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ABC DOMINGO 10 s 12 s 2006 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA UN PELOTAZO DE MUERTE N EL RECUADRO EL DUETO CON DON NICETO L AS psicofonías no quedaron en aquellas cintas que los ufólogos, parapsicólogos y argumosas varios grababan con las voces de la Raimunda en el Palacio de Linares, hogaño Cabo Kennedy para el lanzamiento de negocietes de los intelectuales orgánicos del régimen. Seguimos en la España de las psicofonías. Aquí todo consiste en no dejar a los muertos en paz. Tener un buen muerto es como poseer un paquete de acciones del Ibex 35. Por no hablar de los muertos de los dos bandos de la guerra civil, en la que todavía, qué pena, cuando todo estaba olvidado por la suprema reconciliación de la Transición, resulta que los que vienen de enterrar a Calvo Sotelo se siguen cruzando con los que vienen de enterrar al Teniente Castillo, triste Almudena de sesión continua. En la que, por cierto, sé yo de un tío que se ha hecho mucho más rico potrico de lo que era publicando esquelas de los fusilados por los rojos en Paracuellos del Jarama. Anda que no son rentables ni nada los muertos en España... España es el noveno país industrial del mundo no por los coches de patente extranjera que fabricamos para la exportación, sino por la Industria del CenANTONIO tenario del Muerto Importante. Esto es BURGOS como un constante Día de Difuntos, donde si sales de los hijos secretos de un famoso muerto es porque te meten en los amantes públicos y conocidísimos de una popular extinta. En España, el país de los grandes entierros, hasta que no te mueres no eres nadie. Y si eres alguien al día siguiente de tu entierro, ni te cuento en el cabo de año, o en los centenarios, cincuentenarios y sesquicentenarios. Eso es un dinero. Pero nada como la moda de las repugnantes psicofonías con los cantantes muertos. Puse la otra noche TVE y emitían uno de esos horrores sin museo a los que llaman galas. Vi con tristeza que sonaba el standard más conocido de mi querida y recordada Rocío Jurado: Como una ola Iba a hacer lo que siempre cuando sacan una grabación de Rocío por televisión: cambiar de canal. No resisto verla. Me resisto a creer que ha muerto. Para mí sigue estando viva, y me parece que voy a descolgar el teléfono y voy a oír el eterno surtidor de su risa... Y una fuente enmedio con un surtidor ¿no? Bueno, pues el surtidor y la fuente de ese patio salpicao de flores de Rocío, ay, mi Rocío es la risa chipionera de la Jurado. A lo que iba. Que pongo TVE, sale un escenario, sobre el escenario una pantalla y en la pantalla, como en lo de Sevilla, la casa, la ventana y la niña, el ay, corazón de La Voz de Rocío cantando Como una ola Mas para mi perplejidad y el revuelto sin espárragos de mis tripas, resulta que no es que rindan homenaje a Rocío proyectando el vídeo de su canción en algún recital memorable, sino que una niñata (pelada entre lo garsón y la rata que iba recogiendo colillas por la calle Las Sierpes) se pone como todas (y todos) a hacer una rentable psicofonía con la Jurado, ¡atreviéndose a cantar a dúo con ella el Como una ola ¿Pero quién es esta niñata para atreverse a cantar con la difunta Rocío, a estropear el recuerdo de la perfección de su canción? En España todo vale para meter cabeza en los Cuarenta Principales. Para que un disco suene, no sólo se hacen grabaciones de dúos y duetos, a modo de cameos musicales, con un famoso que se presta. Es que a los muertos se les toma por el pito de un sereno y cualquiera se atreve a entrometer su voz por medio de una grabación clásica, que está en el recuerdo de todos los que la escuchan. Aparte de una utilización lamentable de los difuntos, me parece una falta de respeto para la obra de arte, un atentado contra el Patrimonio Artístico. Igual que si se le pintaran unos bigotes a Las Meninas o un bikini a la Maja Desnuda de Goya. Y algunas hay que en esta moda de los dúos con los difuntos hasta se atreven a mercadear con las canciones monumentos nacionales de sus señoras madres. Y si todo al menos quedara en la canción... Pero la moda de los duetos con los difuntos es tan fuerte que ahí tienen al tío: Rodríguez Zapatero ha cogido la letra de la Constitución de 1931 y quiere grabar un dueto con la voz de ultratumba de don Niceto Alcalá Zamora. El dueto con don Niceto suena a lo que en verdad es esta moda de rentabilizar a los muertos, manipulándolos: una macabra chirigota. I en el mayor delirio especulativo de Roca y su cueva marbellí de Alí Babá, ni en el enloquecido frenesí de mangancias de Ciempozuelos, Telde o Andratx, se le había ocurrido a nadie la osadía de recalificar un cementerio. Pues bien: ha sucedido en Sevilla. Con dudosas bendiciones legales, y disfrazando con una plaza la evidencia de que alrededor se van a levantar dos torres, el Ayuntamientosocialista sevillano ha recalificadoel recinto del Cementerio de los Ingleses, nombrede sugestivas evocaciones que suenan a una Andalucía de miIGNACIO nas y colonias, a película de CAMACHO Antonio Banderas, a ecos de Gerald Brenan y sus amigos de Bloomsbury, a George Borrow, el vendedor de biblias, y a la rocambolesca historia de espías del Hombre que Nunca Existió, cuyo cadáver innominado descansa, para su suerte, en un camposanto de Huelva al que no ha llegado aún la mano siniestra de Recalificator. Ese tenebroso personaje de mutante y escurridiza identidad, que domina desde las sombras la turbia atmósfera de las alcantarillas municipales españolas, había dejado sentir su devastadora huella en litorales vírgenes, en periferias desarboladas, en industrias reconvertidas, en conventos desamortizados, transformándolo todo en bloques de apartamentos, colonias de adosados, urbanizaciones de parcela, piscina y barbacoa. Pero ahora ha ido más lejos y, como en el Tenorio, ni reconoce sagrado ni hay razón ni lugar a salvo de su audacia avarienta. Los difuntos del viejo cementerio británico de Sevilla, allá en San Jerónimo, junto al meandro del Guadalquivir, fueron en su día gentes cosmopolitas, espíritus viajeros que trajeron a la Andalucía del tópico y el subdesarrollo un toque de modernidad luterana y encontraron en el lejano Sur un lugar del que, como escribió Elliot, no se desea volver. Y se quedaron imaginando acaso un suave descanso de eternidades mecidas por la brisa de los olivares cercanos, ignorantesdequeprimerocaerían los olivos para construir chalés, y luego su propia recoleta necrópolis, donde los depredadores del paisajey la memoriahan señalado con una cruz roja el lugar exacto de su próximo envite. Los chacales del cemento han olido en elaire aquietado delas sepulturas, entrelas ortigas cernudianas del olvido, el áspero e intenso aroma de los beneficios y las plusvalías, y se han lanzado en picado sobre el solar mortuorio, dispuestos a arrasarlo entre grúas y volquetes para levantar sobre los huesos arrumbados un monumento a la codicia. No es una triste anécdota, sino un símbolo. El de un país carcomido por el virus de la especulación, que destruye la piel del territorio y corrompe las vísceras de la moralidad pública. Un país en el que se construye casi con saña, sin respeto ni piedad, sobre los parques, sobre las playas, sobre los campos, sobre las fábricas y hasta sobre los cementerios. Ojalá al menos los fantasmas desahuciados del camposanto inglés persigan a sus profanadores como en un Poltergeist de póstuma rebeldía, y levanten desde el más allá una venganza dolorida y justiciera, como en una novela de Poe, contra este verdadero pelotazo de muerte.