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4 OPINIÓN DOMINGO 10 s 12 s 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Sociedad, Cultura y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Nacional) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro Director general: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar EL PUNTO DE VISTA IRLANDÉS L ESPAÑA CUMPLE EN LA OTAN H ACE ahora 25 años que se firmó en Bruselas el protocolo de ingreso de España en la Organización del Tratado del Atlántico Norte, hecho que significó la entrada de nuestro país en la órbita de lo que hoy se define como del espacio euroatlántico donde se encuentran asociados- -de distintas maneras, pero íntimamente- -los principales países del mundo. La extraordinaria visión del entonces presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo- Sotelo, supuso para España el definitivo anclaje en el conjunto geopolítico en el que le corresponde estar por historia e intereses. La OTAN sigue siendo hoy un elemento fundamental de la seguridad del mundo y España puede estar orgullosa de pertenecer al grupo de países que contribuye a ello desde la primera línea de esta organización. Aquellas vacilaciones insensatas con las que la izquierda española acogió el ingreso en la OTAN ya no son prácticamente más que un mal recuerdo que sólo sirve para reflexionar sobre el gigantesco daño que habrían causado al país en caso de que se hubieran tenido en cuenta. En efecto, terminó la guerra fría en la que la OTAN fue concebida. Pero desde la desintegración del imperio soviético, todos los países independientes que formaban parte de su esfera de influencia sin excepción y algunos de los que incluso eran parte de la Unión Soviética, han corrido a toda velocidad para hacerse cuanto antes miembros de la OTAN primero y de la Unión Europea, después. La dimensión de lo que significa esto se aprecia mejor teniendo en cuenta que hoy en día, cuando aquellos acontecimientos parecen ya tan lejanos, todavía existen países como Bosnia, Serbia, Macedonia, Ucrania, Georgia, Moldavia, Albania y otros, que tienen como primordial aspiración nacional, como esperanza principal, su entrada en la OTAN para asegurarse ese vínculo sólido y definitivo con el espacio geopolítico occidental. La OTAN significó para España la modernización defi- nitiva de las Fuerzas Armadas, no solamente desde el punto de vista técnico, sino sobre todo de su mentalidad. De aquel viejo aislacionismo mezclado con las ensoñaciones imperiales, con la ayuda de la OTAN los militares españoles han pasado a enarbolar orgullosos la bandera española en muchas partes del mundo en misiones de estabilización y mantenimiento de la paz. Gracias a la OTAN, las Fuerzas Armadas han podido llevar a lugares diversos y remotos la expresión real de las aspiraciones de solidaridad y amistad de la sociedad española en su conjunto. En estos momentos, la OTAN está tratando de salvar a un pequeño y paupérrimo país como Afganistán de las garras de los fanáticos islamistas, para impedir también que vuelva a ser el desbarajuste que fue cuando era la patria y lugar de asilo de los peores grupos terroristas del planeta. Las tropas españolas que forman parte de la misión desplegada allí, la ISAF, son un engranaje fundamental para el éxito de los aliados y merecen el respeto de la sociedad. Sin embargo, la misión se ha revelado mucho más compleja de lo que se pensó en un principio y se hace necesario reafirmar el compromiso de solidaridad de todos los aliados. En la reciente cumbre de Riga, el presidente norteamericano, George W. Bush, recordó que la OTAN es un mecanismo de defensa colectiva, basado en el principio de que un ataque a uno de los aliados es un ataque a todos, y que eso es cierto tanto en Europa o Norteamérica, como en Afganistán. España debe reflexionar sobre los beneficios que ha obtenido de su pertenencia a la Alianza Atlántica en este último cuarto de siglo, para darse cuenta de que lo que es bueno para la OTAN también es bueno para España. Y que una derrota en Afganistán no sería un fracaso de Estados Unidos, como algunos intentan decir, sino que sería un gran desastre para todos los aliados y para lo que la OTAN significa en el mundo. PUENTES Y PRODUCTIVIDAD H OY domingo concluye un macropuente que en la práctica ha supuesto la paralización de buena parte de la actividad productiva en nuestro país. La economía española, pese a permanecer estable en una razonable tasa de crecimiento, aun por encima de la media europea, adolece de puntos negros que contribuyen a que la productividad de las empresas y su grado de competitividad no alcancen el nivel favorable de otras variables del mercado y nos alejen del modelo que otros países de nuestro entorno asumen para sí. Algunos cálculos apuntan que las empresas españolas han perdido cerca de 200 euros por cada trabajador ausente de su puesto de trabajo en estos días de puente una cifra nada desdeñable y que invita a reflexionar sobre la conveniencia de concebir de otra manera la respuesta empresarial a esta acumulación de jornadas no laborables, o bien de abordar una modificación del calendario de los