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ABC VIERNES 1- -12- -2006 El PP pregunta a Jordi Sevilla si tolerará las amenazas de Regàs a los funcionarios 81 Antonio le tiene ordenado a sus amigos que cuando le llegue esa fecha, y cuando Antonio Gamoneda empiece a decir bobadas, lo que tienen que hacer es meterme entonces una toalla mojada en agua en la boca para hacerme callar. Se han dado casos de grandísimos poetas que han llegado a la vejez y se han empeñado en decir tonterías sin saber que decían tonterías El hombre nacido en Oviedo en 1931, pero afincado en León desde 1934, está porfiando en la actualidad con sus memorias de infancia, un estupendo proyecto literario que discurre hasta el día en el que cumple doce años: Cuando empieza a aparecer en mí la capacidad de conocimiento coincide con los años de la Guerra Civil y de la posguerra, que se las trajo también Su observatorio fue un barrio obrero leonés, objeto de una brutal represión social: Desde niño oía los llantos, los gritos, la desesperación de las mujeres solas en la madrugada, a las dos, a las tres, cuando sacaban a los maridos de sus casas. No es extraño, por lo tanto, que mi poesía esté en la perspectiva de la muerte. Nació en ese momento y en ese lugar La poesía y la vida se han formado en Gamoneda aferradas a las marcas del sufrimiento que, en la infancia, recayó sobre su existencia y la de tantos otros españoles: el sufrimiento derivado de la orfandad, el desgarramiento de la guerra civil y la pobreza. Sin esa vida dura dura vida el autor de Libro del frío concede que su vida habría sido diferente. Ya no le duele demasiado esa dureza vital porque su poesía nace de un estímulo de material musical Esculpe Gamoneda su poesía con un profundo amor a la vida. Así está edificada la poesía de Gamoneda, que acepta de la crítica que considere que su poesía está en la perspectiva de la muerte: Y añado que sí, que está en la perspectiva de la muerte. Si no supiésemos que vamos a morir puede que la Seis de los once miembros del jurado firmaron la candidatura de Gamoneda La polémica ha vuelto a sobrevolar el fallo del premio Cervantes. Según pudo saber ABC, algunos miembros del Jurado sintieron malestar ante la circunstancia de que seis de los once miembros del Jurado habían firmado previamente la candidatura de Antonio Gamoneda para el premio Cervantes, hecho que se hizo público en la rueda de Prensa a preguntas de los periodistas. Los firmantes fueron Sergio Pitol- -premiado el año anterior- Juan Gelman, Olvido García Valdés, Clara Janés, Juan Mayorga y José Antonio Pascual. Gamoneda había obtenido ocho votos en las cuatro primeras votaciones y siete en la última y quinta, donde fue elegido por mayoría. Finalistas resultaron Juan Marsé y Juan Goytisolo- -propuestos por la Real Academia, junto a Carlos Bousoño- -y Ángel González. Matute, Nieva, Carmen Iglesias eran también candidatos. El resto del jurado, presidido por Víctor García de la Concha, lo completaban José Rodríguez, José Miguel Ullán y José Antonio Muñoz Rojas, que no asistió. Caballero Bonald no era candidato este año. poesía no existiese. Pero esa poesía en la perspectiva de la muerte está hecha desde el amor a la vida, que interior y exteriormente necesito que sea más justa y hermosa para el porvenir; no para mí Porque la poesía de Gamoneda no está programada: No conozco mi pensamiento poético hasta que no me lo dictan mis propias palabras con la realidad, reconocible en términos generales, pero esto, aún cargado de buena voluntad, en términos de concepción poética, histórica, es regresivo y hasta reaccionario. Formalmente reaccionario hay que subrayar y no me estoy refiriendo a las intenciones. ¿Por qué? Porque estar en la tradición de la poesía española es estar en ella para hacerla avanzar, no para hacerla regresar Antonio Gamoneda- -para quien la poesía es radicalmente individual o irremediablemente subjetiva, como