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ABC SÁBADO 2 s 12 s 2006 Debate sobre la Guerra Civil y la memoria histórica CULTURAyESPECTÁCULOS 87 La memoria no vale como guía para el conocimiento del pasado Santos Juliá s Historiador y catedrático de la UNED ma un concepto ficticio, un espejismo, un tremendo y profundo error. ¿Qué opina Santos Juliá sobre el rescate de la memoria histórica? Todo depende de cómo se definan los conceptos de memoria histórica y colectiva y no es cosa de entrar ahora en ese debate. En mi opinión, la memoria no vale como guía para el conocimiento del pasado; la memoria es un vínculo personal, subjetivo, con un pasado personal o de grupo que da sentido a la acción presente del sujeto que recuerda. Por eso, siempre va de la mano del olvido. Y por eso, tampoco puede ser materia de una ley. De hecho, el proyecto de ley del gobierno no se llama, ni podría llamarse, de memoria histórica: sobre las memorias, sean personales o colectivas, no legislan más que las dictaduras o los regímenes totalitarios Al autor de Memoria de la guerra y del franquismo (Taurus) -su nuevo ensayo- -siempre le ha parecido erróneo, injusto y abusivo tildar a los españoles de amnésicos: Una sociedad que produce un volumen tan colosal de letra impresa (en prensa, revistas, monografías, manuales, novela, ensayo... sobre un acontecimiento de su pasado como la Guerra Civil, ni se ha olvidado ni está enferma de amnesia. No hay nada de raro en que un acontecimiento como la Guerra Civil se recuerde y despierte el interés de sucesivas generaciones de españoles que se vuelcan sobre ella para interrogarse por sus causas y sus terribles efectos Sostiene Juliá que la generación de los llamados niños de la guerra decidió echar al olvido la guerra de sus padres en un sentido muy específico: Destruyó el mito que había saturado su memoria y en su lugar la definió como inútil matanza fratricida A partir de ahí se pudo poner en marcha un proceso de reconciliación que difuminó y acabó por borrar la línea que dividía a los españoles en vencedores y vencidos. Creo que debemos al coraje moral de esa generación la posibilidad de mirar hacia adelante sin quedar bloqueados por el pasado: ese fue el propósito de echar al olvido una guerra de la que todos se acordaban muy bien Tras dirigir el Congreso sobre la Guerra Civil, el lunes presenta su nuevo libro: Memoria de la guerra y del franquismo Juliá habla sobre la memoria y de lo injusto de tildar a los españoles de amnésicos ANTONIO ASTORGA MADRID. Dice Santos Juliá que el mito de la Guerra Civil como salvación de España desapareció hace tiempo: Desde el momento en que empezaron a publicarse investigaciones sobre los orígenes y el desarrollo de la guerra, que coincidió aproximadamente con el abandono, por parte de los obispos y del clero católico, allá por los años sesenta, de su definición de la guerra como cruzada ¿Ya no hay miedo ni temor al pasado en la piel de toro, pues? Si el miedo al pasado hubiera dominado nuestra vida política, no habríamos sido capaces de instaurar y consolidar un régimen democrático en un tiempo relativamente breve y con un coste relativamente bajo- -expone el catedrático- No, no creo que el miedo pueda explicar nuestro reciente pasado; lo cual no quiere decir que en algunas zonas donde las huellas de la guerra son más profundas no persista todavía cierto temor a hablar abiertamente del pasado Desde que asiste a coloquios, congresos o ciclos sobre la guerra- -y ha pasado ya más de un cuarto de siglo- -Santos Juliá nunca ha visto utilizar el recuerdo de la contienda como arma arrojadiza: Este problema surge cuando se intenta utilizar la guerra o sus recuerdos como arma del combate político del presente; es decir, cuando se hace política de la historia Para el hispanista Stanley G. Payne, la memoria histórica o colectiva es en sí mis- Sobre memorias impuestas ¿Qué recuerda el español al hablar de guerra y dictadura? Las memorias son personales o, todo lo más, institucionales: la Iglesia, por ejemplo, recuerda a sus mártires y los nietos de los vencidos a sus abuelos fu- silados. La cuestión no es qué recuerda cada cual sino que todas las memorias puedan convivir. Eso requiere un dificil ejercicio que consiste en no absolutizar el recuerdo ni querer imponer al otro una memoria común, falsamente colectiva: las memorias colectivas suelen ser memorias impuestas para congelar un