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4 OPINIÓN LUNES 11 s 12 s 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Sociedad, Cultura y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Nacional) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro Director general: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar DE NUEVO, INSEGURIDAD CIUDADANA C CHILE SIN SU FANTASMA L A inquietante sombra del ex dictador Pinochet ha dejado de proyectarse sobre el presente de Chile. Con su muerte, la sociedad chilena se desprende, por fin, de una presencia incómoda: la de alguien que traicionó en 1973 la democracia a la que tenía el deber institucional de respetar, protagonizando hasta 1990 una de las dictaduras más despreciables de la historia iberoamericana. Desde ayer, los chilenos son un poco más libres de lo que han venido siendo hasta ahora, ya que no tendrán que convivir con un apellido que enturbiaba la tranquilidad cotidiana de una sociedad que padeció su tiranía. De este modo, el país andino podrá seguir entregado a lo que viene haciendo de forma modélica desde que fue restaurada la democracia: a volcarse con intensidad sobre su futuro y a consolidar una experiencia política que es ejemplar en todos los terrenos. De hecho, Chile puede sentirse muy orgulloso de los logros conseguidos. Ahí está, si no, su estabilidad institucional, la prudencia que muestra la clase política y el mantenimiento de un modelo de crecimiento y progreso económico que no tiene parangón dentro de Iberoamérica. Todos estos logros son, precisamente, fruto de un consenso político y social admirable, que recuerda bastante al que vivió España en los años de la Transición. La muerte del ex dictador contribuirá, sin duda, a la consolidación de la democracia chilena al despejar de su camino la presencia física de alguien que distorsionaba cotidianamente la plena normalidad del escenario político. Por lo pronto, obligaba a las instituciones a mostrar una generosidad hacia alguien que, a pesar de su ancianidad y decrepitud, no era digno merecedor de los gestos de consideración de los que disfrutaba y que, finalmente, han evitado que fuese condenado por las numerosas causas penales que estaban abiertas contra él. Prueba de ello es la altanería y la jactancia con las que Pinochet hablaba una y otra vez de los terribles episo- dios de la represión que protagonizó cuando estuvo al frente de la dictadura. De hecho, lo hizo en todas las intervenciones públicas que realizó a partir de 1990 como jefe del Ejército y senador vitalicio y, después, en los homenajes que sus incondicionales le hicieron antes y después de su regreso a Chile en 1998; el último, el pasado 25 de noviembre, fecha de su último cumpleaños. Resulta ejemplar la actitud mostrada por los gobiernos democráticos que se han venido sucediendo desde el fin de la dictadura. Nunca han incurrido en el error de confundir cuáles eran los objetivos últimos del país y siempre han evitado buscar a cualquier precio una justicia que era muy difícil de alcanzar de acuerdo con las complejas circunstancias históricas por las que ha tenido que atravesar la sociedad chilena. Es especialmente significativa la posición adoptada por la presidenta Bachelet, hija de una víctima de la dictadura que, sin embargo, siempre ha insistido en apostar por el futuro con esperanza y optimismo. De este modo, se materializa una vez más la sensatez de un pueblo que ha tratado de satisfacer moralmente a quienes abrieron procesos contra el ex dictador, pero sin renunciar al deseo de salvaguardar la consolidación de un marco impecable de estabilidad que hiciera posible la reconciliación de todos los chilenos. Algo, por cierto, que tendría que tener muy en cuenta el Gobierno de Rodríguez Zapatero cuando se empeña en revisar el escenario de concordia que vivimos los españoles durante la Transición utilizando, para ello, iniciativas legislativas que comprometen seriamente la serenidad con la que nuestra sociedad ha vivido desde 1978 su pasado y, concretamente la atroz experiencia colectiva de la Guerra Civil. En fin, toda una lección política la que da Chile en estos momentos. Una lección que esperemos pronto puedan ofrecer también los cubanos cuando desaparezca Fidel Castro y se liberen de la tiranía que sigue obedeciéndole desde la cama del hospital donde agoniza. CRIMINAL NEGACIONISMO H OY comienza en Teherán un aparente congreso de investigadores que, bajo el expresivo epígrafe de Revisión del Holocausto: una visión global va a tratar de difundir la felonía criminal de que el genocidio judío perpetrado por el régimen nazi fue una herramienta de propaganda para apoyar al pueblo judío en el siglo XX según la convocatoria del Gobierno integrista islámico de Ahmadineyad. Estamos ante un propósito perseverante de negar el Holocausto, atribuyéndolo a una suerte de propaganda que ya venía advertida en la mendaz obra Protocolos de los sabios de Sión y en la subsiguiente literatura judefóbica a la que se han abrazado todos los totalitarismos- -de izquierda y derecha- -del pasado siglo. Ahora los negacionistas islámicos simultanean, con la ayuda de presuntos investigadores occidentales, la impugnación del Holocausto como hecho histórico con la pretensión de la desaparición del Estado de Israel. Esta afrenta contra la dignidad de la Humanidad que hoy se inicia en Teherán coincide con el centenario del nacimiento de Hannah Arendt, judía alemana, seguramente la filósofa moral más lúcida del pasado siglo. Ya en 1951, en su obra Los orígenes del totalitarismo la insigne autora situó el antisemitismo como uno de ellos, junto con el imperialismo y el estalinismo. Más tarde, en 1961, Arendt advertía de la posibilidad, muy frecuente, de que la maldad intrínseca de las acciones morales más reproba- bles fuese relativizada en una rutinaria ética de lo cotidiano. Y eso es lo que está pasando: sin que la comunidad internacional alce su voz, los negacionistas volverán a negar hoy a las víctimas del genocidio judío su condición de tales y así reiterarán su sufrimiento, el de sus familiares y allegados, el de la comunidad judía, el de la sociedad israelí y el de todos aquellos ciudadanos- -la inmensa mayoría- -que abjuran del episodio más indigno de la historia occidental. En muchos países el negacionismo- -su propalación seudocientífica- -es un delito. Pero hay comportamientos peores que los delictivos cuando los despliegan aquéllos que, como los dirigentes iraníes y quienes los secundan en esta nauseabunda iniciativa, asumen una responsabilidad política, académica o, simplemente, pública. El congreso de Teherán es un suma y sigue de insulto y escarnio a las víctimas del Holocausto y al pueblo judío, después del atroz concurso de caricaturas sobre la masacre y las reiteradas afirmaciones que, con un sentido instrumental de la tragedia histórica, niegan el exterminio cometido por los nazis para así negar también el derecho de Israel a existir. Es un negacionismo criminal, sin paliativos. Y convendría que la comunidad internacional no banalizase la carga maligna que conlleva su celebración. Las víctimas del Holocausto seguirán exigiendo justicia en tanto existan desalmados que les nieguen su condición de tales. RECE la alarma social ante los nuevos episodios de delincuencia organizada y violenta de este pasado fin de semana. Al apuñalamiento- -otra muerte más en plena calle- -de un menor ecuatoriano en Madrid, se han sumado, por una parte, el asalto frustrado a la residencia de una conocida familia de joyeros en Barcelona, con la secuela de uno de los delincuentes en estado de muerte cerebral tras haber recibido dos disparos; y por otra, el secuestro durante siete angustiosas horas de un niño de cuatro años- -al que utilizaron como escudo- -en Begur (Gerona) decidido por los asaltantes al no encontrar el botín que esperaban en el domicilio de un constructor. Estas nuevas formas de delincuencia son practicadas en bastantes casos por medio de mafias que encuentran en España un terreno propicio. Las grandes ciudades y las urbanizaciones residenciales son los lugares preferidos para la acción de bandas bien coordinadas y con ánimo de actuar con máxima violencia para intimidar y conseguir sus fines. La última memoria de la Fiscalía General daba cuenta del problema y es habitual que la Prensa informe de este tipo de delitos que proliferan ante la falta de medidas adecuadas para la defensa de la sociedad. Las protestas que prodigaba el PSOE en la oposición contra la supuesta ineficacia de los gobiernos del PP en esta materia producen ahora un efecto bumerán. Es imprescindible reforzar la acción política y policial en diferentes planos. Entre ellos, la cooperación a escala internacional, porque se trata muchas veces de redes que utilizan la libertad de circulación en el seno de la Unión Europea. Es necesario, también, incrementar los medios personales y materiales de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad estatales y autonómicos. Desarrollar políticas preventivas y sistemas de alerta rápida son factores que ayudan a evitar males mayores. Y, por supuesto, el Estado de Derecho tiene que funcionar con eficacia y rapidez para que los autores y sus cómplices sean puestos a disposición judicial y sancionados con arreglo a la ley. Una sociedad democrática tiene derecho a defenderse frente a quienes practican el crimen y amenazan la vida y la propiedad de las personas. Una visión falsamente progresista de este tipo de fenómenos sólo favorece a gentes sin escrúpulos, que utilizan al servicio de sus fines criminales cualquier muestra de debilidad de las autoridades. En este sentido, hay que adoptar medidas concretas para saber quién entra en territorio español y con qué objeto, descubrir las conexiones de algunos recién llegados con delincuentes nacionales y destapar las redes de blanqueo del dinero adquirido. Todo el mundo tiene derecho a dormir tranquilo y a no sentirse amenazado en su propio domicilio con grave riesgo para sus libertades más elementales. Ante las próximas convocatorias electorales, los partidos políticos deben ser conscientes de que ésta es una de las preocupaciones más serias para una gran mayoría de ciudadanos.