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ABC JUEVES 7 s 12 s 2006 Tribuna AGENDA 57 Manuel de Castro Secretario general de FERE- CECA y de EyG VALORES CIUDADANOS EN LA ESCUELA L fenómeno de la violencia escolar está siendo noticia casi diaria hasta el punto de haberse generado una alarma social que no ayuda a resolver el problema. Complejas son las causas que nos han conducido a esta situación y múltiples también las posibles respuestas. Con sensación de fracaso comprobamos que se proponen medidas penales más duras, cuando lo único eficaz es educar a los jóvenes en valores a través del fortalecimiento de la familia y de la escuela. E Con sensación de fracaso comprobamos que se proponen medidas penales más duras, cuando lo único eficaz es educar a los jóvenes en valores a través del fortalecimiento de la familia y de la escuela la capacidad de trasmitir valores va un abismo. La escuela ha educado siempre y hoy también lo está haciendo, aunque con mayores dificultades, entre otras cosas, por la debilidad de la familia. Sustraerle esta capacidad sería tanto como negarle la posibilidad de educar. En la sociedad actual se necesita, más que nunca, el apoyo de la escuela como trasmisora de valores, en un contexto en el que se generaliza la indiferencia y el relativismo de la mano de una explosión informativa sin precedentes. En este contexto de preocupación se produce la inclusión en la LOE de la polémica asignatura de Educación para la Ciudadanía pensada por sus promotores como una medida más de formación en los valores ciudadanos de convivencia. No es de extrañar la polémica suscitada, pues tocamos una de las cuestiones más delicadas, la formación moral y en valores de las futuras generaciones. Se la acusa del peligro real de que se convierta en instrumento del gobierno de turno para el adoctrinamiento. Nadie puede arrogarse, y mucho menos el gobierno, la capacidad para imponer concepciones ideológicas o creencias a los ciudadanos. De ahí a negarle a la escuela derecho a la educación de sus hijos. Como indicó el Presidente de la CEE en la LXXXVIII Asamblea, es necesario que se reconozca generosamente a los padres la responsabilidad primordial, y por tanto el derecho y la obligación de educar a sus hijos según sus convicciones morales y religiosas No obstante, hay familias que han dimitido de su deber de educar a sus hijos, más por impotencia que por negligencia personal. Tampoco podemos olvidar que la mayor parte de las conductas individuales tienen una clara repercusión social. La sociedad debe ocuparse y preocuparse por las conductas antisociales que surjan en su seno, no sólo protegiéndose de Lafamiliaesdepositariadel ellas con leyes y penas, sino también con la prevención a través de la educación en la escuela. Portodoello, esimprescindi- ble que la escuela eduque en valores ciudadanos. ¿Es el mejor modo de hacerlo con la creación de una nueva asignatura? Las Escuelas Católicas, al igual que el Consejo Escolar del Estado, opinan que no. Pero no tanto porque introduciendo la nueva asignatura se estén sustrayendo horas a otras materias (por bien empleadas pueden darse si a través de ellas conseguimos educar ciudadanos solidarios, respetuosos y comprometidos) sino porque la educación en valores debe realizarse a través de todas las áreas y de lo que constituye la vida misma del centro educativo. En todo caso, una vez que se ha optado por esta fórmula, sus contenidos deben circunscribirse a proponer valores comúnmente aceptados, presentes en nuestra Constitución, evitando abordar aquellas otras cuestiones del ámbito estrictamente personal sobre las que la sociedad no tiene una opinión compartida y eludiendo entrar en confrontación con los valores del carácter propio de los centros. Escuelas Católicas ha trabajado con denuedo para que así sea y cree que los actuales borradores de Primaria y de la ESO respetan este criterio. Este mismo respeto exigiremos en los desarrollos autonómicos, pero sin olvidar que existen otros elementos aún más determinantes en esta materia, como son la elección del libro de texto y del profesor que la imparta, que deberán ser objeto de especial atención por parte de los centros. Los padres de nuestros colegios pueden estar seguros de que no necesitarán acudir a la objeción de conciencia contra