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4 OPINIÓN JUEVES 30 s 11 s 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Sociedad, Cultura y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Nacional) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro Director general: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar FRAGA, HOMENAJE MERECIDO M LOS OBISPOS Y ESPAÑA L A Conferencia Episcopal Española presentó ayer su instrucción pastoral Orientaciones morales sobre la situación actual de España en la que los obispos realizan un importante análisis de múltiples cuestiones sociales y políticas y del que forman parte unas reflexivas valoraciones sobre el terrorismo, los nacionalismos y la unidad nacional. El documento está impregnado de una constante actitud de matices y moderación, en la que no falta la autocrítica por los católicos que han contribuido al oscurecimiento de la fe y al desarrollo de la indiferencia y del agnosticismo teórico y práctico en nuestra sociedad Con estas premisas, los obispos españoles proyectan una visión moral de la situación de España, encabezada por la reivindicación del papel que asumió la Iglesia Católica para favorecer la Transición de la dictadura a la democracia y, posteriormente, el consenso constitucional. Sin duda, tiene razón la jerarquía católica al denunciar la injusticia de tachar a la Iglesia como peligro para la democracia cuando fue un actor principal- -y así ha sido reconocida- -de la implantación y consolidación del régimen democrático. Sin embargo, la Conferencia Episcopal asume con realismo el laicismo creciente, así como la desconfianza y el rechazo a la Iglesia Católica, lo que hace aún más relevante, por su sinceridad, este documento pastoral. El momento elegido para hacerlo público es, sin duda, el adecuado, precisamente por la enorme tensión que vive la sociedad actual entre las tendencias de lo que podría llamarse modernidad y los valores morales que propone la Iglesia católica, que ésta defiende como fruto de la razón natural, más que como dictado de una determinada enseñanza confesional. Un reflejo de este problema se encuentra en el estudio sobre los universitarios españoles, realizado por la Fundación BBVA, y según el cual los jóvenes sitúan a los sacerdotes en el último lugar de la escala de confianza, por detrás de los militares y los políticos. Este dato no es incongruente con la desconfianza hacia la Iglesia, que los obispos españoles constatan y reconocen en su documento pastoral, pero es, sin duda, preocupante que las nuevas generaciones hayan desarrollado de tal mane- ra ese juicio negativo sobre el clero, lo que, por otro lado, no se corresponde con el protagonismo de la Iglesia Católica en la defensa de valores tan asociados- -al menos teóricamente- -a la juventud como los Derechos Humanos, la igualdad, la defensa de los inmigrantes y el amparo a los más necesitados. La instrucción también aborda cuestiones políticas, con un previo compromiso de la Conferencia Episcopal con las instituciones democráticas, las autoridades legítimas y las leyes justas declaración especialmente necesaria para que nadie se sienta amparado por la jerarquía católica para promover actitudes de discordia civil o de deslegitimación del sistema democrático. En este sentido, las valoraciones de la pastoral sobre la situación política actual son firmes y críticas- -como las que se refieren a leyes sobre la familia, la memoria histórica o los riesgos para la libertad religiosa- pero eluden cualquier tono de crispación y los argumentos en bruto para ofrecer, en su lugar, reflexiones muy ponderadas que merecen ser tenidas en cuenta. El terrorismo es tajantemente condenado a partir de un rechazo moral absoluto que lleva a los obispos a negar legitimidad a cualquier negociación que transforme a los terroristas en interlocutores políticos o conduzca a resultados distintos de la desaparición de su organización. Toda una admonición ética al Gobierno socialista, que se complementa con el rechazo al nacionalismo independentista y violento y la defensa de la unidad nacional, que los obispos hacen descansar en la antigua unidad espiritual y cultural de todos los pueblos de España Si bien es cierto que, por primera vez, los obispos igualmente reconocen en principio, la legitimidad de las posiciones nacionalistas que, sin recurrir a la violencia, por métodos democráticos, pretendan modificar la unidad política de España Los obispos no han eludido ningún tema, por espinoso que fuera. Y a pesar de que la hostilidad laicista pretenda otra cosa, la Iglesia Católica es una voz autorizada por representar el sentimiento religioso mayoritario en la sociedad española y por su papel principal en la historia de España. CHOQUE DE TRENES CON TURQUÍA L temido choque de trenes entre Turquía y la Unión Europea se ha producido ya, probablemente antes de lo que muchos esperaban. Aunque se llame proceso de negociaciones el Gobierno turco debe saber que en realidad lo único que puede negociar son las fórmulas para acomodarse a las condiciones de adhesión, pero en ningún caso regatear sobre el fondo de las mismas. La Unión Europea es un traje al que se han adaptado veintisiete países, y si