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ABC MARTES 28 s 11 s 2006 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA SE BUSCA UN CULPABLE COSADO por la evidencia de que la tregua se le escapa de las manos, el Gobierno se ha puesto a buscar un culpable sobre el que descargar su previsible fracaso. ¿ETA? No, por cierto. ¿Batasuna? Tampoco. ¿Los negociadores irlandeses, los anfitriones noruegos, los intermediarios suizos? Frío, frío. Se trata del PP naturalmente, la víctima propicia que ya mostró su potencialexpiatorio cuando fue responsabilizado del 11- M en una magistral operación de agitación y propaganda. Zapatero ha bajado el pulgar para dar la orden y Blanco ha fabricado el acta acusatoria en un víIGNACIO deo con el mejor sello de las CAMACHO producciones Rubalcaba. El vídeo dice unas verdades y oculta otras, como mínimo igual de relevantes. Verdad es que Aznar hizo guiños al terrorismo, que deletreó en mala hora las siglas EmeEle- Ene- Uve que acercó presos y que el PSOE le dio su apoyo. Pero cierto es también que mientras ZP respaldaba el Pacto Antiterrorista negociaba Eguiguren con la misma Batasuna que ese pacto condenaba al ostracismo político, y que el 13 de marzo de 2004 no fue precisamente cariño lo que recibió el Gobierno del PP por parte de una oposición dispuesta a levantarle el triunfo electoral mediante la utilización desaprensiva del mayor atentado de nuestra historia. Eso no sale en el DVD de marras, mecachis, qué olvido tan tonto. Pero da igual. El problema no es lo que el vídeo cuenta, sino lo que significa en sí mismo. Significa que el Gobierno ventea un atentado, la ruptura del alto el fuego, y que en lugar de propiciar una vuelta al consenso que refuerce la unidad nacional ante esa hipótesis macabra, se ha puesto a señalar de antemano a un culpable del eventual naufragio de su estrategia. Si ya fue pernicioso abordar la negociación con ETA sin el respaldo de medio país, sería gravísimo que se mantuviese la fracturaen un escenario deretorno ala violencia. En estos momentos, ETA está en condiciones de hacer mucho daño a la democracia española. No sólo daño físico, que eso siempre ha estado más o menos a su alcance, sino un irreparable quebranto moral, una avería gorda, un verdadero boquete en el fuselaje de la convivencia. Todas las grietas del 11 de marzo, todas las heridas mal cerradas que causó aquel violento shock en la médula nacional, podrían abrirse de golpe si el terrorismo volviese a irrumpir en una escena política dividida por el cainismo. Pero en vez de aplicarse a lograr, no ya el respaldo ahora imposible para la negociación, sino un cierre de filas sin fisuras en el caso de que se rompa la tregua, el Gobierno se dedica a ahondar diferencias señalando falsos culpables desu patentedebilidad. Zapatero está desperdiciando el caudal de fuerza moral que significan los cientos de miles de manifestantes contra el proceso sobre los que bien podría reconstruir sin sonrojo un consenso necesario, y prefiere acusar al PP de sabotaje a su endeble sin acuerdos; quiere prevenir el fiasco con un chivo expiatorio sobre el que cargar el muerto. Ojalá no sea en sentido literal, pero más vale tocar madera. A EL PARADIGMA DE LA TRANSICIÓN YA ROTO PROVECHAR el actual estatuto de autonomía de Cataluña, aunque luego ERC tenga otros objetivos, lo expresa como desideratum Ernest Benach, presidente del Parlamento autonómico de Cataluña. Puestos a escudriñar su afirmación, lo nuevo es que hable de actuar con lealtad institucional. Queda tan lejos y quebrado el paradigma de la Transición democrática que lo original hasta la excentricidad es aceptar la legalidad vigente, y lo usual es avisar de que uno va a saltársela cuando le sea posible. Aunque Benach debía de ser muy joven al darse el avance evolutivo de la Transición, eso no le eximiría de haber hecho un mínimo esfuerzo por entenderla, si no fuese porque, entre otras cosas, la cultura política de ERC es endógena, regresiva y particularista hasta el tremendismo. En cualquier manual de Historia se constata que el catalanismo ineludiblemente se desparrama hacia el monte en las dos ocasiones en que ERC hace acto de presencia. La primera ocasión fue cuando aventajó a la Lliga de Cambó; la segunda, cuando el PSC- PSOE le dio cuerda para marcar terreno frente al pujolismo. Roto el paradigma de la Transición, lo que queda como su vestigio ininteligible es el reformismo, a modo de eslabón VALENTÍ perdido en una evolución de orden históPUIG rico y político. Zapaterismo, primero y segundo tripartitos catalanes se afilian a la ruptura. Eso representa una contradicción flagrante con el pasado y con sus posibilidades de revertirse institucionalmente hacia formas democráticas. Lo ha descrito con claridad y rigor Cristina Palomares en Sobrevivir después de Franco La Transición fue un logro de la reforma y no de la ruptura. En realidad, el dilema real era entre inmovilismo y reformismo, no entre reforma o ruptura. Al final, la evolución interna del régimen hizo posible lo que significaría la Ley para la Reforma Política de 1976, tan tenazmente olvidada por la izquierda rupturista que pedía la abstención en el referéndum que tuvo como resultado un sí ilusionado y confiado de tanta espectacularidad. Lo que no se ha preocupado en entender Benach y lo que queda del rupturismo es que- -como dice Cristina Palomares- -el régi- A men no era un bloque homogéneo y que la existencia de un sector reformista dentro del régimen fue esencial para el éxito del proceso. No era una mera coincidencia que el núcleo reformista surgiera en el auge económico de los sesenta que consolidó una amplia clase media. La reanudación inesperada del rupturismo viene a continuación de una etapa económica altamente positiva y de un ambicioso realineamiento en política exterior. Quizás ésos fueron buenos elementos para reactivar el rupturismo, como si fuese posible olvidar la larga marcha hacia la monarquía, el aperturismo paulatino del régimen de Franco y una evolución social que aunaba estabilidad y prosperidad. La población rural se reducía a la mitad, el turismo se consolidaba, los Seat Seiscientos circulaban de forma masiva. Calaban en España los postulados del Concilio Vaticano II. También aparecía ETA. A inicios de la década de los setenta, Fraga Iribarne habla ya de la teoría del centro, reconoce la inevitabilidad del cambio: como se recuerda en Sobrevivir después de Franco Fraga no rechazaba el orden establecido, pero tampoco lo aceptaba incondicionalmente; veía que el problema era aislar los extremos, a una extrema derecha que no cree en la democracia, a una extrema izquierda que tampoco cree en ella porque no cree en una forma jurídica del Estado En eso estamos, según las apariencias. Vale lo constituido, hasta que uno descubra otro margen de maniobra para sus objetivos. En aquellos años aparecieron los componentes de un consenso fundacional que dimos por permanente en virtud de un pacto de perdón y concordia. Hubo los intentos del asociacionismo, las cenas políticas, grupos como Tácito o Godsa, la progresiva adaptación de la oposición exterior al régimen. El Príncipe alentaba el espíritu transformador de la España en ciernes. Franco muere el 20 de noviembre de 1975 y dos días después Juan Carlos es coronado Rey de España. Es asombroso que páginas tan valiosas para España- -de tanta gloria, realmente- -parezcan hoy hojarasca que se lleva el viento de las nuevas rupturas y de los viejos independentismos. Hay desmemorias para la tragedia y para la parodia. Con Benach y Zapatero, la parodia se descompone por sí misma. vpuig abc. es