esta asignatura, porque vamos a garantizar que su enseñanza, como la de las demás áreas, estará en perfecta consonancia con nuestro proyecto educativo. la nueva materia fracasará en su objetivo, la educación cívica del alumnado, si no evita a toda costa entrar en cuestiones polémicas y si no implica de manera transversal a todo el profesorado en el empeño. Lamentablemente Manuel Pellecín Lancharro Escritor EN EL CENTENARIO HANNAH ARENTD DE S Esta sapientísima escritora, discípula de Husserl y Heidegger, nunca quiso aparecer como miembro de la saga preferida por Platón IN que fuese preciso llegar al centenario de su nacimiento, que ahora conmemoramos, la ensayista alemana, con residencia en Estados Unidos desde 1941 por huir de los nazis, atrae atención creciente se multiplican las ediciones de sus obras (acaban de aparecer en castellano los dos volúmenes del Diario filosófico) se publican multitud de artículos sobre las tesis que defendió, muchas impregnadas de polémica; organizamos cursos, debates, congresos... donde ponderar cuanto aportó el campo de la ética, la sociología o la política. Manuel Cruz, que no duda en denominarla la pensadora del siglo XX por excelencia, escribía ya hace lustros: Recoger con pretensiones de exhaustividad las referencias de terceros a la obra de Arendt resulta una tarea proteica, prácticamente inabarcable a escala individual (Preliminares a la edición española de La condición humana) Lo curioso es que esta sa- pientísima escritora, discípula de Husserl y Heidegger (con quien mantuvo un romance digamos novelesco siendo ella judía y él miembro del partido Nacional Socialista, entre otra consideraciones desconcertantes) amiga de Karl Jaspers y Walter Benjamin; profesora en las universidades de Berkeley, Princeton, Columbia y Chicago... nunca quiso aparecer como miembro de la saga preferida por Platón. Yo no pertenezco al círculo de los filósofos. No me siento filósofa de ninguna manera y tampoco creo que haya sido recibida en el círculo de los filósofos declaró paladinamente a Günter Gauss, en una entrevista televisada (28 octubre 1964) todo el alemán; la lejanía de sus cultivadores más conspicuos frente a los problemas acuciantes de sus conciudadanos; el apoyo, en definitiva, que la clase filosófica ha prestado mayoritariamente a los poderes totalitarios. quien dedicase su tesis doctoral) Kant o Marx. Y, sin duda, no deja de sorprender el silencio al que somete nombres como los de Wittgenstein o el mismo Heidegger. Aellalegenerabanunrechazo insufrible algunas constantes históricas que creía percibir: el lenguaje cuasi cabalístico- -son palabras suyas- -en que ha venido formulándose el pensamiento filosófico, sobre individuo judío femini generis, nacida y educada en Alemania (así se autopresentó al recibir el premio Sonning en Copenhague, 1975) acepte acudir como corresponsal de prensa al juicio contra uno de los máximos ejecutores del holocausto (cuyas crónicas generarían el inquietante libro Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal) que se muestre tan informada sobre los acontecimientos políticos coetáneos o que dedique tanta atención a las obras de literatura dentro de sus propias páginas. En efecto, nombres como los de Homero, Balzac, Ibsen, Proust, Faulkner, Péguy, Kipling, Céline, Kafka, Valéry, Brecht o Solzhenitsy alternan ventajosamente en los trabajos de Arendt con los de los filósofos más renombramos: Platón, San Agustín (a Noextrañará, pues, queeste figura de Hannah Arendt, fallecida en 1975, no escapó a la polémica aún en vida de la autora. Dos cuestiones le encendieron los más duros ataques. Por un lado, la equiparación que estableciese (ver Los orígenes del totalitarismo) entre los regímenes de Hitler y Stalin, ambos equiparables en tantos aspectos, incluida la voluntad exterminadora desarrollada por ambos caudillos) y, de otro, la denuncia del silencio cobarde, la abyecta mansedumbre, en algunos casos la complicidad con que tantos millones de judíos se dejaron conducir a la muerte, sin rebelarse ante los verdugos. Serán tesis discutibles, aunque Hannah las sostiene con documentación y testimonios abrumadores, recabados ya en época muy temprana. Pero lo que nadie parece negar es que estamos ante una de las figuras más notables de la filosofía de todos los tiempos. La