Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
4 OPINIÓN MIÉRCOLES 29 s 11 s 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Sociedad, Cultura y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Nacional) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro Director general: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar LAICISMO Y SÍMBOLOS RELIGIOSOS U LA CREDIBILIDAD DE LA OTAN L A cumbre que desde ayer celebran los jefes de Estado y de Gobierno de la Alianza Atlántica en la capital letona, Riga, debería servir para reafirmar el compromiso de la OTAN en la misión más importante que haya tenido entre manos desde su fundación. Más allá de la necesidad objetiva de impedir que un país asolado por decenios de guerra vuelva a convertirse en una base de retaguardia para grupos terroristas cuyo peligro es bien conocido en todo el mundo, Afganistán representa para la OTAN el mayor desafío para su credibilidad. De nada serviría seguir sosteniendo que la Alianza es la mayor organización militar del planeta si, a pesar de sus medios, no demuestra ser capaz de garantizar la estabilidad de un país relativamente pequeño y al que ha prometido devolver la paz y la tranquilidad en un periodo de tiempo razonable. Aunque las informaciones oficiales tratan de disimularlo, la situación no es fácil para los soldados de la misión de la OTAN (ISAF) en las regiones del sur del país. Sea porque los restos del régimen depuesto de los talibanes se hubieran concentrado allí, huyendo de la presión en otras zonas donde las tropas de la OTAN ya se habían asentado, sea porque el mando militar aliado minusvaloró las dificultades de su despliegue, el caso es que con casi 10.000 soldados sobre el terreno, la OTAN ha tenido que volver a solicitar refuerzos y- -lo que para los militares es mucho más importante- -pedir que las tropas que ya se encuentran en Afganistán puedan intervenir con mayor flexibilidad operativa cuando sea necesario. Esta es la situación que se debate en la cumbre de Riga. No se puede olvidar que los acontecimientos que hicieron que el mundo cambiara tan dramáticamente en los últimos años- -la ofensiva terrorista que culminó con los atentados del 11 de septiembre- -fueron concebidos precisamente en una región donde la OTAN se juega ahora su prestigio. Por ello, la necesidad de llevar el orden y la ley a esa castigada parte del mundo es para Occidente algo que va mucho más allá de una perspectiva humanitaria: se trata de una obligación imperiosa para nuestra propia seguridad y la de nuestros aliados. No es una amenaza abstracta, sino un riesgo, de sobra conocido, que no puede valorarse como una especulación sin fundamento. La OTAN es una organización de defensa colectiva, y si colectivamente decidió cumplir una misión en Afganistán, ahora resultaría una demostración de insolidaridad irresponsable no responder a los requerimientos de contribuir a reforzar la potencia de la ISAF en el sur del país. Algunos socios de la Alianza Atlántica- -que parecen entender que se trata únicamente de una imposición norteamericana- -tal vez cometan el error de tratar de recoger réditos políticos al mostrarse reticentes o tratar de imponer criterios restrictivos en las operaciones de sus tropas sobre el terreno, por encima de un interés común que no es otro que el éxito de la misión. Sin embargo, los miembros de la OTAN están obligados por el artículo 5 de los estatutos de la organización a prestar ayuda incondicional a cualquiera de sus asociados cuando sea agredido, y es la certeza de que este compromiso se cumple lo que le ha dado hasta ahora solidez a la organización. La actitud cicatera de algunos de los socios de la OTAN, incluida España, ante los llamamientos para reforzar la misión en el sur de Afganistán resulta, por lo tanto, incomprensible y contraproducente, más todavía cuando, como es el caso de España, se tienen tropas en aquel país que pueden llegar a ser también atacadas por fuerzas hostiles. La relativa tranquilidad de hoy puede ser mañana un infierno para los soldados españoles desplazados en el oeste de Afganistán, y entonces también nos gustaría saber que los demás aliados están dispuestos a acudir en su ayuda de forma decidida e incondicional. Como se espera de un aliado de verdad. IBERDROLA CRUZA EL CANAL L A opa amistosa de Iberdrola sobre Scottish Power representa una de las operaciones más sobresalientes de las nuevas multinacionales españolas, que vienen consolidando durante los últimos años posiciones de liderazgo en los mercados globales. La apuesta de Iberdrola por una de las grandes eléctricas británicas se ha materializado en pocas semanas y debería concluir, al filo de la primavera, con la creación de una nueva compañía hispanobritánica llamada Iberdrola, mucho más fuerte y con más potencial. Este salto del viejo Duero- -donde medio siglo atrás asentaron su crecimiento Iberduero e Hidrola- -hasta las tierras altas escocesas evidencia, una vez más, la vitalidad empresarial española. La multinacionalización de las compañías nacionales no se refiere ya exclusivamente, es una evidencia, a casos aislados, sino que se inscribe