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ABC MIÉRCOLES 6 s 12 s 2006 Tribuna abierta INTERNACIONAL 37 Robert Kagan y William Kristol LA RENDICIÓN DISFRAZADA DE REALISMO L realismo en política exterior está en auge estos días, nos dicen. De ser cierto, sería alentador, porque nuestra política exterior tiene por fuerza que ser realista. Pero lo que hoy se presenta como realismo tiene muy poco que ver con la realidad. De hecho, si observamos algunas de las propuestas realistas planteadas, realismo se ha convertido en una especie de palabra clave para abandonar los intereses estadounidenses y a los aliados estadounidenses, así como los principios estadounidenses, en Oriente Próximo. Así, los realistas nos aconsejan buscar la ayuda de Siria en Irak, a pesar de que el Gobierno sirio mantiene una campaña concertada de asesinatos de cada líder político libanés que se opone al retorno de la hegemonía siria sobre Líbano. Presumiblemente, la posición realista es que deberíamos devolver Líbano a Siria, o al menos hacer la vista gorda a sus numerosos esfuerzos por recuperar el control allí, como incentivo para que Siria nos ayude en Irak, donde también se dedica a apoyar a los terroristas. Realismo es no castigar a los dictadores por el terror y el asesinato; y en concreto, no castigarles por asesinar a nuestros amigos. Los realistas aconsejan también que busquemos la ayuda iraní en Irak. Hacen remilgos a la hora de sugerir qué podría dar Estados Unidos a Teherán para inducirlo a dicha ayuda, pero las implicaciones de su postura están claras. Después de todo, el Gobierno de Bush ya se ha ofrecido a dialogar con Irán, siempre que los iraníes acepten suspender el enriquecimiento de uranio. La misma postura mantienen los europeos. Los iraníes se han ne- Lo que nuestros adversarios en Oriente Próximo quieren de nosotros es muy sencillo. Quieren que nos vayamos. A no ser que estemos dispuestos a retirarnos, no sólo de Irak sino de toda la región, y de cualquier otra parte, es mejor que empecemos a calcular cómo mantener de manera eficaz nuestros intereses y objetivos E ÁNGEL CÓRDOBA gado. De modo que los realistas se están adaptando a la realidad de la intransigencia iraní. De hecho, insinúan que el Gobierno abandone la postura que mantiene desde hace tiempo y empiece a negociar con Irán, a pesar de que el régimen iraní se niegue a aceptar la exigencia común planteada por Estados Unidos y Europa. Por lo tanto, lo que los realistas tienen en mente es que Estados Unidos haga la vista gorda ante el programa de armamento nuclear iraní, a cambio de que Irán ayude a facilitar nuestra retirada de Irak. ¿A quién le importa que esto destruya la credibilidad estadounidense, debilite a quienes en Europa intentan mantenerse firmes, socave el esfuerzo para impedir la adquisición de armamento nuclear por parte de Irán, y conduzca a una cascada de nuevos países nucleares en la región? Al menos permitiría hacer nuevas acomodaciones realistas a estas realidades nuevas y mortíferas. Los realistas también aconsejan que se presione a Israel para que trate de modo más abierto al Gobierno palestino dominado por Hamás. Habría que inducir a Israel a hacer concesiones a pesar de que la violencia continúa y Hamás sigue negándose a ratificar siquiera la aceptación de Yaser Arafat del derecho a existir de Israel. Por consiguiente, para conciliar a los dictadores y a los radicales árabes, Washington debería abandonar un principio que mantiene desde hace mucho tiempo y regalar una gran victoria a las fuerzas de la violencia y del extremismo en Palestina. Sumemos entonces las propuestas realistas debemos retirarnos de Irak y, así, abandonar a todos los iraquíes- -chiíes, suníes, kurdos y demás- -que han contado con Estados Unidos para su seguridad y para la promesa de un futuro mejor. Debemos abandonar a nuestros aliados en el Líbano y la idea misma de un Líbano independiente para conseguir que Siria nos ayude en nuestra retirada de Irak. Debemos dejar de oponernos al programa nuclear de Irán para convencerlo de que nos ayude a abandonar Irak. Y debemos presionar a nuestro aliado, Israel, para que se reconcilie con un Hamás violento con el fin de obtener el apoyo de los árabes radicales a nuestra retirada de Irak. Esto es lo que se tiene hoy en día por realismo. Pero, por supuesto, no es realismo, sino capitulación. Si Estados Unidos adoptara este método cada vez que se enfrenta a una serie de problemas difíciles, si intentáramos satisfacer todos los caprichos de nuestros adversarios para ganarnos su aprobación, dejaríamos rápidamente de desempeñar un papel significativo en el mundo. Ni nos temerían, ni nos respetarían; y por supuesto, no nos apreciarían más. La retirada no nos haría ganar amigos, ni perder adversarios. Lo que nuestros adversarios en Oriente Próximo quieren de nosotros es muy sencillo. Quieren que nos vayamos. A no ser que estemos dispuestos a retirarnos, no sólo de Irak sino de toda la región, y de cualquier otra parte, es mejor que empecemos a calcular cómo mantener de manera eficaz- -y realista- -nuestros intereses y objetivos. Eso es el verdadero realismo estadounidense. Y todo lo demás es un modo fantasioso de justificar la rendición. Robert Kagan es miembro de la Carnegie Endowment for International Peace. William Kristol es director de The Weekly Standard