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ABC SÁBADO 9 s 12 s 2006 Necrológicas AGENDA 53 Jeane Kirkpatrick Diplomática La embajadora de Reagan Abominó del multilateralismo y abogó por que Estados Unidos se tomara muy en serio su papel de superpotencia POR ANNA GRAU NUEVA YORK. Ahora que ha muerto, quizás consiga dejar indiferente a alguien. Aunque incluso a la hora de morir, Jeane Jordan Kirkpatrick (nacida Jeane Duane Jordan el 19 de noviembre de 1926) parece haber tenido motivos ideológicos. La vieja leona de la política exterior americana se ha ido en el justo momento en que ruedan las cabezas políticas de Donald Rumsfeld y John Bolton, y hasta los más ultraconservadores entre los ultraconservadores empiezan a renegar en público de la guerra de Irak y de la filosofía que la inspiró. Es como cuando se murió Pasionaria, pero al revés: si Dolores Ibárruri supo dejar este mundo a tiempo de ahorrarse ver el derrumbe de su amada Unión Soviética, a Jeane Kirkpatrick el encuentro con la Parca puede haberla liberado de asumir la terrible posibilidad de que los Estados Unidos de América ya no puedan, ni quieran, arreglar el mundo. Las afinidades con Pasionaria son algo más que de talante: Kirkpatrick fue enérgica marxista en su juventud, cuando se doctoraba en Ciencias Políticas en la Universidad de Columbia. No le dio miedo entrar a militar en el Partido Socialista de América. Corría el glorioso año 1968. En 1970, Kirkpatrick se distinguió en las filas del Partido Demócrata por su oratoria fluida e impactante y por su activismo sin desmayo. Bastan quince años, y sobra la presidencia de Jimmy Carter, para que Kirkpatrick protagonice un giro copernicano. En 1985 se hace republicana formal, pero ya lleva desde 1980 asesorando al futuro presidente Ronald Reagan en política exterior. Cuando Reagan pone por fin el pie en la Casa Blanca, hace de ella su Bolton femenino, la nombra embajadora ante las Naciones Unidas. Lo será cuatro años. Al margen de qué importancia real, simbólica o mística dan los norteamericanos a las Naciones Unidas y a sus embajadores ante las mismas, es un hecho cierto que ninguna mujer se había acercado ni de lejos, entonces, a ocupar un cargo así. Faltaban años, que políticamente hablando eran años luz, para que emergieran figuras como Condoleezza Rice o Hillary Rodham Clinton. Has- Jeane Kirkpatrick en 1990 ta el momento, las americanas más políticamente relevantes habían sido Eleanor Roosevelt y Jackie Kennedy. Kirkpatrick no tenía nada que ver con ninguna de las dos. Cristiana hasta la médula, le iba más, bastante más, la cruzada vigorosa que la mesilla petitoria. Y aparecer con más o menos glamour en la portada de Vogue le importaba un evidente bledo. Era fácil atribuir al furor de los conversos su odio contra el comunismo y su disposición a aliarse con el mismísimo diablo si fuese menester, para combatirlo. Así defendió sin complejos a dictadores latinoamericanos, abominó del multilateralismo y abogó por que Estados Unidos se tomara muy en serio su papel de superpotencia. La guerra fría era sin duda AP su entorno ideal, el ecosistema político en que Kirkpatrick se movía como un pez en el agua. De ser el ojito derecho de sus mentores marxistas en Columbia, pasó a ser una de las vacas sagradas de la Universidad de Georgetown, el centro jesuita más antiguo de la nación, donde cursara estudios el Príncipe Felipe y ha dado clases el ex presidente español José María Aznar. A finales de los ochenta y durante toda la década de los noventa fue infatigable su acción a través de varios thinkthanks, siempre denunciando la en su opinión perniciosa tendencia a culpar a América primero de las muertes causadas por el imperio del terror encarnado antes por los regímenes comunistas, y más recientemente por el fundamentalis- mo islámico. Hija de sus citas como otros de sus obras, siendo embajadora ante la ONU, expresó su firme convicción de que esta no serviría para nada mientras los países miembros no trascendieran sus intereses nacionales (algo claramente imposible, para ella) También comparó la carta fundacional de los derechos del hombre con una carta a Santa Claus Es un error fundamental creer