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ABC LUNES 4- -12- -2006 73 El accidente en el Palau de les Arts de Valencia amenaza la temporada Uno de los momentos más tristes de la visita es el encuentro con el Guernica al que se entra de lado, como si fuera un morlaco difícil de lidiar tras ese viaje aquel edificio entró en el tiempo de la ruina. Los espectadores tienen ahora que buscar una distancia que les falta pero, sobre todo, el tan mentado contexto se ha evaporado. Porque, ¿dónde está Sueño y mentira de Franco No es la primera vez que me preocupo por esta descarada ocultación Tampoco me explico la razón para que solamente se expongan algunos grabados de la Suite Vollard y además de una forma desordenada o que las fotografías de Dora Maar del proceso de composición del cuadro, verdaderamente cruciales, se hayan colocado a una distancia tal que pasan completamente desapercibidas. Lo que se hace con esta pieza crucial es realmente lamentable. Cualquier museo del mundo habría organizado un relato, una historia, una experiencia coherente e intensa en torno a ella y, sin embargo, nosotros tenemos que verla como algo que está realmente dispuesto de la peor de las formas posibles. No se puede ser tan chapucero si no es por vocación. De hecho cuando salimos, indignados, de esas salas y caminamos entre el baratillo de plintos con las obras de Julio González comprendemos que el montaje, la reordenación, el plan o como buenamente quieran llamarlo es un bodrio completo. ¿Cómo se puede dedicar un espacio al Pabellón de la República (palabra también olvidada) de París de 1937 sin contar con la arquitectura de Sert o los paneles de Renau? La amnesia o la descarada ignorancia se enseñorean en el Museo, mientras por las tribunas políticas no paran de pregonar la urgencia de la memoria histórica Esteban Vicente y Jorge Oteiza, una extraña pareja en la Colección Permanente del MNCARS dar ninguna explicación? De acuerdo con esta museografía desnortada es lógico poner un cuadro de Barjola junto a una obra de Pistoletto y otra de Genovés. ¿Te molesta eso, podría decir, la superioridad de esta institución? Pues no te preocupes que también tengo a Chirino junto a Guston y Scully. A lo mejor hay que llamar a la famosa detective del expediente X para que resuelva este enigma. De la tristeza a la perplejidad Pero, en serio, y sin ser todo lo dramático que el asunto requiere, tan sólo insistiré en que al recorrer el MCARS se va de la tristeza a la perplejidad y de ahí al borde de la rabia. En la cuarta planta, por ejemplo, hay una cantidad increíble de vallitas protectoras delante de casi todos los cuadros, cobrando un protagonismo total. Efectivamente, allí no hay que acercarse, eso no se puede tocar. A lo mejor, lo que tendrían que hacer es montar una barricada y atrincherarse la directora y sus seguidores en el hospital impidiendo que la enfermedad de la desidia y la ignorancia superlativa se extienda en derredor. Un mensaje en el contestador de mi móvil me informa de que la cuarta planta aún no ha sido tocada es decir, que lleva así desde tiempo inmemorial, lo cual no descarga, ni mucho menos, de responsabilidad a los gestores del naufragio museístico. No exagero, si, por un casual, querido e incauto lector, decides adentrarte en esa selva sin señalizaciones ni contexto, lee antes esta vieja frase: Abandonad toda esperanza Más información sobre el museo: http: www. museoreinasofia. es Un hombre admira El Ángelus arquitectónico de Millet y El hombre invisible de Salvador Dalí na salvándose con su gracia y lirismo, pero ahora, por fin, lo han conseguido, particularmente, en un cuarto que está alicatado de cosas a la manera de un stand cutre de una feria de arte de cuarta categoría. Los diálogos entre artistas son pobrísimos e incluso uno de ellos, David Smith, no está donde se dice (sala 11) algo inquietante en un centro tan caótico como este. Momentos significativos del surrealismo español, entre otras cosas, la facción de Tenerife, capitaneada por Pérez Minick, o la obra de Eugenio Fernández Granell, están arrojados al más profundo de los olvidos. Ciertamente, puesto a pensar en todo lo que falta siento vértigo: el suprematismo y el futurismo, la historia de la fotografía (reducida al capítulo de la Guerra Civil con Robert Capa y Juan Pando) no se expone ni una sola revista de vanguardia, el diseño o la arquitectura no merecen otra cosa que el desprecio y, sobre todo, lo que hay que evitar es ofrecer explicaciones, argumentos o teorías (en todo el Museo no hay una hoja de sala, aunque los casilleros, vacíos, casi metafísicos, están atornillados a los muros) Completamente desolado, me atreví a visitar la planta cuarta, donde un cuadro de Baselitz da la bienvenida. Comprendí que no tenía ningún sentido ya preguntar la razón de las cosas, el irracionalismo, la arbitrariedad y la dejadez tienen también derecho a expresarse. ¿Qué más da que en un pasillo estén Uslé, Kuitca, Winters y Lasker para luego, al girar la esquina, toparnos con el Equipo 57? ¡Quien quiera saber algo que se compre libros y meta horas bajo el flexo! El remate, que casi me sume en una depresión abismal, lo da la sala donde una serie de esculturas de Oteiza están sobre una peana flanqueados por ocho cuadros de Esteban Vicente y, al otro lado, una reducida representación de El Paso (Zóbel, Torner, Sempere) junto a tres cuadros de José Guerrero. Tienen suerte los que han perpetrado este montaje de que Oteiza ya no pueda lanzar su ira sobre ellos. ¿Cómo se pueden juntar obras tan distantes estética e históricamente hablando sin Experiencia visual penosa Un maniquí de Ferrant del año 1946 abre, inexplicablemente, la sala de surrealismo y este artista también domina con su Móvil estático cambiante de 1953 el espacio dedicado a Miró, en el que se mezclan cuadros y esculturas consiguiendo, más que nada, generar una experiencia visual penosa. Es difícil, según pensaba, destrozar a Miró, que siempre termi-