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62 MADRID MIÉRCOLES 29 s 11 s 2006 ABC AL DIA SE DICE, SE COMENTA Guadalupe Bragado no lo tiene fácil en Leganés, donde ha sido objeto de una de las críticas más machistas que se ha escuchado últimamente en esta Comunidad. La candidata del PP, lejos de recibir disculpas por parte del PSOE o de su secretario general en Madrid, Rafael Simancas, por las alusiones a su foto de cuerpo entero tiene que soportar a diario la rabia nada contenida de sus adversarios políticos, que no se andan con chiquitas. La CARTAS DE LOS LECTORES candidata electoral del PP no se arruga y sigue plantando cara. En Madrid se espera con expectación la campaña de imagen que, previsiblemente, llevará a cabo Miguel Sebastián para pasar del anonimato más absoluto entre los madrileños a que se hable de él. Hace cuatro años, Trinidad Jiménez echó mano de la famosa chaqueta de cuero, que tanto dio que hablar. ¿A qué recurrirá Miguel Sebastián? La respuesta, próximamente. Pueden dirigir sus cartas a ABC: Por correo: C Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid Por fax: 913 203 356. Por correo electrónico: cartas abc. es ABC se reserva el derecho de extractar o reducir los textos de las cartas cuyas dimensiones sobrepase el espacio destinado a ellas. Manuel de la Fuente Yo creía en el alcalde de Madrid Yo creía en el alcalde de Madrid Alberto Ruiz- Gallardón, jamás pensé que fuera a empeñar el Ayuntamiento de la capital y cerraba los ojos ante sus despilfarros: obras del metro, soterrar y demás trabajos en la M- 30... pero ni demostrándomelo me lo quería creer. Decía de él que era una persona cabal, que sabía perfectamente lo que hacía, que al igual que yo tenía que renunciar a una bañera de hidromasaje y conformarme con un plato de ducha, él también sabía hasta donde podía llegar. Cuando subió el IBI, lo defendí diciendo que era un impuesto que había quedado desfasado y había que actualizarlo. Pero la subida que pretende darle al impuesto de vados no tiene defensa posible, simplemente me parece una estafa, ¿no lo es multiplicar por mil un impuesto? Lo peor es que la deuda municipal sigue creciendo (esta subida sólo la atenuará momentáneamente) y habrá que seguir subiendo impuestos. El gasto se le ha ido de las manos y no tiene ninguna solución. Pero lo más triste es que aunque quisiera castigarle no puedo, no existe un candidato que pueda resolver el problema. Así que Gallardón, cuando votemos el próximo año, no piense usted que ha ganado, sino más bien que hemos perdido todos los madrileños. LUCECITAS Y SOMBRAS ue dicen los que hacen las cuentas aquí en la Ciudad de las Lucecitas de Navidad (más conocida el resto del año como Madrid) que estas próximas fiestas me voy a gastar la bonita cifra de 858 euros en celebraciones variopintas, ya sea en la versión juguetero- infantil, la etílico- gastronómica o la lotero- suertuda. Y, lo que aún parece peor, no es que me lo vaya a gastar yo, sino que usted va a hacer otro tanto de lo mismo si es fiable (que seguro que lo es) un reciente estudio de la Federación de Usuarios- Consumidores Independientes (FUCI) Lo de las Navidades se está convirtiendo en un cuento con un final que no hay manera de digerir. No es cuestión de religión ni de religiosidad, es cuestión de simple sentido común que ya se sabe que no suele ser el más común de los sentidos. Lo que uno daría por encaramarse al Meteosat una de estas próximas noches para no perderse desde las alturas el espectáculo de las lucecitas, los islotes de voltios y de amperios en ese mar de pobreza y necesidades que es todavía una buena parte del planeta. El caso es que está usted sentadito frente a su ordenador y el terrorífico runrún, como la marabunta, ya hace días que ruge: ¿Dónde hacemos la cena de Navidad? Y ni siquiera estamos en diciembre. Aquí, y la presidenta la primera, nadie llega a fin de mes, pero en llegando estas fechas nadie escapa al dispendio. Los fanáticos e iluminados de Oriente deben flipar con nuestras costumbres. Vaya, vaya con estos occidentales, dirán mientras se mesan las barbas, y luego dicen que si les subimos el precio del petróleo. Mientras por estos lares Jesucristo duerme el sueño de los justos, olvidado en un rincón, sus seguidores y fieles se llenan los mofletes de turrón, mazapán y polvorones. No sé en su pueblo, pero aquí, en la Ciudad de las Lucecitas de Navidad, el agravio comparativo es de los de órdago a la grande. Qué importa. Vivimos tiempos para el fingimiento, tiempos otra vez de fariseos. El día que el hombre sea libre, escribió León Felipe, la política será una canción. De