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4 OPINIÓN DOMINGO 3 s 12 s 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Sociedad, Cultura y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Nacional) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro Director general: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar EL POLONIO 210 Y EL FUTURO DE RUSIA L POR UN ESTADO VIABLE L Partido Popular ha presentado sus propuestas sobre el modelo de Estado, la organización autonómica y la alternativa a la política territorial del POSE durante una conferencia celebrada este fin de semana. El discurso general de los dirigentes populares ha sido muy crítico con Rodríguez Zapatero, señalado como responsable de encabezar un proceso de ruptura constitucional mediante el pacto con los nacionalistas para transformar el Estado autonómico en otro confederal, que habrá, además, de desembocar en el escenario de una España con varías categorías autonómicas, organizadas conforme al privilegio político y financiero que el socialismo está dispuesto a pactar con los nacionalistas allí donde sea necesario. Ya ha sucedido en Cataluña y desearían lo mismo para el País Vasco. El PP ha puesto este problema del modelo de Estado sobre la mesa de la opinión pública, asumiendo el riesgo de una cierta incomprensión por parte de sectores de la sociedad que no alcanzan a valorar en toda su intensidad los problemas que este momento político representa para el Estado y su repercusión en la vida del ciudadano. Sin embargo, el PP no pisa en falso cuando considera que junto con la inmigración, la seguridad ciudadana, la vivienda, el empleo y la educación, el mantenimiento del Estado autonómico empieza también a ser una preocupación corriente de los españoles. Y está justificado que así sea, porque de la misma manera que la organización autonómica diseñada en la Constitución de 1978 ha sido decisiva para el progreso de España- -dijo ayer Rajoy que si no hubiera autonomías, habría que crearlas -y su bienestar general, las alteraciones, si no quiebras auténticas, que ha introducido el PSOE en el modelo territorial con el Estatuto deCataluña empiezan a ser claramente percibidas como fuente de agravios entre ciudadanos del mismo Estado y como una ruptura de la igualdad entre los integrantes de una misma nación. Lo que está en juego no es la eficacia de un determinado equilibrio de competencias entre el Estado y las Autonomías, sino la continuidad de un modelo de convivencia política y social asentado en principios que, como la cohesión, la solidaridad y la igualdad de derechos, dependen de la existencia de un Estado unitario con capacidad de respuesta. E La evolución de los acontecimientos es preocupante porquesi esteprocesodereformas estatutarias seiniciócon elpropósito de integrar definitivamente a los nacionalismos, el resultado está siendo un fracaso. Perseverar en él sólo aumentará el volumen del fracaso. En Cataluña, los nacionalismos y el propio socialismo catalán contemplan el nuevo Estatuto como una estación de paso a mayores cotas soberanistas. En el País Vasco, las expectativas son aún más alarmantes en la medida en que dependan del proceso de negociación con ETA. Y, en general, allí donde se ha alcanzado un acuerdo con el PP ha sido gracias a la ausencia de nacionalismos relevantes y no sin aceptar ciertas frivolidades historicistas, como la realidad nacional del Manifiesto andalucista de 1919, cita inocua tanto política como jurídicamente, peroexpresivadelaartificiosidad de una parte del actual debate estatutario. Por eso es al PSOE, y cuya finalidad sería garantizar la existencia de un Estado viable, con competencias intocables y que obligue a que las grandes decisiones institucionales se apoyen necesariamente en el consenso de los dos principales partidos. El discurso de clausura de Mariano Rajoy situó con acierto la causa inmediata de esta crisis del modelo de Estado en la ruptura del consenso constitucional por parte del PSOE. Otra causa, más lejana, consistió en entregar al nacionalismo un protagonismo desproporcionado como contraprestación a su lealtad constitucional, que nunca han respetado pese a cobrarse el precio de su hegemonía en el País Vasco y Cataluña. Es tranquilizador que Rajoy comprometa su oferta de consenso no sólo ahora, que está en la oposición, sino también cuando el PP recupere el poder, pues, como dijo al término de la conferencia de su partido, seguiremos necesitando el consenso Así es, sin duda, y hace bien Mariano Rajoy en no dar pie a confusión alguna sobre la disposición futura del PP a volver a los pactos de Estado con el PSOE, porque es la mejor manera de que la derecha democrática de este país contribuya a superar los lesivos efectos del mandato de Zapatero sobre la estabilidad constitucional de España y la viabilidad del Estado como garante de libertades, derechos y progreso común. LA DICTADURA CUBANA TOCA A SU FIN L A ausencia de Fidel Castro en las celebraciones del 50 aniversario de la Revolución sólo puede interpretarse como un síntoma del agravamiento de su estado de salud. El régimen cubano no ha sido nunca un ejemplo de transparencia, no es de extrañar que en estos delicados momentos vaya a informar adecuadamente a