Turquía sigue queriendo entrar en este guardarropa no puede pretender que se le haga ahora un corte a medida. De lo contrario, no habría bastantes sastres en Bruselas, ni en Estambul, para estar continuamente tomando medidas particulares para cada país. A Turquía se le ha exigido que proceda a ratificar el llamado Protocolo de Ankara, que extiende los compromisos que ya tenía con los antiguos Quince- -en el marco del acuerdo de libre comercio- -a los diez nuevos miembros de la UE, incluyendo a Chipre. Ya se sabe que Ankara tiene una sensibilidad específica con esta isla, parte de cuyo territorio ocupa militarmente, pero esa no es la discusión que está actualmente en juego. Intentar que se haga una excepción con Turquía en un asunto tan específico como el reconocimiento de uno de los estados miembros de la UE es algo que no se puede admitir sin poner en peligro la aceptación por parte de otros países de elemen- E tos también importantes del acervo comunitario. La posición de la Comisión Europea, tratando de dar una salida de última hora para que Turquía reconsidere su posición, puede juzgarse como constructiva dadas las circunstancias, pero la oferta de Bruselas no puede rebasar el marco de las condiciones que han sido utilizadas para los demás países. Tratar de evitar ahora el choque de trenes a través de un apaño de circunstancias no haría sino aplazar un encontronazo que se produciría, tal vez, en circunstancias más desfavorables para todos. El camino que tienen ante sí Turquía y la Unión Europea antes de llegar a la admisión de este país como miembro de pleno derecho estará lleno de situaciones como ésta, en las que se van a producir contradicciones entre los intereses particulares de Ankara y los condicionamientos que impone su pertenencia a la organización en la que pretende ingresar. Por ello, es preciso establecer cuanto antes las coordenadas en las que habrá que hacer frente a tales problemas, que no pueden ser otras que las derivadas del respeto al marco comunitario en el que conviven ahora 27 países, pese a sus diferencias. Turquía se ha sentido agredida porque ha visto las exigencias europeas como una imposición. No se equivoca. Se trata exactamente de eso, de obligarle a adaptarse a las formas y criterios que impone la pertenencia a la Unión Europea. Y no al revés. ANUEL Fraga Iribarne, que recibió ayer en Madrid un merecido homenaje, figura desde hace casi medio siglo entre los actores más destacados de la historia política de España. A partir de una brillante preparación académica y profesional, Fraga saltó a la vida pública durante la última etapa del régimen de Franco, como ministro de Información y Turismo y como expresión de un sector reformista que anunciaba los nuevos tiempos. Protagonista de momentos emblemáticos en la Transición- -como la presentación de Santiago Carrillo en el Club Siglo XXI- -y ponente constitucional en calidad de líder de Alianza Popular, la hora de Fraga llegó en 1982 al recoger los restos del naufragio de UCD y convertirse en líder de la oposición a Felipe González. Realizó desde entonces una labor determinante para vertebrar el centro- derecha sociológico en un partido de corte reformista, haciendo suya la ideología liberal- conservadora, entonces en pleno auge bajo los gobiernos de Reagan y Thatcher. El PP refundado es, sin duda, la mejor criatura política de su presidente fundador, que supo también ceder el paso a José María Aznar en el momento oportuno y abrir un nuevo periodo de su vida como presidente de Galicia, donde ha concitado reiteradamente el apoyo electoral mayoritario, aunque haya sido insuficiente- -por muy poco- -en las últimas elecciones. La huella que Fraga ha dejado en Galicia está a la altura de un personaje con maneras propias de gobernar, exuberante en las formas, a veces desmesurado, pero siempre riguroso en los contenidos. Todo un ejemplo de animal político en el sentido aristotélico, nacido para la vida pública y para el ejercicio de cargos de responsabilidad, que acompaña con la publicación permanente de libros y artículos, miles de discursos e intervenciones públicas y una aportación permanente de ideas al debate sobre la teoría y la práctica del poder. La carrera de don Manuel culmina por ahora como senador designado por el Parlamento de Galicia. Desde su nuevo puesto sigue presente en los medios con lúcidas declaraciones sobre los asuntos de cada día, siempre desde el apoyo inequívoco a las posiciones reformistas y a una concepción abierta de la derecha política, sin rigidez ni dogmatismo. Valiente siempre, incluso en sus errores (entre ellos, la postura de su partido en el referéndum sobre la OTAN) su figura es fiel reflejo de la combinación de una formación sólida, principios inequívocos y capacidad táctica para buscar el éxito de acuerdo con las circunstancias. Con 84 años recién cumplidos, la personalidad del político gallego sigue siendo un filón para imitadores y humoristas, un modelo para los políticos que defienden la España constitucional y un personaje reconocido desde casi todos los sectores políticos. Fraga ha sido profeta en su tierra, lo que constituye una singular excepción en este país, al que ha servido con todas sus fuerzas.