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ABC SÁBADO 9- -12- -2006 75 aniversario de la Constitución de 1931 ESPAÑA 15 EL PRIMER PRESIDENTE DE LA II REPÚBLICA Niceto Alcalá- Zamora intentó en vano el acuerdo entre la izquierda y la derecha, sostiene el autor del artículo, que resume aquí su vida y pensamiento POR JOSÉ ALCALÁ- ZAMORA Y QUEIPO DE LLANO Catedrático de Historia Moderna y nieto de Niceto Alcalá- Zamora aquiescencia del Rey Alfonso XIII al golpe de Estado primorriverista le conduciría, como a muchos, a la solución republicana. Su adhesión a este objetivo, expresada en su discurso valenciano del 13 de abril de 1930 fue determinante, dado el prestigio personal y profesional de que gozaba. En diciembre se produjo el fracasado levantamiento contra la Monarquía: mientras unos- -Galán- perdían la vida en el intento y otros se la jugaban- -el general Queipo de Llano- y algunos, hoy muy aplaudidos, se escondían con razonable temor del pertinente consejo de guerra, Alcalá- Zamora se enfrentaba a la cárcel y a su destino con la dignidad que siempre tuvo. Durante sus cinco años de mandato presidencial trató por todos los medios de evitar esos radicalismos verbales imprudentes y de conciliar esas posiciones intransigentes y poco democráticas que suelen enconarse y acarrear perversas consecuencias. No pudo ser, casi la mitad de España quería eliminar a la casi otra mitad y las culpas y la barbarie se repartieron por igual. El 7 de abril de 1936, un vergonzoso golpe de Estado parlamentario destituía al presidente de la República, poniendo en claro entredicho la legalidad de la medida y la legitimidad de sus gobernantes. La guerra, La mayor novedad de la Constitución de 1931 fue el Título III, en el que se reconocía la libertad religiosa, de expresión, reunión, asociación y petición (derecho de toda persona a dirigir una petición al Gobierno) el derecho de libre residencia y de circulación, inviolabilidad del domicilio y de la correspondencia, igualdad ante la justicia, protección a la familia, derecho al divorcio, al trabajo, a la cultura y la enseñanza, y la separación de la Iglesia Católica y del Estado. Además, se suprimía todo privilegio de clase social y de riqueza, lo que equivalía a anular la nobleza como entidad jurídica. Se apuntaba también la posibilidad de socialización de la propiedad y de los servicios públicos, aunque nunca se llevaron a cabo. o los derechos de propiedad, eran, sin duda, los principales motivos que habían hecho crecer esa desazón de la que hablara Ortega. Pero todo aquello era congruente con la idea que se había impuesto en el hemiciclo y que había servido para expulsar a la derecha republicana del Gobierno, la de constitucionalizar la revolución. Idea que se acoplaba muy bien con esa nefasta percepción de que lo peor de la historia del liberalismo español había sido el pacto. Una constitución- -dijo el entonces ministro radical- socialista Álvaro de Albornoz- -no puede ser nunca una transacción entre los partidos Ya no se trataba de transigir, sino de aplicar los principios sin miramientos. La revolución habría de ser algo más que una simple retórica: un programa de transformación radical de la sociedad española bien anclado en la norma fundamental del nuevo régimen. En ese sentido, la Constitución de 1931, a diferencia de la de 1876, no pasaría de ser uno más de los tradicionales textos de partido que habían impedido la paz y la estabilidad institucional en la España del ochocientos. Por eso, entre otras razones, serviría de contramodelo en la elaboración de la Constitución de 1978. Nació Niceto Alcalá- Zamora yTorres, presidente del Gobierno y jefe del Estado durante la Segunda República española, el 6 de julio de 1877, en Priego, bella ciudad del sur de Córdoba. Alumno brillantísimo de enseñanza media y universitaria, aseguran que uno de los cuatro mejores expedientes académicos de entonces. Antes de cumplir los veinte años, en junio de 1898, el año del desastre ultramarino, defendía con éxito, en la Universidad Central, su tesis doctoral, titulada El Poder en los Estados de la Reconquista y lograba el Premio Extraordinario de doctorado, único entonces para todo el país. Al año siguiente y con apenas veintiún años ganaba, con el número uno, las oposiciones al selecto Cuerpo de Letrados del Consejo de Estado. Años más tarde sería miembro de las Academias de Jurisprudencia, Morales y Políticas y Española. Muy pronto comenzó a destacar en la actividad política, no menos que como profesional del Derecho, adquiriendo una experiencia legal y administrativa que ninguno de sus futuros compañeros del Gobierno de la República poseía. Ministro de Fomento y de la Guerra con la Monarquía, la no de leales contra golpistas, sino de excluyentes contra excluyentes- -y también de ideales enfrentados a ideales- comenzó su cuenta atrás. Mientras en España se mataban y exterminaban unos a otros y en Europa se preparaban para hacerlo, 1939, suicidándose con entusiasmo, él, en esta hora angustiosa del mundo, cuando parecía que la democracia y la razón iban a desaparecer del mapa de las ideas, expresaba su condena a los regímenes totalitarios y manifestaba su firme adhesión a los principios de libertad y a las instituciones democráticas Por las fechas en que la odiosa dictadura franquista le imponía una multa diez veces superior a su fortuna real y otras sanciones, calificándole en sentencia del Tribunal de Responsabilidades Políticas como enemigo implacable de la dictadura de Primo de Rivera y responsable de una perjudicialísima y asaz perniciosa campaña contra los ideales inspiradores del Glorioso Movimiento Nacional Alcalá- Zamora emprendía el camino del exilio en Francia y Argentina, donde vivía modestamente de su trabajo como articulista y conferenciante, y dio a la imprenta una docena larga de libros de carácter político, jurídico, histórico, gramatical y literario. La fundación prieguense que lleva su nombre está editando su obra completa, que abarcará cerca de cuarenta volúmenes. Sé que mis renglones irritarán a muchos de quienes, como yo, desean una fórmula republicana para España en un plazo razonablemente próximo, sin granjearme las simpatías de los distantes de ese planteamiento, pero no he pretendido plácemes, sino decir las cosas como las veo y siento. Niceto Alcalá Zamora en su despacho ABC