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92 CIENCIAyFUTURO DOMINGO 10 s 12 s 2006 ABC ban muy próximas pero no se llegaban a fundir en ninguna parte del sistema nervioso, en ninguno de los organismos que estudió Por sus aportaciones al conocimiento de la estructura del sistema nervioso, Cajal recibió, junto a Camilo Golgi, el premio Nobel de Medicina o Fisiología, hace hoy cien años. Curiosamente, en su discurso de aceptación, Golgi, premiado realmente por la creación de la tintura que permitió el trabajo de Cajal, defendió la red nerviosa difusa descartada por los resultados que le valieron el Nobel al investigador español. Alegría e incomodidad Para la ciencia española, la celebración del centenario del premio Nobel a Ramón y Cajal es motivo de alegría, pero también de incomodidad. Cien años después, ningún otro científico español ha logrado, trabajando en España, el reconocimiento mundial que ofrece la Academia Sueca y en ocasiones la imagen del sabio aragonés parece la de un padre demasiado egregio que se eleva sobre sus hijos haciendo patente su mediocridad. Ortega habló- -hace ya muchas décadas- -de la vergüenza que significaba Cajal para la ciencia española, por ser un fenómeno extraordinario que se podía atribuir a la casualidad y los investigadores españoles, reconociendo a Ramón y Cajal, prefieren no fijar la vista en el pasado y aferrarse al futuro, que es el tiempo en el que debe habitar la ciencia. Cajal estudia el cerebro de un cadáver en el depósito judicial ABC Ramón y Cajal: regreso al futuro Justo hace ahora cien años, este genial aragonés recibió el prestigioso Nobel de Medicina por sus avances en la investigación del sistema nervioso. Sus descubrimientos sirvieron de base imprescindible para avanzar en el conocimiento del cerebro DANIEL MEDIAVILLA MADRID. En 1887, con 35 años, Santiago Ramón y Cajal se reunió en Madrid con Luis Simarro Lacabra, un psiquiatra que acababa de regresar de París. Simarro había traído consigo varias muestras de tejido cerebral teñidas con la reazione nera una nueva técnica de tinción descubierta 14 años antes por Camilo Golgi. Hacía un año que Cajal estudiaba el sistema nervioso y era consciente de las limitaciones que los sistemas de tinción empleados hasta ese momento suponían para la observación de los tejidos nerviosos. Gracias a las preparaciones de Golgi, el médico con el que Cajal compartiría el Nobel de medicina en 1906, el sabio aragonés pudo contemplar por primera vez con claridad la fascinante maraña del sistema nervioso. Coloreada de un negro pardusco en el que resaltaban hasta las más finas ramificaciones, todo nítido como un dibujo de tinta china tal y como escribiría Cajal en su biografía. Tras la visión se sumergió en una época de trabajo febril en la que, como Newton o Einstein hicieron con la Física, puso los cimientos del nuevo edificio que desde entonces se construiría para albergar la neurociencia moderna. Células independientes En aquel tiempo había un debate sobre las células del sistema nervioso, explica a ABC Alberto Ferrús, director del Departamento de Neurobiología del Desarrollo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Mientras unos, entre ellos el propio Camilo Golgi, proponían que era una red, donde las células se fusionaban, Cajal creía que eran, como en cualquier otro tejido del cuerpo, células independientes. Aportó muchísimos datos y mejoró los métodos de tinción para demostrar que las células no se fusionaban, sino que se interrumpían, se queda- El ejemplo de Cajal Algunos, como Ferrús, señalan también comparaciones lamentables que surgen cuando se recuerda al Nobel español. Con frecuencia a los científicos se nos dice: Aprended de Cajal, que trabajando en España y con un microscopio ganó el premio Nobel Eso es una falacia y hasta un insulto. Hoy la ciencia no se puede hacer de forma individual, como de alguna manera en aquella época aún era posible. Cajal era un individualista y la mayor parte Ramón y Cajal fue el primero en contemplar, gracias a una solución elaborada por Golgi, la fina estructura de una célula nerviosa, todo nítido como un dibujo de tinta china en sus propias palabras. Junto a estas líneas, uno de los armarios en los que guardaba su trabajo