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ABC SÁBADO 9 s 12 s 2006 Tribuna Abierta INTERNACIONAL 33 Por Antonio Guterres EL HUMANITARISMO BARATO A pesar de los escasos recursos, en los últimos dieciocho meses hemos asistido a más de un millón de refugiados en el retorno a sus países de origen. Trabajamos junto con otras agencias humanitarias, ayudando a las miles de personas que en la actualidad huyen de los conflictos de Irak y Somalia. También nos enfrentamos a la situación en África central D ESDE el genocidio en Ruanda a las agonías de Darfur, parece que el mundo se queda paralizado cuando se le requiere para llevar a cabo una gran acción. Se muestra igualmente reticente cuando se le pide que aporte un apoyo financiero- -en comparación, más modesto- -destinado a aquéllos que dan lo mejor de sí mismos, con el fin de que su trabajo suponga una diferencia en la vida para el número creciente de personas que se encuentran desarraigadas y desposeídas. secuciones y los conflictos. Algunos de los donantes clave de Acnur amenazan con reducir su contribución a causa de presiones fiscales y por percibir que están pagando una cuota desproporcionada del precio de la ayuda a los refugiados, mientras que el resto del mundo se aprovecha, ampliamente, de su generosidad humanitaria. El lunes 11 de diciembre lanzaré a la comunidad internacional nuestro llamamiento anual para solicitar que se donen mil millones de dólares, con el fin de que Acnur pueda desempeñar su trabajo el próximo año, proporcionando a los refugiados algún tipo de protección y asistencia humanitaria. Sin embargo, si la historia nos puede servir como guía, yo me sentiré defraudado y conseguiré contribuciones para obtener no más de la tercera parte de las necesidades totales. Mil millones de dólares puede parecer una gran cantidad de dinero. Pero palidece ante lo que la gente gastará este mes en árboles de Navidad, que sólo en Alemania se estima que alcanzará los mil millones de dólares; o en la guerra de Irak, que engulle millones por día. En este contexto, el llamamiento de Acnur para 2007 equivale únicamente a un dólar a la semana para cada uno de los veinte millones de personas que ayudamos. efectivamente las contribuciones se reducen el próximo año, los primeros en pagar el precio real serán aquéllos que se vean obligados a huir o estén deseando volver a sus hogares. En la República Democrática del Congo, por ejemplo, estamos muy lejos de alcanzar los estándares mínimos de protección. A principios de este año nos vimos forzados a reducir las repatriaciones voluntarias de los refugiados al sur de Sudán, debido a la falta de dinero para camiones y materiales. En muchas ocasiones, los refugiados están retornando de manera voluntaria con valor y esperanza a lugares donde no hay casi nada: no hay trabajos, no hay educación, no hay servicios sanitarios, ni infraestructuras básicas. Si ÁNGEL CÓRDOBA sos, en los últimos dieciocho meses hemos asistido a más de un millón de refugiados en el retorno a sus países de origen. Trabajamos junto con otras agencias humanitarias, ayudando a las miles de personas que en la actualidad huyen de los conflictos de Irak y Somalia. También nos enfrentamos a la situación de África central, que se deteriora de manera crítica y donde la crisis de Darfur despliega sus alas negras sobre Chad y la República Centroafricana. Si uno mira hacia delante, durante los próximos doce meses la multiplicación de los retos se muestra escalofriante. Como respuesta, trabaja- Apesardelosescasosrecur- mos duro para que la ayuda de emergencia sea abordada desde un enfoque colaborador como parte del esfuerzo general de las Naciones Unidas para mejorar su trabajo. En Acnur estamos buscando formas de rebajar costes y destinar más recursos a los beneficiarios en el terreno. Y aún así, mientras el número de personas bajo nuestro mandato aumenta, nuestro trabajo mejora. Demasiados gobiernos se desentienden cuando llega el momento de financiar una agencia que depende de contribuciones voluntarias para cubrir el 98 por ciento de su presupuesto operativo. Esto tiene como resultado una base de financiación muy limitada. Contamos únicamente con diez países para financiar el 80 por ciento de nuestros ingresos anuales. Más allá del grupo principal de donantes en Europa, Norteamérica y Japón, la mayoría de los países aporta poco más que calderilla para financiar una agencia que trabaja para el bien colectivo. Acnur no trabaja de manera altruista, aunque entre su Contamos únicamente con diez países para financiar el 80 por ciento de nuestros ingresos anuales. Más allá del grupo principal de donantes en Europa, Norteamérica y Japón la mayoría de los países aportan poco más que calderilla para financiar una agencia que trabaja para el bien colectivo personal haya más gente brillante de lo habitual. Más bien está cumpliendo un mandato internacional que se le ha encomendado por todos los miembros de las Naciones Unidas para proteger y ofrecer una mínima esperanza a los millones de personas desarraigadas a causa de las per- precariedad financiera tiene un efecto cascada para nuestras contrapartes de los grupos no gubernamentales, quienes realizan la mayor parte del trabajo sobre el terreno, prestando asistencia médica, agua, atención sanitaria y otros servicios de emergencia. A pesar de los grandes esfuerzos para protegerlos, nuestras restricciones presupuestarias les afectan al vernos obligados a suprimir nuestro apoyo a sus programas. En un mundo cada vez más volátil, el apoyo a agencias como Acnur, que responden a las necesidades de las víctimas más vulnerables, es demasiado importante como para dejarlo al albur de un sistema de financiación que responsabiliza a un pequeño grupo de países de un bien público, cuya responsabilidad debería ser compartida por toda la humanidad. La historia sugiere que mis expectativas para el llamamiento de la semana que viene deberían ser modestas. Quizá, pero esta situación no puede continuar así. Ha llegado el momento de que el mundo pase de la preocupación a la acción. Los valores universales son superfluos sin un apoyo financiero más universal para los refugiados del mundo. La Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados,