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ABC MIÉRCOLES 29 s 11 s 2006 Arranca el tripartito de Montilla ESPAÑA 17 Maragall da el relevo a un emocionado Montilla, uno de los otros catalanes Un cordobés accede a la Generalitat con un discurso humilde y ante el desdén de CiU MARÍA ANTONIA PRIETO BARCELONA. Inexpresivo, tímido y poco dotado para el sentimentalismo, José Montilla se emocionó ayer en su toma de posesión como presidente de la Generalitat tras recibir la medalla del cargo de manos de Pasqual Maragall. La solemnidad del momento- -con el Salón Sant Jordi del Palau de la Generalitat repleto de políticos, personalidades y familiares- el abrazo que recibió de Maragall y la larga ovación del auditorio quebró el temple del nuevo presidente del Gobierno catalán, quien se llevó la mano al pecho en señal de agradecimiento y compromiso. Entre los asistentes, los padres del nuevo presidente de la Generalitat. Gente humilde que llegó de Córdoba con lo puesto y que ayer vio superadas sus expectativas respecto al sueño catalán Juntas, en primera fila, las esposas de Maragall y Montilla, reflejo también de dos mundos: uno que ha movido los hilos durante décadas y otro que ha tomado el poder sin complejos y sin avisar, dispuesto a demostrar que se puede estar al frente de la más alta institución catalana sin haber nacido en Cataluña y sin hablar un catalán correcto. El patriotismo de Montilla es un patriotismo de piedra picada que no necesita ser proclamado y que no viene de los padres resumió Maragall en su discurso de despedida, haciendo alusión al patriotismo social que dice defender el nuevo presidente de la Generalitat. Si algún recelo conserva Maragall por la forma en que ha sido desalojado del Palau supo ocultarlo, ya que alabó el rigor, el sentido del deber y del país de su sucesor. ellos aplaudió el discurso de despedida de Maragall ni las primeras palabras de Montilla como nuevo president Maragall se puso a disposición de su sucesor- siempre estaré a vuestro lado aunque no quiso despedirse sin hacer mención al desgaste que ha sufrido en estos tres años. Le queda, dice, el orgullo y la satisfacción del trabajo hecho y, sobre todo, la reedición de su gran apuesta: el tripartito. Ausencia de Zapatero Tras prometer el cargo y agradecer a Maragall su generosidad humana y política Montilla tendió la mano a la oposición y se comprometió a ejercer su responsabilidad como el más humilde de los servidores del pueblo de Cataluña Señaló que su prioridad serán los sectores más desvalidos y explicó que sus consejeros se deberán a una pauta de comportamiento: Pensar ordenadamente, actuar racionalmente y atender cálidamente El dirigente cordobés echó mano de unos versos de Salvador Espriu contenidos en La pell de Brau para reiterar su compromiso absoluto con el pueblo catalán: Si te llaman a guiar un breve momento del milenario paso de las generaciones, aparta el oro, el sueño y el nombre. No esperes nunca dejar recuerdo, ya que eres tan sólo el más humilde de sus servidores. El desvalido y el que sufre por siempre son tus únicos señores Quien se perdió los versos del poeta fue el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, quien se limitó a enviar al acto de toma de posesión de Montilla a los ministros Jordi Sevilla y Joan Clos. Zapatero sí asistió a la toma de posesión de Maragall, aunque en diciembre de 2003 la complicidad entre el socialismo catalán y el PSOE era total. Marcelino Iglesias fue el único presidente autonómico presente en el acto y Patxi López puso la cuota vasca. Sí se dieron cita en el Salón Sant Jordi los más altos representantes de la clase económica catalana, con Isidre Fainé y Joan Rosell a la cabeza. Tal vez como muestra de que las cosas han empezado a cambiar, Montilla se saltó la tradición y no salió a saludar desde el balcón que da la Plaza Sant Jaume. Y, tal vez también como muestra de que el PP está dispuesto a acentuar su perfil, Josep Piqué no cantó ayer Els Segadors Montilla, ya presidente, entre Maragall y Benach YOLANDA CARDO NOTAS AL MARGEN Miquel Porta Perales Reproches a CiU En más que directa alusión a los temores expresados por el líder de CiU, Artur Mas, Maragall subrayó que Montilla estará a la altura del cargo. Uno de los otros catalanes será presidente celebró el líder socialista, hurgando así en la herida abierta en algunos sectores de Convergència. La carrera política de Montilla revela, en opinión de Maragall, que somos una nación fuerte, que confía en sí misma En las primeras filas, y soportando el chaparrón, la plana mayor de CiU, con Artur Mas al frente. También asistió al acto el ex presidente Jordi Pujol. Ninguno de EL HOMBRE DEL SACO osé Montilla, nuevo presidente de la Generalitat de Cataluña, llega al poder con una pesada mochila en la espalda. En el interior de la talega está el fiasco de la primera versión del tripartito, el fracaso electoral del socialismo catalán que ha perdido la cuarta parte de sus J votos, el triunfo electoral de una CiU que transmite con éxito la idea según la cual no gobierna por culpa de las malas artes de unos partidos interesados únicamente en la supervivencia política, la incómoda compañía de ERC e IC, un gobierno autonómico que- -más allá de la idoneidad de las personas- -paga la correspondiente cuota de partido, familia, sexo y comarca. Y dentro de la talega está también el escaso entusiasmo que Zapatero siente por el nuevo viejo tripartito así como el mal recuerdo de un ministro de Industria- -elevado a la categoría de presidente de la Generalitat de Cataluña: a eso se llama sacar rédito de un capital inexistente- -que no hizo (o hizo mal) los deberes del cargo. Montilla, el hombre del saco en la espalda, ha conseguido una segunda oportunidad para el tripartito. ¿Qué futuro? El tripartito durará si, prietas las filas a mayor gloria de la permanencia en el poder, elude motivos de conflicto interno como la construcción de grandes infraestructuras y la revisión de una política lingüística que margina y sanciona el uso del castellano. Si a lo largo de la legislatura ninguno de los miembros del tripartito obtiene más réditos políticos que los otros, el tripartito- -aquejado del síndrome del match ball que lleva a no arriesgar más de la cuenta: en definitiva, un gobierno débil y poco resolutivo- -permanecerá en el poder (con José Montilla en el vértice) como dicen en Italia, cual culo di ferro pegado a un sillón.