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ABC LUNES 4 s 12 s 2006 INTERNACIONAL 35 Cameron cumple un año con los tories en alza El líder conservador disfruta de una ventaja sustancial frente a los laboristas según las encuestas. Ahora, después de un año dedicado a trabajar la imagen, promete comenzar a concretar propuestas tras una etapa de frenética ruptura con la herencia tory EMILI J. BLASCO CORRESPONSAL LONDRES. La hora de la verdad aún no ha empezado para David Cameron, aunque se aproxima a ella en buena posición. Decisivos van a ser los dos próximos años, en los que el actual ministro del Tesoro, Gordon Brown, ejercerá de primer ministro en sustitución de Tony Blair. El traspaso de poderes podría producirse el próximo mes de junio; a partir de ahí, Cameron quedará enfrentado a quien será su rival en las elecciones previstas para 2009 ó 2010. Cuando el miércoles se cumple el primer aniversario de la proclamación de Cameron como líder tory las últimas encuestas dan a los conservadores una estimación de voto del 37 por ciento y del 32 por ciento a los laboristas. La diferencia se amplía en el caso de un laborismo liderado por Brown, quien se mantendría en ese 32 por ciento, la peor cifra laborista desde los años 80, frente al 40 por ciento de los tories No obstante, algunos otros sondeos sugieren que el efecto Cameron puede estar perdiendo empuje ante el desconcierto que genera su frenética renuncia de posiciones hasta ahora defendidas por los conservadores. Así lo advertía ayer Frank Luntz, experto electoral norteamericano, que hace un año vaticinó su victoria de Cameron en las primarias. En una carta en The Sunday Telegraph Luntz le felicitaba por las expectativas levantadas, pero le recomendaba que pronto pase a ofrecer mayor sustancia Según Luntz, lo que hasta ahora ha demostrado ser el punto fuerte de Cameron- -su puesta en escena- también podría convertirse en su peor enemigo: Si los votantes te comparan con Tony Blair, eso no es ningún cumplido. Los votantes te pueden ver como un innovador y agente de cambio; pero ten cuidado, el electorado se ha vuelto cínico hacia el actual Gobierno porque ha puesto las formas sobre la sustancia Cameron ha quitado un pie del rincón esencialista en el que se habían refugiado los tories a la defensiva, ante la ocupación del centro por parte de Blair, pero aún no ha puesto el otro en el espacio de credibilidad que debe representar su candidatura. Está en el aire, y en ese movimiento es donde Brown desea cogerle. La única carta del próximo primer ministro es demostrar que, si bien él resulta una cara ya demasiado vista, representa una apuesta de solidez frente a la hasta ahora excesiva efervescencia de Cameron. Lo que quieren los británicos, ¿es un cambio de dirección política o simplemente de un primer ministro percibido como alguien que hace juego de manos? Si es lo primero, Cameron aún no ha presentado contenidos, y si es lo segundo, el líder tory tendría de momento las de perder si no cambia de táctica. La ventaja de David Cameron subirá incluso unos puntos cuando Brown llegue a la cúpula laborista El punto fuerte del líder tory la puesta en escena, puede ser su principal enemigo si no ofrece más sustancia Es la crítica que comúnmente se hace a Cameron, pero él asegura que está en una carrera de fondo en la que la estrategia debe ir desplegándose a su tiempo. En mi primer año he establecido a los tories como una nueva fuerza para hacerlos competitivos frente a los laboristas declaraba este fin de semana. Y anunciaba que tras su cuidada campaña de imagen, personal y de partido, ahora comenzará a remangarse para ir desgranando propuestas. Hasta ahora, Cameron ha roto con el pasado sin levantar sobre él un claro edificio. En un osado movimiento, se ha querido desembarazar de la herencia de Margaret Thatcher e incluso de Winston Churchill. Frente a la afirmación de la Dama de Hierro de que no había sociedad sino Estado, Cameron ha dicho que la sociedad existe y ha puesto el título de compasivo a la definición ideológica de su partido. Y frente a un Churchill que consideraba que el Estado debía atender sólo a los realmente pobres, ha indicado que las prestaciones