decía Sastre -no ha tenido nunca relación de grupo o de tendencias. Tampoco cree en generaciones: Son un invento simplificador de los enseñantes y los espíritus Pero sí tiene poetas de cabecera: el simbolismo francés, Mallarmé, Rimbaud, Garcilaso, San Juan, Góngora, García Lorca- el gran poeta de la primera mitad del siglo XX -y Claudio Rodríguez- el gran poeta de la segunda mitad del siglo XX Como los grandes toreros, don Antonio Gamoneda se retira a eso de las seis y media a su habitación para vestirse él y su poesía de luces, en la intimi- dad de un blues en Madrid. Una hora después, la Reina le entregaría, en el Palacio Real, el premio Reina Sofía. Con premio o sin premio, mi poesía hoy no es mejor que ayer otorga un creador que asegura que todos los poetas son de minorías: Y yo más que ninguno Homenaje a Doña Sofía Antonio Gamoneda se acercó ayer a la Reina cogido de la mano de una criatura a la que amo y para la que necesito y espero un tiempo más generosamente entendido y, en consecuencia, más bello que el que yo he tenido que vivir. Porque este pequeño ser es en mi poesía el símbolo creciente de ese futuro más bello Emocionada por las cariñosas palabras del poeta, Doña Sofía rompió el protocolo y se acercó a felicitar al poeta por su premio (Cervantes) en el día de su premio (el Reina Sofía) y a acariciar y besar a la nieta del poeta, Cecilia, símbolo creciente del futuro más bello La salud de la poesía: regular Rodeado del calor de su familia, ¿qué es lo primero que se le pasó por la cabeza nada más recibir el premio Cervantes? Nada absolutamente- -aclara el poeta- con independencia de algo que es necesario: este premio comporta una alegría, una iluminación en mi modo de estar en la vida y en la poesía Se le pide un diagnóstico sobre la poesía española actual y el galeno Gamoneda escruta una salud no de hierro, sino regular y se incluye en ella: Pienso que es hegemónica una actitud en relación con la poesía que está cargada de buena voluntad y que consiste en que la poesía se atenga a un lenguaje normalizado, comunicable Andrés Sánchez Robayna Poeta CECILIA O UN NUEVO CUESTIONAMIENTO L ugar o espacio de un cerrado cuestionamiento de lo visible. Tal es, en Gamoneda, el espacio de la escritura. Espacio dramático, pues aparece fundado en el dolor. Un dolor, por lo demás, asociado para siempre a la herida de la memoria y al horizonte de la muerte. Espacio de la escritura, así pues. No de la estrofa, ni del verso, pues son éstas categorías ya inservibles para Gamoneda, al menos en sus acepciones más comunes, aquellas que por su peso histórico quedan vinculadas a determinados automatismos literarios que, a pesar de su prestigio, han acabado por hacer perder a aquellas formas su potencia originaria. Es preciso, dice Gamoneda, redescubrir el espacio de lo poético. Ya no se trata de una intención de poesía, sino de un hallazgo, de un encuentro de lo poético, en relación con el cual quedan sobrepasadas determinadas constricciones, determinados pesos muertos. Es preciso advenir a nuevos ritmos. Y hacerlo en una palabra que se ha desprendido por completo de su función informativa, denotativa, para ser puro ahonda- miento, puro cuestionamiento. El libro más reciente de Antonio Gamoneda es una escritura llamada Cecilia, que en 2004 publicó la Fundación César Manrique en una bella edición. Además de encontrarnos ante formas metamórficas de aquel ahondamiento (la escritura es siempre, para Gamoneda, metamorfosis) asistimos aquí a un nuevo cuestionamiento, aquel mediante el cual el dolor y la herida se trasmutan en hilo de esperanza ante la gran cadena del ser. Estaba ciego en la lucidez, pero tú has hecho girar la locura. Todo es visión, todo está libre de sentido Visión, libertad de sentido, escritura que sabe cuestionar sus propios fundamentos para llegar a trasmutarse en una nueva libertad. Un nuevo cuestionamiento. Un nuevo estremecimiento.