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28 ESPAÑA Educación DOMINGO 10 s 12 s 2006 ABC El variado perfil de los objetores escolares El 33 por ciento de los escolares que empiezan la enseñanza obligatoria no logran obtener el título de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) Gran parte de estos alumnos son los denominados objetores escolares Es decir, aquellos que se niegan a estudiar incluso aunque asistan a clase. El perfil de los objetores escolares es bastante complejo. Unos proceden de familias desestructuradas, de ambientes limítrofes con la marginalidad o presentan carencias que requieren un tratamiento personal y especializado. En muchos casos, son alumnos con problemas de conducta que pueden llegar a ser agresivos con sus compañeros y con el profesorado. Sin embargo, hay también objetores escolares que no son violentos, pero que llegan al colegio desde ambientes familiares poco exigentes. Dos alumnos que hacen novillos hablan con sus compañeros a través de las verjas del centro No quiero estudiar, sólo trabajar poco y vivir bien Son objetores escolares los que se las ingenian para no asistir a clase o molestar a profesores y compañeros. La mayoría forman parte del 33 por ciento de los alumnos que fracasan POR MILAGROS ASENJO MADRID. ¿Tu te levantarías a las ocho de la mañana para venir aquí y no hacer nada? dice con suficiencia Rubén, un chico de 16 años que repite- -mejor dicho, asiste de vez en cuando a clase- -3 de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) en un instituto que cuenta con cerca de 3.000 alumnos y al que ha llegado como última esperanza para sacarle de su absentismo y ayudarle a conseguir el título de Graduado. Junto a él, su compañero de pellas Rodrigo, se queja de que los profesores son demasiado exigentes. Te ven bostezar en clase y te echan dice. Mi tutora se preocupa demasiado de mi y me quiere un alumno 10. No la soporto Y no miente, en un momento de la conversación apareció por puro azar la profesora que tiene encomendada la difícil misión de enderezar lo que, al menos a juzgar por la actitud del adolescente, se está torciendo. Fue un momento tenso en el que la animadversión de Rodrigo fue evidente. A un reproche de su orientadora, respondió con acritud y hasta con dureza. Al menos no llegó al insulto. Rubén y Rodrigo forman parte del conflictivo colectivo de objetores escolares lo mismo que Clara y Paco, dos jóvenes de su misma edad y situación académica aunque en un centro distinto y de más difícil control. Su tarjeta de visita no es demasiado halagüeña: falta de claridad sobre sus objetivos en relación no sólo con sus estudios sino con su propia vida. Muy poquitos quieren estudiar y van a la ley del mínimo esfuerzo y lo normal es que no acaben la ESO advierten los profesores. Yo no he nacido para estudiar, sólo quiero trabajar poco y vivir bien afirma Rubén como declaración de intenciones, al tiempo que hace planes para trabajar un mes y descansar tres pero eso lo pensaré cuando tenga 18 o 20 años Para faltar a clase engaña a su madre y le hace ver que se levanta ante de las 8 de la mañana. Cuando ella se va a trabajar vuelvo a casa a dormir o me voy con mis amigos a fumar Asegura que también emplea su tiempo en practicar artes marciales y en ver películas violentas. No lee porque es muy aburrido siempre afirma a modo de esperanza en el aprobado. Vamos a clase alguna vez- -dicen al unísono- pero nunca a la primera y casi nunca a la última Eso sí, tiene excusas para su absentismo. Empecé a faltar a clase porque no tenía el horario, no soy adivino comenta Rubén, Me quedé con uno que hacía pellas y me gustó En ocasiones, permanecen en el recinto cerrado del Instituto- -con amplios jardines- -donde una educadora social intenta traerlos al buen camino y evitar que cometan actos vandálicos. Su apatía llega hasta rechazar incluso los programas de Garantía Social, que preparan a los alumnos que no acaban la ESO para el mundo laboral. Asisten a una clase especial de diversificación curricular con poco ánimo. Rubén procede de un Instituto de Enseñanza Secundaria público y Rodrigo de un colegio privado. Los dos han dejado en esos centros a sus colegas con los que quedan de vez en cuando. Sus padres no han logrado hacerles cambiar y los profesores, con una paciencia infinita, confían en que den un golpe de timón. A Rodrigo le descompone algo la posibili- Máxima apatía Rodrigo, que ha repetido ya 2 y 3 de la ESO, se muestra apático y confiado en que su padre le ayude a entrar en el Ejército. Por eso, ha hecho planes para acabar a trancas y barrancas la enseñanza obligatoria y con un poco de suerte conseguir el título. No puedes estar repitiendo Vamos a clase alguna vez, pero nunca a la primera y casi nunca a la última aseguran los objetores dad de verse obligado a realizar trabajos sociales. Una vez nos pilló la Policía a mis amigos a mí con un coche que nos encontramos y con el que nos dimos un golpe Como consecuencia de este inopinado hallazgo me pusieron trabajos sociales y aprendí la lección Clara acude a un colegio del extrarradio. No falta a clase pero me aburre tanto estudiar que pienso en otra cosa y como no me entero hago preguntas con las que todos se ríen y el profesor se enfada A principios de curso, se le ocurrió ensayar unos novillos y justificarlo con enfermedades imaginarias. No coló porque mi madre fue a hablar con el tutor y fue peor porque se enteró de la que monto en clase Paco tiene 17 años. En menos de un año deberá acabar su vida escolar. Sin embargo, el futuro no le agobia. Prefiere vivir el día a día desde el conflicto y la desidia. No tiene reparos en reconocer que su actitud perturba el normal desarrollo de la clase. Quiero que esto se acabe cuanto antes. Por eso, hablo, me meto con mis compañeros y hasta con el profe y mando mensajes por el móvil. Aunque me lo quitan de vez en cuando siempre lo recupero ¿Y no te gustaría aprender un oficio para ganarte la vida? No se si me gustaría, porque no lo he intentado responde. Y continúa. Puede que me lo piense porque cuando acabe aquí, a mis padres no les podré engañar