sociales deben extenderse a buena parte de la población. También ha derribado la máxima tory de proponer una reducción de impuestos. Su compromiso es el de asegurar la estabilidad económica y de posponer una bajada impositiva hasta comprobar la coyuntura. Además, a pesar de haber sido coordinador del último programa electoral, no ha tenido reparo en este año de renegar de dos posiciones entonces estelares: el lenguaje duro contra la inmigración y la suspicacia hacia la Seguridad Social, a la que ahora apoya abiertamente. Y aunque ha profundizado el euroescepticismo, ha declinado hacer de Europa motivo de debate. José Manuel Costa MATAR AL PADRE avid Cameron fue elegido hace un año como líder de los conservadores británicos. Según las encuestas, lo ha hecho lo suficientemente bien como para adelantar a los laboristas tras más de una década de mirarles las espaldas. No obstante, persiste una polémica, también reproducida en ABC, sobre cuál debe ser la estrategia del líder de la oposición conservadora británica en su in- D tento de ocupar las bastante incómodas dependencias en el 10 de Downing Street. David Cameron, tras los grandes batacazos cosechados frente a Blair por sus antecesores thatcherianos William Hague, Iain Duncan Smith y Michael Howard, optó desde el principio por un cambio en la imagen desagradable que había venido identificando a los tories desde los tiempos de la por muchos admirada pero por pocos querida Margaret Thatcher. Cameron apuesta fuerte por el sistema público de Salud (NHS) teniendo como prueba de su sinceridad la penosa enfermedad congénita de su hijo Ivan (parálisis cerebral) tratado en hospitales públicos. Cameron también apela a los espíritus ecologistas que en este país pueden ir desde un anarquista de Greenpeace hasta el Príncipe de Gales y a los que los laboristas no han hecho de- masiado caso. Ha advertido a su equipo que procure no hablar de reducciones de impuestos, se ha declarado liberal en lo social (matrimonios homosexuales, política de drogas... y, en fin, ha hecho ver que sus relaciones con Estados Unidos serán más criticas y equilibradas que las de Blair, caricaturizado en medio mundo como perrillo faldero de Bush. Lo único que mantiene casi incólume es el euroescepticismo, pero dado como está el corral europeo, tampoco es nada que vaya a medirse en breve. Todo esto implica lo que puede considerarse una renuncia (o una traición, según el punto de vista) al legado de Thatcher Puede ser. Pero es de imaginar que los jóvenes conservadores al frente del partido, piensan de parecida manera a los jóvenes laboristas de hace tres lustros: que la fidelidad al inmediato pasado solo les había procurado derrotas terribles y la perspectiva de seguir recibiéndolas. De hecho, el programa y la práctica políticos del neolaborismo no tenían precedentes y en buena parte, la financiera, estaban calcadas del thatcherismo. Como decía sobre Tony Blair un secretario de Gordon Brown, ministro de Hacienda y heredero anunciado: Toda mi vida en el partido laborista para acabar teniendo un líder tory En realidad, el asesinato freudiano del padre no es una disfunción, sino una regla general de la política. No hace falta retrotraerse demasiado en el tiempo, es algo que observamos casi cada día. Merkel tuvo ocasión de renegar de su protector Helmut Kohl cuando este se vio envuelto en asuntos financieros poco claros. Ségolène Royal lo ha hecho algo más simbólicamente con el legado de Mitterrand. En nuestro mismo país, el PSOE no ha podido regresar al poder sin haber antes tirado por la borda a muchos personajes pero también muchas ideas y usos del felipismo. En general, todos los periodos democráticos unipersonales (dejemos de lado el caso psicodélico de Berlusconi) acaban consumiendo las fuerzas de su propio partido. Existen muchas razones, desde el hartazgo estético hasta la calcificación de fórmulas políticas que en su momento tuvieron éxito y que de ningún modo pueden ser continuadas por alguien diferente a quien las personificó durante mucho tiempo y aún ocupan el recuerdo cercano. Llegado el momento de la verdad los ciudadanos reclaman ilusiones nuevas. Es una constante del devenir democrático.