en una corriente de fondo sustentada en capacidades financieras y de gestión que empujan en esa dirección. Iberdrola ha demostrado que pueden plantearse operaciones de adquisición de otras empresas de tamaño sin escándalos ni alharacas. En sectores sometidos a regulación, las fusiones y adquisiciones requieren audacia y prudencia simultáneas, pues necesitan llegar a las ventanillas de los reguladores con claridad, sin conflictos entre las partes y con las tareas muy preparadas. Las posibilidades de crecimiento y expansión del negocio local de cualquiera de las dos grandes eléctricas españolas eran muy limitadas con los criterios que sostienen los responsables de la competen- cia, mucho más restrictivos que los de las autoridades comunitarias, que hoy entienden que el sector energético europeo requiere trans- nacionalidad y mayor dimensión. La operación de Iberdrola es estratégica, sitúa a la compañía en el ámbito europeo y la dota de nuevas capacidades para crecer orgánicamente- -en los mercados en los que ya está asentada- -o mediante nuevas adquisiciones. La nueva empresa suma cuatro mercados: el español, donde es líder o segunda en todos los segmentos; el británico, donde también cuenta con posiciones de cabecera; el norteamericano, donde es líder en energías alternativas, con una plataforma para una gran expansión inmediata y, finalmente, en el resto de América, donde mantiene una posición firme en México y Brasil. En son de paz y con incertidumbres controladas, la operación consolida una gran multinacional en un sector tan importante como el eléctrico y transforma la naturaleza del sector español al situar parte de las facultades reguladoras en el ámbito comunitario, alejada de la estéril politización que viene caracterizando los movimientos corporativos en España. Esta parece una operación tan oportuna como relevante, que abre nuevas oportunidades y que otorga valor a la marca España. Unida a las operaciones de adquisiciones del Santander, de Telefónica y de Ferrovial en el mercado británico, la opa sobre Scottish completa un eje atlántico entre dos de los países grandes de la periferia de la UE que han avanzado de forma más decidida en la liberalización de sus economías, con resultados muy favorables. N colegio de Zaragoza anuncia su intención de no celebrar la Navidad con el argumento de que España es un Estado laico. Romper una tradición de siglos y privar a los alumnos de vivir las fiestas en el ámbito escolar son decisiones muy serias que deberían justificarse (si tal cosa fuera posible) con razones menos peregrinas. Según el artículo 16 de la Constitución, ninguna religión tendrá carácter estatal. Sin embargo, no hay un régimen de separación radical entre Iglesia y Estado que permita una política laicista de separación rigurosa entre ambos y reduzca la religión al ámbito estrictamente privado. Todo lo contrario: las relaciones de cooperación entre el Estado y las diversas confesiones y la ley de Libertad Religiosa son pruebas evidentes de que tales pretensiones no están amparadas por el orden constitucional. En el caso concreto de la Iglesia católica, los acuerdos entre España y la Santa Sede funcionan de forma satisfactoria y son normas de obligado cumplimiento de acuerdo con el Derecho Internacional. La falacia doctrinal que inspira a los responsables del colegio aragonés no se limita al ámbito jurídico ni constitucional. Desde el punto de visto sociológico, la Navidad es una fiesta universal de paz y concordia, transmite su mensaje a todos los hombres de buena voluntad y se celebra en un entorno familiar y social que busca la armonía y el entendimiento. Impedir que los niños disfruten de unas fechas que sirven para difundir estos sentimientos refleja un dogmatismo trasnochado y una nula capacidad pedagógica. La secularización no es obstáculo para la presencia de la fe en la vida pública, lo mismo que el respeto a la libertad de conciencia no está reñido con las fiestas religiosas, las procesiones o las ceremonias en ocasiones solemnes. El Gobierno intenta promover un debate sobre los símbolos religiosos en el espacio público. Aunque las posturas radicales han remitido parcialmente en el seno del PSOE, la pretensión de situar en el mismo ámbito el velo islámico y la cruz de Cristo es inaceptable para la sociedad. El arraigo de la fe católica y su presencia determinante en la historia y la cultura españolas son realidades objetivas que la Constitución reconoce en el artículo 16.3. Además, el crucifijo es un símbolo que identifica al creyente sin ningún tipo de connotación sobre la desigualdad entre el varón y la mujer, mientras que el velo es síntoma de una discriminación que no se corresponde con los derechos fundamentales propios de un Estado democrático. En varios países europeos existe una clara conciencia de esta diferencia, aunque en Francia la fórmula de prohibir símbolos religiosos visibles en la escuela suponga equiparar y dar un trato análogo a realidades muy diferentes. El Gobierno debería reflexionar seriamente y consultar con los especialistas antes de plantear una polémica que puede generar fuertes tensiones sociales.