforma educativa que aspire a tener éxito debe comprender estas tres líneas directrices señaladas. Como puede observarse en países con resultados comparativamente mejores, no hay un aspecto que por sí sólo garantice el éxito de una reforma. La