festivos. El objetivo es evitar, en la medida de lo posible, que se interrumpan de manera abrupta los ciclos de producción de las empresas y que la productividad no se resienta como consecuencia de una parálisis que, según los años, puede llegar a ser de más de cinco días seguidos. Se trata de hallar una fórmula que permita compatibilizar de manera razonable trabajo y ocio, sin que el trabajador pierda su derecho a gozar de esos días de descanso y sin que, por ello, las empresas vean ampliamente mermada su actividad. Para ello, se están planteando diversas alternativas que, para ser realistas, ni parecen lo suficientemente maduradas ni cuentan con el respaldo unánime de todas las partes impli- cadas: administraciones, empresarios, sindicatos de trabajadores, etcétera. Aun así, el debate está abierto. Hay quien propone, por ejemplo, instaurar en España la costumbre adoptada en otros países de la UE de trasladar las fiestas religiosas a los lunes, aunque caigan en otro día de la semana. Otras ideas son concentrar parte de los festivos o ampliar algunos días las vacaciones veraniegas a cambio de reducir los macropuentes Todo tiene sus pros y sus contras y la solución no es fácil. Pero al menos conviene discutir sobre la idoneidad de propuestas como estas. Hay, con razón, quien arguye en favor de los puentes que su carácter de minivacaciones entre largos periodos laborales contribuye a que el trabajador se oxigene; también crecen el consumo y la movilidad y, sin duda, se ven extraordinariamente favorecidos los sectores empresariales vinculados al ocio y a los servicios. Tampoco yerra quien argumenta que las empresas conocen el calendario laboral con antelación suficiente como para evitar la improvisación y, en su caso, para pactar con los trabajadores cómo amortiguar el impacto derivado de la acumulación de días festivos. Pero, por el contrario, en términos globales se resiente la productividad y se incurre en un peligroso incremento del endeudamiento de los hogares españoles, que en sólo tres años ha pasado de 500.000 millones de euros a casi 775.000. Y esto, en una etapa de pérdida de valor de los salarios y de escaso ahorro. Sea cual sea la solución que pueda plantearse en el futuro, ha de aspirar sin titubeos a paliar la pérdida de productividad y de competitividad de España respecto a nuestro entorno. AS declaraciones del primer ministro de la República de Irlanda que hoy publica ABC ponen el dedo en la llaga sobre una cuestión nuclear: el Ulster y el País Vasco no son realidades comparables en términos históricos, sociales y políticos. Bertie Ahern dirige el Gobierno de un país que ha pasado de las hambrunas y la emigración masiva a ser considerado como el tigre celta con un PIB por habitante que se sitúa en el segundo puesto de la Unión Europea, sólo por debajo de Luxemburgo. Por cierto: Irlanda rechaza sin titubeos la inmigración ilegal y tampoco plantea falsos debates sobre la lengua, situando al inglés y al gaélico en la posición que corresponde a cada uno. El posibilismo y la flexibilidad de los políticos irlandeses han contribuido sin duda a este despegue espectacular. Ahern es el líder de un partido (Fianna Fail) que ha sabido adaptar al contexto su pretensión histórica de unificar la isla en un solo Estado. El conocimiento del fenómeno terrorista otorga un especial significado a su advertencia de que, en todo proceso de pacificación, el Estado de Derecho tiene que seguir actuando sin fisuras. La vía policial y judicial es determinante para que los terroristas se sientan forzados a elegir. También es un elemento capital la entrega de las armas y es imprescindible establecer una fecha límite, de manera que los radicales no tengan la sensación de que controlan indefinidamente la evolución del proceso. Sin embargo, los plazos no se han cumplido en el caso del IRA, y tampoco el calendario político ha seguido el ritmo fijado de antemano. Todo está pendiente, a juicio del dirigente irlandés, de que las próximas elecciones ofrezcan un resultado razonable Rodríguez Zapatero debería leer con atención las declaraciones de su colega, expresadas con la máxima prudencia para no interferir en cuestiones internas españolas. Recuerda, entre otras cosas, que cada caso es diferente, aunque avala la discutible expresión proceso de paz Deja abierta la puerta a un plan B por si fracasa la autonomía norirlandesa y muestra una notable seguridad en los objetivos, combinada con la flexibilidad en los medios. En rigor, la violencia terrorista es el único elemento común entre uno y otro caso. En el País Vasco no existen dos comunidades enfrentadas, ni hay detrás una historia de conflictos entre entidades políticas soberanas, ni mucho menos quedan secuelas de viejas guerras de religión. Sólo hay una organización terrorista que pretende imponer su voluntad al estado democrático, en el marco de un modelo territorial que otorga a las comunidades autónomas españolas unas competencias a las que ni remotamente puede aspirar el Ulster en las circunstancias actuales. En todo caso, es importante conocer y valorar la experiencia ajena para aprender de los aciertos y no repetir los errores.