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ABC DOMINGO 3- -12- -2006 Nuevas políticas penitenciarias ESPAÑA 31 Todo un síntoma. La organización de los módulos es singular. Cada preso es asignado a un grupo, que tiene su responsable. A diario, cumpliendo con la premisa de que cada acto tiene consecuencias, el recluso es calificado por el funcionario según su actitud. Las notas son normal positivo si es que ha destacado por algo, y negativo en el caso de que cometa alguna falta leve. Semanalmente, esa calificación, ya global, puede ser de favorable normal o desfavorable Tres de estas últimas o la acumulación de negativos supone la expulsión. El modelo rompe la tradición penitenciaria al no clasificar al preso por lo que ha hecho o cómo ha sido, sino por lo que quiere hacer y ser a partir de ahora Después de 20 años, por primera vez puedo decir que la cárcel me ha servido de algo Control del colectivo A todos les interesa especialmente que sus compañeros cumplan con las normas, ya que al final de la semana se hace recuento de negativos El grupo que acumula más es el último en elegir las tareas de los siete días siguientes y eso supone apechugar con la más penosa. Por tanto, es el propio colectivo el que ejerce un control sobre sus miembros, el que llama la atención y en muchas ocasiones corrige conductas. Si es necesario se comunica lo ocurrido a los funcionarios. En este punto cae otro mito carcelario, ya que quien avisa no es visto como un chivato, pues ha actuado en defensa del bien común. Nunca he tenido problemas con compañeros. El trato es muy correcto y aceptan las directrices Lo cuenta un joven de 27 años, ucraniano, de complexión fuerte y que está en prisión por delitos relativos a la inmigración ilegal. Es uno de los jefes de grupo (17 reclusos forman parte de él) además de encargado del equipo de mantenimiento del módulo. Economista de profesión, en su país le esperan su mujer e hijos. Esto no se puede comparar a ninguna otra cárcel explica. Hay respeto, buena convivencia, aunque sigue siendo una prisión La forma de acceder a una jefatura, con lo que supone ejercer un papel de líder, significa también una novedad en la vida carcelaria. Aquí no se conoce la figura del kíe (jefe) que lo es por ser el más fuerte, se ro- en mantenimiento, en informática... Los monitores son también presos con preparación en esos campos. El suelo brilla, no hay ni papeles ni colillas, los ceniceros están vacíos y los cristales impecables. Huele bien; mejor aún, no huele a cárcel, a esa mezcla agria de sudor, suciedad y amoniaco tan característica de algunos módulos penitenciarios. También hay muchas plantas, perfectamente cuidadas. Un dato más: un centenar de personas, algunas con historiales como el ya descrito y muchas con un nivel cultural bajo, comparte el cuarto de baño en las zonas comunes y sin embargo se mantiene limpio. dee de una mafia o tenga mucho dinero; aquí un responsable llega a serlo porque tiene ascendencia sobre el resto, por preparación, personalidad o cultura y pone estos factores también al servicio de sus compañeros. Junto al resto de jefes de grupo, miembros de las diferentes comisiones y los internos que lo deseen participa en la asamblea de representantes que se celebra cada sábado y que es dirigida por un coordinador. Un secretario levanta acta y en ella se plantean los problemas, sugerencias o iniciativas que se deseen. De todo ello se da cuenta a los responsables de la prisión. Al mediodía, en la zona de celdas del módulo- -en muchas de ellas duermen dos personas- -sólo están los encargados de mantenimiento y limpeza. Hasta poco antes, los reclusos que lo han necesitado han tenido tiempo para ducharse y cambiarse de ropa y ya se han reincorporado a sus tareas. Las puertas de todas las habitaciones están abiertas, lo mismo que las de un cuarto- almacén donde los reclusos dejan las pertenencias que no les caben en sus chabolos cuya limpieza y orden llaman la atención. A pesar de las aparentes facilidades, nunca me han robado aquí dice un recluso. Cuando ha habido alguno son los propios presos los primeros interesados en que se aclare y descubrir al culpable, que es expulsado añade un educador. Es belga, ya ha cumplido los 60 años y los 18 últimos los ha pasado en prisión. Medio en broma, afirma ser el primero en España en haber quebrantado una condena Tiene delitos cometidos casi con cada Código Penal que haya estado vigente, algunos especialmente graves e inquietantes. Es difícil verle con el semblante serio. De sus ojos pequeños brota una mirada irónica. Apenas le quedan dientes, pero mantiene un punto de coquetería. En sus largos años en prisión se ha licenciado en Derecho por la UNED. En el módulo se encarga del taller de televisión- -tiene experiencia en medios de comunicación- -y dirige la Comisión de Ayuda Legal, que asesora y ayuda a los internos a redactar recursos y escritos de todo tipo. Desde los 80, han cambiado mucho las cosas en el sistema- -asegura este hombre, toda una autoridad en la materia, aunque sólo sea por sus muchos años de experiencia carcelaria- Sigue siendo una prisión, claro, no un hotel de cinco estrellas, pero es un paso adelante Además de esta comisión, está la de acogida, que ayuda al interno que acaba de llegar a dar sus primeros pasos en el módulo; la de convivencia, que media cuando hay algún conflicto entre reclusos- -está absolutamente prohibida cualquier manifestación de violencia, verbal o física- y la de Cultura y Deporte, que organiza distintos tipos de eventos. Una semana aquí pasa mucho más rápido que un día en cualquier otro módulo dicen los presos. Vamos a seguir adelante, el objetivo es implantar el modelo en toda la cárcel afirma el director del centro, que ha trabajado en el proyecto desde su inicio, en 2000. Los primero es poner en marcha un módulo de iniciación, con menos exigencias, para intentar evitar los fracasos añade. Hay gente que se ha ido o hemos expulsado y que al llegar a otra parte ha intentado ridiculizar a sus antiguos compañeros, hasta el punto de que fuera se les conocía como las fregonas Sin embargo, cuando se les ofrece volver siempre quieren Por algo será. Los buenos días la asamblea y el duchador El día en los módulos 5, 6, 7 y 8 de Mansilla de las Mulas comienza antes de las 7: 30, cuando se tienen que levantar los internos porque a las 7: 45 es el primer recuento y para ese momento tienen que estar aseados y con la celda en orden. El funcionario pasa por cada chabolo y el recluso, que está en la puerta, le da los buenos días La primera vez que les saludaron, casi les da un síncope recuerdan divertidos responsables del centro. Después, el desayuno. A las 9: 45 se reúne todo el módulo con el educador. Los internos plantean sus quejas, dudas, sugerencias y reciben las instrucciones oportunas. Una de las iniciativas atendidas data de hace algún tiempo. Había reclusos que se quejaban de la poca afición al agua y al jabón de algunos compañeros. Las consecuencias en forma de olor son fácilmente imaginables, pero la solución buscada, en cambio, no. Consistió en crear la figura del duchador con potestad para ordenar a cualquiera una ducha de obligado cumplimiento. Problema solucionado. El jueves, ABC asistió a una de estas reuniones- -en el módulo 8, dedicado en exclusiva a toxicómanos- celebrada en convocatoria extraordinaria Se hace en la sala común y los internos se reparten entre las zonas de fumadores y no fumadores. El portavoz de los presos hace una exposición y luego otro interno, muy joven, hace una petición: Por favor, escriba que esto es una cárcel, pero que sabemos convivir; que éste es un módulo tranquilo. Nuestras familias siempre están preocupadas y piensan que este lugar es muy peligroso. Les ayudaría saber que no es así Escrito queda.