pasado Semprún dijo, en el Congreso organizado por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, que la guerra popular en defensa de la República fue justa, pero no santa Juliá está por completo de acuerdo con la primera afirmación: Es, con otras palabras, la posición de Manuel Azaña. La República no tuvo más remedio que hacer la guerra iniciada contra ella; pero, al hacerla, no pudo evitar que también en el territorio leal se cometieran crímenes: ninguna guerra es santa. ¿No se pudo evitar? Podría aceptarse que, dada la voluntad de acabar con la República en la que participaban poderosos sectores de la sociedad española, la guerra fue inevitable. Pero llevada al extremo esta afirmación suprime el problema de las responsabilidades que un historiador no puede soslayar Los dos lados tienen que perdonar a los otros y pedir disculpas públicamente Edward Malefakis s Profesor de la Universidad de Columbia ció en un momento muy crucial de la Historia en el cual el sistema democrático capitalista atravesaba una crisis muy grande, tanto de legitimidad como de efectividad y estaban cayendo los regímenes democráticos por todas partes- -explica el hispanista- Y emergían dos tendencias autoritarias: la fascista y la comunista. Lo que hizo la República- -todo un ejemplo para el resto del mundo- -fue luchar contra el fascismo y esto dio esperanza. Creo que es una lástima que por razones complicadas y muy equivocadas las grandes democracias europeas no apoyaran a la República como normalmente hubieran hecho, pero actuaron contra natura Según Malefakis, España ha ofrecido en tres ocasiones de su historia grandes esperanzas al mundo: La lucha contra Napoleón, la resistencia activa de la República frente a la ola fascista que crecía en el mundo y el admirable ejemplo que dio de la Transición a la democracia Sobre el debate de la memoria histórica, Malefakis cree que la ley es buena: No hay que olvidar que salimos de cuarenta años de una censura muy grande e intensa que obstaculizó el conocimiento de la verdad sobre la Guerra Civil. La ley es buena, pero debe llevar una fecha de caducidad. Es decir, que no debe durar más de veinte años o a lo máximo treinta. Pienso que cuando llegue el centenario de la Guerra Civil debemos dar por terminada la ley, porque desgraciadamente la recuperación de la memoria histórica al final resucita episodios de la guerra y creo que tenemos que llegar a una posición en la que los dos lados tienen que perdonar a los otros, pedir disculpas públicamente por las equivocaciones y las cosas que hicieron ¿Qué tipo de disculpas? Me parece que la derecha tiene bastante más motivos para pedir perdón que la izquierda- -dice- La derecha tiene que reconocer de una vez para siempre Pionero junto a otros grandes hispanistas en el estudio de la España del siglo XX, asegura que la ley de memoria histórica debe tener caducidad: 20 ó 30 años A. A. MADRID. ¿Por qué tuvo tanta repercusión en el mundo la guerra fratricida española? se pregunta el hispanista Edward Malefakis, profesor de la Universidad de Columbia y director de una obra colectiva sobre la Guerra Civil: Porque acae- que no había justificación suficiente para comenzar la guerra, aunque la República no estaba marchando muy bien y tenía crisis Malefakis denuncia que se suele olvidar el periodo de posguerra- -una parte de la guerra- -en el que la represión de Franco fue terrible de verdad. La derecha española está en contra de cualquier negociación con ETA por ser una cosa terrible, con lo que yo también estoy completamente de acuerdo. ETA ha asesinado a 850 personas, mientras que la represión posbélica franquista causó entre 45.000 y 50.000 muertos. A los revisionistas les diría que en la primavera del 36, a causa de las matanzas políticas, murieron 370 personas. Y los revisionistas actuales lo utilizan como una justificación para atacar a la República por su debilidad. Sería beneficioso que la derecha pida perdón porque con esa confesión pueden atraer a mucha gente Del mismo modo, Malefakis entiende que la izquierda debe pedir perdón por los crímenes de Paracuellos: Allí lo que pasó fue un momento de pánico en el que los republicanos de menor categoría decidieron llevar los prisioneros a otro sitio. Y deben pedir perdón por la matanza de tantos eclesiásticos, algo completamente opuesto a la política de la República. La izquierda se puede beneficiar reconociendo sus errores