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86 CULTURAyESPECTÁCULOS SÁBADO 2 s 12 s 2006 ABC Cuando Juan Ramón Jiménez le puso la voz y la palabra a la Música de otros El ultimísimo Cervantes, Antonio Gamoneda, presentó el libro que recoge las traducciones hechas por el de Moguer de sus poetas huéspedes y bienhechores MANUEL DE LA FUENTE MADRID. Ayer en la Residencia de Estudiantes se juntaron el hambre (de poesía) con las ganas de comer suculenta y juanramonianamente. El menú, un exquisito manjar, la edición de Música de otros (Galaxia Gutenberg, con ilustraciones de Eduardo Arroyo) volumen que agrupa las traducciones de otros poetas que el de Moguer fue realizando a lo largo de su vida. Juan Ramón Jiménez lo intentó en varias ocasiones, pero nunca pudo dar forma editorial a todas estas traducciones que constituyen, sin duda, el libro de sus afinidades electivas y selectivas, un puñado de textos, muchos de ellos inéditos y otros remotamente escondidos, que recorren ahora el bulevar literario gracias al empeño y la paciencia de la profesora Soledad González Ródenas, editora de la obra. Puestos a elegir, Juan Ramón por supuesto que se puso manos a la obra y fue incorporando a este curioso y trascendente corpus nombres de coetáneos y también de predecesores en la aventura poética universal, hasta constituir una tripulación que ayudó al Nobel español en su genial travesía lírica. Una tripulación heterogénea y variopinta presentada en orden cronológico tal y como el poeta fue enrolándola de Shakespeare a Ezra Pound, de Rosalía de Castro a Poe, pasando por Leopardi, Yeats, Baudelaire, T. S. Eliot, Emily Dickinson, Pierre Lou s, Shelley, Ibsen, Verlaine... habitantes todos de la biblioteca preferida del autor de Platero y yo O como señaló González Ródenas, recordando las propias palabras del vate onubense: Los poetas aquí traducidos constituyen la familia intelectual de Juan Ramón, son sus huéspedes y bienhechores gracias a los cuales renueva su visión (y su misión) de la actividad poética, y que en otras oca- Antonio Gamoneda, ayer durante la presentación de la obra en la Residencia de Estudiantes siones le valen para asegurarse de que anda por el camino acertado. Cosas del destino, o de los jurados, digamos que pasaba por allí, por la Residencia de Estudiantes, Antonio Gamoneda, ligero de equipaje (que los premios aunque vayan de dos en dos no pesan, sino que dan alas) también él ocasional traductor y admirador y heredero de Juan Ramón Jiménez. Este libro- -explicó el último Cervantes- -me ha magnetizado, y quiero subrayar que para mí es un libro de creación más que de traducción. Y lo dice un devoto lector de Juan Ramón, lo dice un poeta, no un especialista Por lo que se lee en Música de otros Juan Ramón hizo mucho más, bastante más que IGNACIO GIL Mandolina (Verlaine) Los que dan las serenatas y las bellas que los oigan cambian su insulso decir bajo las cantantes frondas. Está Tirsis, está Aminta, está Clitandro sin hora, y Damis que a una cruel tal verso tierno coloca. Sus chaquetillas de seda, sus largas faldas de cola, su elegancia, su alegría, sus blandas y azules sombras, torbellinan en el éstasis de una luna gris y rosa. Y la mandolina charla en la brisa temblorona. repetir partituras mecánicamente en sus traducciones. También Gamoneda lo corroboró: Sus traducciones no son simple literalidad, lo que él hace es un nuevo poema en español. Su trabajo no significa igualdad entre la versión original y la traducción, lo que significa es equivalencia. Las traducciones literales no valen, se trata de crear un poema equivalente en nuestra lengua. En definitiva, creo que la poesía debe ser traducida siempre por poetas Como en este Música de otros. Traducciones y paráfrasis un libro de poesía al cuadrado, al cubo o a la enésima potencia, la de Juan Ramón multiplicada por la de sus maestros y camaradas del verso.