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Sábado 9 de Diciembre de 2006 Editado por Diario ABC, S. L. Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid. Teléfono: 913399000. Publicidad: 902334556. Suscripciones: 901334554. Atención al cliente: 902334555 Diario ABC, S. L. Madrid 2006. Prohibida la reproducción total o parcial sin el permiso previo y expreso de la sociedad editora. Número 33.235. Depósito Legal: M- 13- 58. Apartado de Correos 43, Madrid Precios de ABC en el extranjero. Alemania: 2,05 Bélgica: 2,00 Estados Unidos: 2,50 USD. Francia: 2,05 Irlanda: 2,10 Italia: 1,75 Holanda: 2,00 Portugal: 1,35 Reino Unido: 1,20 LE. Suiza: 3.40 CHF. Marruecos. 16 Dh. DESDE MI BUHARDILLA Laura Campmany EUROPA, POR AMOR N La instantánea que mereció el Pulitzer en 1980 se convirtió en un símbolo sin autor hasta ahora JAHANGIR RAMZI Y AP El Pulitzer que disparó al pelotón Jahangir Ramzi tomó el 27 de agosto de 1979 una imagen de premio. La ejecución de once iraníes dio la vuelta el mundo pero su autor permaneció en el anominato. Hasta hoy JUAN CIERCO nos en once gatillos engrasados. Carguen. Apunten. ¡Fuego! o como se diga en farsi. Y once dedos que se contraen. Y once gatillos que se desbocan. Y once fusiles que vacían sus cargadores. Y once balas contra once cuerpos que se desploman. Caen sobre tierra después de doblarse, de arrugarse, de despedir sus almas heridas de muerte. Y otra mano no menos temblorosa. Y otro dedo en otro disparador. El de una cámara de fotos con tanta fuerza como once fusiles de repetición. Testigo de una matanza, como tantas otras. Apunte del derrocamiento de un Shah que nunca más volvería a casa. Una imagen, otra más, que valió más que mil palabras. Que dio la vuelta al mundo. Que se convirtió en un símbolo. Que mereció el premio de todos los premios. Un Pulitzer. el de 1980, anónimo, porque el editor que publicó la instantánea en agosto de 1979 no quiso poner a su autor en un brete, último atajo hacia el paredón. Suele decirse que el tiempo lo cura todo; que es el mejor juez; que casi siempre le pone a uno en su sitio. Más de un cuarto de siglo después, casi calvo; con canas en las sienes y en el bigote; con la mirada humilde pero orgullosa; con la sensación de haber recuperado lo que nunca debió perder; de haberle devuelto a sus hijos un secreto a voces que les debía desde hace varios lustros, Jahangir Razmi, fotógrafo iraní de 58 años, ha vuelto a ganar el Pulitzer que recogió su foto, que no sus manos. Joshua Prager, periodista de The Wall Street Journal le ha rescatado del olvido. Le ha devuelto lo que siempre fue suyo. Razmi se cansó de ver cómo otros le robaban su foto. Su prestigio. Su trabajo. Su mirada. Cómo otros dedos pulsaban el disparador. Cómo otros gatillos retrocedían. Cómo otras balas volaban contra su pecho descubierto. Carguen. Apunten. ¡Fuego! La foto es mía grita por su honor, por el de sus hijos, por una verdad que le reportará, es lo de menos, 10.000 dólares el próximo 27 de mayo. Entonces recibirá su Pulitzer. Entonces regresará al pasado. Entonces recuperará parte de un alma demasiado tiempo anónima. D os ojos abiertos de par en par. Un dedo en el disparador de una modesta Nikon F. Un periodista en el lugar de una maldita noticia. Como tantos otros. Como tantas otras. Once pares de ojos vendados. De blanco. Entregados. Con la muerte en un horizonte tan cercano como sus verdugos. Con las manos sobre el pecho, el estómago, las pantorrillas, sin poder agarrarse ya al último hilo de vida. Otros once ojos enrojecidoss. Rabiosos. Llenos de odio. Vacíos de razón. Veintidós manos temblorosas para once fusiles afilados. Y once dedos asesi- OS creíamos que el dinero, o sea el parné, la pasta, guita, costilla o morusa, vaya, lo que se dice el money money cantante y sonante de la famosa canción movía el mundo y hasta las caderas de las sílfides, y ahora va a resultar que nones. Que por muy poderoso que sea don dinero, por más que venga a morir en España (y, actualizando la letrilla, sea en Ginebra enterrado) por más que rebote como una pelota desde Moscú a Marbella y desde Atenas a Edimburgo, lo que de verdad hace girar el planeta azul es el carcaj de un angelote cegato. A Europa la raptó Zeus con dos astas en la frente (y un más reciente hasta aquí hemos llegado para llevársela a los huertos de Creta, que no a la Bolsa de Londres. El Dios más disipado de la mitología se disfrazaba de cualquier cosa, lo mismo de lluvia de oro que de cisne, para aparearse con las hembras de su capricho, ya fueran diosas, semidiosas o mortales, sin importarle las regias broncas con que luego Hera, su despechada y vengativa esposa, pudiera abrumarle. Pero con Europa echó el resto, porque aquel toro blanco- -ni hecho a propósito- -acabó convertido en un corro de estrellas. Según las más frescas y fiables estadísticas, la primera causa por la que los europeos trasladan su residencia a un Estado miembro distinto del de su nacionalidad no es la ambición económica, ni la promoción profesional, ni la investigación, ni la curiosidad antropológica, ni el clima, ni el nivel de precios, ni el interés por las lenguas, ni el folklore, ni el aprendizaje, sino l amour A ése no hay quien le acote los fluidos. Ése sí que no entiende de fronteras. Después de sospecharlo tantos años, al final va a ser cierto que el amor es el único viaje.