sus súbditos, al menos mientras no tenga más remedio, ni siquiera sobre los detalles de la salud de quien, de todos modos, sigue gobernándoles. Hasta en estos momentos, Fidel cuida de la escenografía como un genio de la propaganda La perorata de un aparatchik como Carlos Laje diciendo que no habrá transición puesto que lo que se prepara es la continuidad es la expresión de esa perplejidad en la que se encuentran los partidarios de un sistema basado en el pensamiento, la voluntad y los designios de una sola persona, en el momento en el que las limitaciones biológicas aparecen inexorables e indiferentes a sus planes políticos. A Castro le podrán salir imitadores como Hugo Chávez en otros países, pero lo que no conseguirá nadie en Cuba es mantener un sistema que hace muchos años que debería haber desaparecido. Ni los petrodólares que le regale Venezuela, ni las ollas arroceras chinas, ni ningún otro desvarío lograrán seguir manteniendo a los cubanos aislados del mundo cuando Fidel Castro haya pasado a la historia. El ofrecimiento que hizo su hermano Raúl a Estados Unidos de negociar nuestras diferencias es en principio un buen síntoma. Las malas relaciones entre los dos países y algunas de las excepcionalidades que se han consolidado en las últimas décadas tienen su origen en las características dictatoriales del régimen de La Habana. Puesto que la dictadura está tocando a su fin, parece natural pensar que hay cosas que les interesa resolver tanto a Washington como a La Habana, aunque no sea más que para regular la avalancha migratoria que se puede producir- -en las dos direcciones- -el día en que en Cuba se convoquen elecciones libres. Si Raúl no fuera consciente de que las cosas van a cambiar en el interior, no tendría ninguna necesidad de negociar nada con Estados Unidos, porque sabe que sin cambios tampoco a Washington le interesa. Y para los que en los últimos tiempos han querido apoyar o comprender a una dictadura trasnochada y han dado la espalda a los demócratas cubanos, les quedan aún unos cuantos desfiles a los que asistir antes de volver a la sensatez de los principios que deben defender todos los partidarios de la libertad, aunque tengan que acordarse de la gran ocasión que perdieron de haberse quedado callados. A realidad supera a veces la ficción. En el caso de Alexander Litvinenko, el antiguo espía del KGB envenenado en Londres con Polonio 210, la mezcla de elementos se parece al guión de una película de acción: sustancias radioactivas, hoteles de lujo y cómplices oscuros forman parte de una historia que nos devuelve a los tiempos no tan lejanos de la guerra fría. Vivimos en la sociedad del riesgo y este caso lo confirma sin lugar a dudas, aunque lo fundamental en estos momentos es mantener la calma y no contribuir a propagar la psicosis. Hay más de 33.000 pasajeros de transportes aéreos afectados, entre ellos un buen número de españoles (aunque, según los datos disponibles, ninguno de ellos ha necesitado hacerse análisis) Son 18 las personas hospitalizadas y se confirma que también está contaminado el profesor italiano al servicio del Parlamento de su país que se reunió con Litvinenko. Al parecer, agentes rusos llegaron a Londres camuflados entre los hinchas de un equipo de fútbol de Moscú que jugaba un partido internacional en la capital inglesa. No cabe olvidar, por supuesto, el asesinato hace pocas semanas en su casa de Moscú de una conocida periodista, disidente respecto de las autoridades actuales de la Federación rusa. Es una mezcla explosiva de datos que confluyen en la persecución implacable contra quienes pretenden ejercer una labor de oposición en la antigua superpotencia. Rusia sigue siendo el país más extenso del mundo, dispone de un arsenal nuclear relevante y controla determinadas fuentes de energía imprescindibles para la economía mundial. Una población desmoralizada, víctima del despotismo secular de una u otra ideología, y un mosaico de pueblos y nacionalidades dibujan un panorama confuso a corto y medio plazo. La presión sobre países como Ucrania o Georgia- -antiguos integrantes de la URSS- -y la reacción desmedida contra el terrorismo checheno alimentan un nacionalismo autoritario que influye sobre unos gobernantes educados en la peor escuela totalitaria. Ocupan hoy el Kremlin, con Putin a la cabeza, antiguos miembros del aparato soviético cuya política pretende combinar el desarrollo económico con las querencias propias de una superpotencia que se resiste a dejar de serlo. Occidente, pragmático por su dependencia del gas natural, mira para otro lado cuando se habla de derechos humanos en aquel inmenso territorio. Pero tales precauciones no hacen más que reforzar la sensación de impunidad de un régimen que no garantiza las libertades y confunde el mercado con la lucha entre clanes económicos. Estados Unidos y la UE deben exigir al gigante ruso un comportamiento acorde con las reglas más elementales del Estado de Derecho, así como proteger la seguridad de sus ciudadanos, afectados, en el caso del polonio, por unos métodos que empeoran las atrocidades de otros tiempos. Una guerra fría practicada sin escrúpulos es el peor escenario posible para un mundo donde ya circulan sustancias radiactivas sin el más mínimo control.