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ABC VIERNES 1- -12- -2006 87 El camino de los ingleses recuerda, más que narra, el verano de un grupo de jóvenes a punto de doblar una esquina fundamental de su vida. A pesar de que hay pedazos autobiográficos en la película, Banderas ha querido dirigirla con cierta distancia. Ésta es una película distinta, donde me ha apetecido mantener una cierta frialdad. Yo no quiero pedirle una lágrima a nadie en esta película. No me interesa. Yo me enfrentaba a un final de película que se desarrolla en doce minutos, donde se mueren tres personajes, se separa otro y otro termina en la cárcel, y si yo me pongo a apoyar emocionalmente todo ese momento, yo hubiera perdido la película por el caño del lavabo. No quería implicarme emocionalmente con las cosas que vamos viendo, que van ocurriendo a una velocidad de vértigo, ni meter violines. Quería reflexionar más que sentir Una de las palabras que más ha repetido Banderas estos días es libertad Sus diecisiete años en Hollywood, asegura, le han permitido comprar esa libertad con la que ha realizado este proyecto. El precio que ha tenido que pagar, confiesa, ha sido quizás hacer algo que no tenía por qué haber hecho. Pero El camino de los ingleses es el uso de esa libertad que he comprado, como lo fue en su momento irme al teatro y hacer Nine u otras muchas cosas que vengo haciendo en los últimos años. Resulta un poco chocante oír que ahora estoy haciendo lo que me da la gana; no es exactamente así, pero sí me estoy dando permiso para meterme en terrenos que creo que están dentro de mí y que tengo la sensación de que suman, de que no restan Cuando uno se concede a sí mismo una libertad, existen muchos peligros- -añade- Y yo, al hacer El camino de los ingleses donde simplemente me he dejado llevar, y ya viendo los resultados que he obtenido, sé que algún arañazo me voy a llevar. Pero volvería a repetirlo todo otra vez desde el principio. Estoy absolutamente satisfecho del resultado final, porque es un resultado honesto, en el que no he tratado de engañar a nadie; e incluso ahora, en la promoción, en la que muchas veces uno trata de conducir al público a ser comedores de palomitas, no lo estoy haciendo. Estoy diciendo la verdad. La gente se va a encontrar con una película exigente, que va a pedir al público que se dé permiso, que invierta, y que se relajen y se dejen traspasar por la película, porque yo creo que si entran al juego, hay premio Está convencido de que en Estados Unidos nunca hubiera podido haber hecho esta película. Tras su estreno, participará en varios festivales, de donde saldrá su distribución internacional. Asegura que no tiene ninguna expectativa respecto a la taquilla ni a lo que dirán los críticos. He tratado de desligarme porque las expectativas son la madre de todas las frustraciones. Mi única expectativa es seguir desarrollando mi lenguaje, de seguir trabajando como director y de que lo que he hecho en El camino de los ingleses tenga una continuidad. Estoy impaciente por volverme a poner detrás de una cámara Más información sobre la película: http: www. elcaminodelosingleses. com El camino de los ingleses España 2006 118 minutos Género- -Drama Director- -Antonio Banderas Actores- -Alberto Amarilla, María Ruiz, Félix Gómez, Raúl Arévalo, Fran Perea, Marta Nieto, Mario Casas, Juan Diego El estéril sendero hacia la madurez JOSÉ MANUEL CUÉLLAR Para quien no lo sepa, y aunque no lo crean, Antonio Banderas es un hombre de teatro, fundamentalmente de teatro, metido en los vericuetos intelectuales, cultos, ajeno a los zorros, guerreros decimoterceros y niños ñoños. Así que en cuanto tiene ocasión corre hacia su origen, que es el tren Málaga- Madrid, sus quince mil pesetas y la fila de atrás en el teatro Español. Viene a cuento porque hay que comprender esto para entender El camino de los ingleses un trabajo complejo, con cierto tinte intelectual, difícil y arriesgado, muy arriesgado, valiente, como es el mismo director. Es un sendero de la adolescencia hacia la madurez, lleno de sentimiento, de colorido y de simbolismos, quizás demasiados para la gente de a pie, que verá con recelo el trabajo, difícil de deglutir, admirable en su intención y desarrollo, pero con claves poéticas que pueden atragantarse al receptor. La película posee calidad y mucho talento en los actores (gran trabajo de Fran Perea, aparte de la solvencia de Amarilla y la ya clásica genialidad de Juan Diego, uno de los grandes de nuestro cine) pero sobre todo lo que tiene es ciertas dosis de desesperanza en ese perfil bien dibujado de los personajes. Aunque la narración sea excesivamente lenta en demasiados tramos, en otros se acelera con una sola mirada o una simple frase. Y están todos bien esbozados para un final poético abierto. Uno, visto lo visto con la mirada de Antonio, se reafirma en lo que ya pensaba sobre la vida real: mejor no iniciar ese camino de los ingleses (de Antequera, según el director) madurar es una sosería, un aburrimiento y una horterada. Mejor quedarse en la adolescencia. Es más divertido, más inteligente y, sobre todo, mucho menos peligroso.