momento, ya tenemos el vídeo. Lucecitas y sombras. Miguel Ángel Redondo Bastante Autobuses nocturnos a Parla La frecuencia de los autobuses nocturnos de la línea N- 806, Madrid- Parla, es tercermundista comparada con la de los municipios vecinos y de semejante tamaño de población (más de 90.000 habitantes) Desde las doce de la noche y hasta las seis de la mañana sólo existen cinco míseras salidas de Madrid a Parla- -con las siguientes franjas horarias: 0.15, 1.30, 2.30, 3.45, 5.00 h- -que convierten en toda una aventura desplazarse a la capital en transporte público y, por ende, regresar posteriormente. No es este ningún aliciente que invite a dejar el coche en casa, quien lo tenga, y coger el transporte público. La patética línea N- 806 no es sino un reflejo de las graves carencias en materia de transporte público que tiene el municipio de Parla en su comunicación con Madrid o los municipios de alrededor, pues la población desde hace años crece rápidamente al calor de los nuevos desarrollos urbanísticos pero las infraestructuras de transporte público siguen siendo las mismas de siempre. Alejandro Calle Hernández Q DE SAN BERNARDO La poda llega por fin a Alcalá de Henares La otoñal poda de los árboles se ha retrasado este año a casi Navidad debido a la bonanza climática y la lluvia que mantenía las hojas verdes. Ahora que un manto de hojarasca alfombra el suelo, la campaña ha comenzado en el barrio de El Val de Alcalá. DIMES Y DIRETES Agustín Agustín Cerezales Cerezales LA PÉRTIGA DEL FUNAMBULISTA omentos, distantes en el tiempo, de personas que pertenecen a una misma familia: una colección de instantáneas. Cada una de ellas arrastra la narración hacia un mundo autónomo, hacia las vicisitudes, los estados de ánimo, la vida de una persona en concreto en un momento determinado, sin más relación aparente con las demás que el ir, no dándose cuenta necesariamente, en un mismo barco. Culpas, ilusiones, fracasos, éxitos, acciden- M tes y aventuras a veces conectan entre sí, a veces no, a veces sólo a través de una misma cadena de azares. No hablemos más del argumento. Además, sería inútil, porque depende, el argumento del cual uno podría hablar, de por dónde empiece a tirarse del hilo. Instantáneas, sí: éste hubiera podido ser el título del libro, sin más. Fulguraciones, intersecciones entre las dos perpendiculares que gobierna el funambulista, la del tiempo que se fue, la del tiempo que lo mira. Mientras uno se va, y el otro llega, se dibuja una línea sin fin: podríamos remontarnos a Adán, o proseguir hasta el omega, en la sucesión de tiernas, heridas minucias irrevocables que se nos presentan. Pero la vida del hombre, si queremos contarla, hay que suspenderla entre dos instantes. El arte, a veces, no es más que saber detenerse en el momento justo. Por eso el arte, como la vida, le debe siempre algo a la suer- te. Hay un personaje, el del niño superviviente al atentado de Londres, que me parece clave. Tuvo suerte. Mala y buena, por ese orden. Y se la transmitió al libro, que sin él- -ya sabrán ustedes por qué, cuando lo lean- acaso tampoco existiría. El propio niño es consciente sin serlo, porque es él quien necesita mirar, antes que nadie, todas estas fotografías. Es él quién, por buscar un sentido, acierta a dárnoslo. Y acaso venga de él- -sentimos latir su corazón- -ese impulso de pautar, de asumir la riada ingobernable. Hay una emoción estética que me importa subrayar: la rara elegancia de la composición, entendida la palabra elegancia como eficacia narrativa. Berta Tabor- -de soltera Bensadón- -es un nombre nuevo. Éste es un primer libro. No lo parece. Se enfrenta a la complejidad de su materia con la pulcritud de una araña tejedora. No hay estridencias, no hay golpes de efecto, sino un suave desenvolvimiento que va atrapando matices, profundidades, emociones que quedan temblando en el aire, como el tesoro de una gota de rocío. Dibujo ingrávido, muy frágil y muy resistente, que puede, que podría menguar o podría crecer sin desdecirse nunca. Emerjo de la lectura bañado en un paisaje mental, en una sensibilidad. No estoy ante una pared plana, ante un mapa de posibles averiguaciones, sino dentro de una evidencia que se ofrece delicadamente, sin renunciar a sus difuminaciones, a sus claroscuros. Tres dimensiones. El ruido y el fondo de la historia europea, el pálpito de las distintas sensibilidades individuales, enfrentadas a sus destinos particulares pero sutilmente trascendidas por el río común de la sangre que corre por las venas y del tiempo que sopla por los horizontes. Cierro el libro, cierro los ojos, echo atrás la cabeza, y respiro hondo.