que la salvación, la justicia o la virtud pueden proceder de las instituciones humanas concluía. Un error fundamental que ella había cometido de forma tenaz. Que acaso no dejó de cometer nunca. Acaso su espectacular salto del comunismo al anticomunismo no era más que eso: el lamento hondo de alguien que creyó en una utopía del género humano, y luego descreyó. Toda la evolución de Kirkpatrick puede ser leída como un dramático intento de reencontrar la fe perdida. Intentando confiar en la realpolitik y en el cuerpo de marines, como antes había confiado en Marx y en la dictadura del proletariado. No es fácil juzgar ni siquiera aquellas figuras que parecen más claras y evidentes. Pasionaria se llamó Pasionaria por ser devota de la Pasión de Jesús. Y entre las feroces citas de Jeane Kirkpatrick se puede encontrar esta: Vietnam nos enseñó que los Estados Unidos no pueden ser el policía del mundo; hemos aprendido los peligros de tratar de ser la comadrona del mundo hacia la democracia cuando el parto tiene que hacerse bajo el fuego de la guerra de guerrillas Kevin Berry en octubre de 1993 muestra su alegría por la elección de Sidney para los Juegos Olímpicos de 2000 AFP Kevin Berry Ha causado gran pesar en el deporte australiano el fallecimiento de la gloria de la natación de Australia, el nadador olímpico Kevin Berry, que ha fallecido en Sydney a los 61 años. Nacido el 10 de abril de 1945, Berry ganó la medalla de oro de los 200 metros mariposa durante los Juegos Olímpicos de Tokio 1964, y se convirtió en triple medallista en los Juegos de la Mancomunidad de Naciones (Commonwealth) de Perth en 1962. Durante su carrera Berry batió diez récords mundiales y después de su retirada de la natación trabajó como editor del departamento fotográfico del diario The Sydney Morning Herald y más tarde como director de Deportes del ca- nal nacional de televisión ABC. Berry fue entrenado por el legendario técnico jefe de la selección australiana de natación Don Talbot, quien lo convirtió de un nadador de estilo braza en un campeón olímpico de estilo mariposa. Kevin nadaba braza de una forma que, para mí, era ilegal. Así que tomé la decisión de cambiarle el estilo dijo Talbot. Glenn Tasker, jefe ejecutivo de la Federación Australiana de Natación, ha manifestado que Berry no sólo fue un gran campeón olímpico sino un deportista que se ganó el respeto de todos sus rivales y de quienes le llegaron a conocer. Su amor por la natación y los Juegos Olímpicos fueron legendarios. Antes de los Juegos Olímpicos de Sydney 2000, Kevin publicó su libro 2.000 cosas que usted no sabe acerca de los Juegos Olímpicos en el que regaló a sus lectores multitud de historias y anécdotas de Juegos pasados concluyó Tasker. Cristina Gigirey La coreógrafa de origen uruguayo Cristina Gigirey, ícono de la danza costarricense, ha fallecido a los 66 años víctima de un infarto. La artista llegó a Costa Rica a finales de la década de los setenta procedente de Alemania y desde entonces se incorporó al mundo de la danza de Costa Rica, hasta su muerte. A los 16 años debutó en el ballet de Cámara de Montevideo y fue una de las fundadoras de la Escuela de Danza de la Universidad Nacional, institución estatal costarricense y coreógrafa de la Danza Universitaria de la Universidad de Costa Rica. ña María Teresa Orozco y Retortillo; sus hijos Teresa, Joaquín, Carlos y Paloma y sus hermanas reciben numerosas muestras de pesar. Condesa de Alba Real Ha fallecido a los ochenta y nueve años en Majadahonda (Madrid) doña María Carlota Ribed y Nieulant, condesa de Alba Real. Era viuda de don Carlos María Rodríguez de Valcárcel y Nebreda y licenciada en Farmacia. Enfermera de vocación, recibió numerosas distinciones. Sus hijos María Sonsoles y Carlos María Rodríguez de Valcárcel y de Ribed y su nieta Mafalda reciben innumerables testimonios de pesar. Joaquín Targhetta Arriola El doctor ingeniero de Minas don Joaquín Targhetta Arriola ha fallecido en Madrid. Estaba en posesión de la Gran Cruz del Mérito Civil. Su esposa do- Carmen Gimeno Linares Ha fallecido en Madrid doña Carmen Gimeno Linares, viuda de Sáez de Ibarra y Sáez de Urabain. Sus hijos reciben muchas muestras de condolencia.