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82 CULTURAyESPECTÁCULOS LUNES 27 s 11 s 2006 ABC CLÁSICA Orquesta y Coro de RTVE Obras de Janacek, Sibelius, Guinjoan y TurinasIntérpretes: Orquesta y Coro de RTVE. Luis Esnaola (violín) Carmelo Cordón (recitador) sDirectores musicales: Mariano Alfonso (Coro de RTVE) Adrian LeapersLugar: Teatro Monumental. Madrid Jerry Lee Lewis, rock en pareja Tras diez años de silencio, el Asesino de Luisiana regresa con un nuevo disco, Last man standing que hoy se publica, y en el que canta acompañado por muchos de los grandes del rock POR MANUEL DE LA FUENTE MADRID. De un tipo que se hace llamar el Asesino de Luisiana y no es un sicario sino un pianista se puede esperar de todo. Desde que sea uno de los viejos pioneros del viejo rock and roll hasta que haya tenido tantas esposas que probablemente ni él mismo lleve ya la cuenta. Por el camino, 71 años desde que naciera en una pequeña localidad, Ferriday, de ese estado sureño, este hombre, Jerry Lee Lewis ha escrito unos cuantos clásicos imperecederos como Whole lot of shakin going on (1957, un millón de copias vendidas) Great balls of fire (1957) High school confidential (1958) y ha dedicado media vida a aplicarle el tercer grado a su piano, aporreándolo, según el día, con manos, pies, trasero, llegando incluso hasta hacerlo pasto de las llamas, una noche que se enfadó porque tuvo que actuar antes de Chuck Berry. O sea, que queda claro que Jerry el Killer es un tipo que siempre le ha echado bolas a la vida (hace unos años ya se dejó buena parte del estómago en un quirófano) y a la música, las mismas bolas, de fuego, que sirvieron para titular aquella película que endemoniadamente interpretó Dennis Quaid. Pues bien, este individuo que toca el piano como si fuese una batería (Moby dixit) regresa tras diez años de no decir ni pío, ni esta tecla es mía. Y lo hace con un álbum titulado Last man standing Vieja gloria y El peregrino fueron otros títulos que se barajaron) compuesto por nada más y nada menos que veintiuna piezas. Pero eso no es todo, ya que el viejo y testarudo Jerry Lee no ha querido hacer a solas este nuevo viaje y para ello ha metido en su mismo vagón a unos cuantos santones del rock and roll de todos los tiempos, tal que Jimmy Page, B. B. King, Bruce Springsteen, Mick Jagger, Neil Young, Keith Richards, Ringo Starr y Eric Clapton, sólo por citar a algunos de ellos. El disco es una auténtica fiesta, con bromas constantes entre Jerry y sus colegones, y demuestra que el Killer quizá sólo sea capaz de hacer bien una cosa, esa cosa es el rock and roll y desde luego no se le da mal, pero que nada mal, ni en la tercera edad. Así que el inquilino de Disgraceland (así se conoce su rancho, el Lewis Ranch) se despacha (y hace despacharse) a gusto a todo el reparto, con momentos estelares en el solo de Jimmy Page en el Rock and roll de los Zeppelin, o con John Fogerty reiventándose a sí mismo en Travelin band y hasta con la presencia del toro de Nueva Jersey, Bruce Springsteen, haciendo las segundas voces en su Pink cadillac y jaleando al maestro al grito de C mon now, Killer! Vamos, vamos, asesino Después de todo, cada vez parece más claro que el rock and roll rejuvenece cuando lo interpretan otra vez los veteranos como Jerry Lee Lewis. Que se preparen en el infierno, como él mismo avisó, si un buen día aparece por allí con su piano y sus bolas de fuego. Más información sobre el disco: http: www. jerryleelewis. com Bolas de fuego Jerry Lee Lewis tiene en este disco ilustres compañeros de viaje; concretamente, veintiuno. Con él cantan Jimmy Page, BB King, Bruce Springsteen, Mick Jagger, Ronnie Wood, Neil Young, Robbie Robertson, John Fogerty, Keith Richards, Ringo Starr, Merle Haggard, Kid Rock, Rod Stewart, George Jones, Willie Nelson, Toby Keith, Eric Clapton, Little Richard, Delaney Bramlett, Buddy Guy, Don Henley y Kris Kristofferson) Turina en el Monumental ANDRÉS IBÁÑEZ Lo cierto es que el teatro Monumental tiene un gran encanto. Su cafetería tiene el ambiente de los cines de antaño, y el público parece estar compuesto por viejos conocidos que se sienten allí como en su casa. La falta de sofisticación del lugar, en esta época de columnas de titanio y superficies de acero lavadas con ácido, resulta de lo más refrescante. La orquesta de RTVE está en crisis, su futuro en entredicho. Las informaciones son contradictorias. ¿Se privatizará? Los interesados pueden vivistar la página www. nosinorquestaycoro. com, donde se puede firmar en apoyo de la vieja institución madrileña. Celos de Janacek, es una fallida obertura para su ópera Jenufa una pieza algo ruidosa, aunque como yo no soy un gran fan de Janacek (nadie es perfecto) y la pieza es corta, podemos dejarlo así. Sí soy un gran fan, sin embargo, del concierto de violín de Sibelius, una obra, desde mi punto de vista, de intoxicante belleza. El solista es el joven Luis Esnaola, que resuelve bien las endiabladas exigencias del concierto pero no posee esa personalidad fascinante y arrolladora, esa tántrica mezcla de hedonismo y misticismo. La versión suena demasiado literal por parte de todos los involucrados, sin penetrar en el misterio y en el terror y en su cruel voluptuosidad. La segunda parte está dedicada a la música española. In tribulatione mea invocavi Dominum es una extraña obra de Joan Guinjoan donde el tema litúrgico se adorna con quejidos de las sopranos que parecen gritos de gaviotas y circenses glissandos de los trombones. Pero lo mejor de la noche es una, esta vez sí, radiante, luminosa, plenamente satisfactoria versión de la Sinfonía sevillana de Turina en la que la orquesta y su director, Adrian Leaper, dan lo mejor de sí mismos. Música sensual, melancólica, feliz, multicolor, llena de ingenio, interpretada por unos músicos plenamente identificados con su estilo y con su espíritu. Turina en el Monumental. Monumental. Jerry Lee Lewis, sentado ante su piano JAZZ Dave Holland XXV Festival de Jazz San Juan EvangelistasDave Holland QuintetsLugar: Colegio Mayor S. Juan Evangelista, MadridsFecha: 25- XI Magno Holland Dave Holland daba sus primeros conciertos junto a Tubby Hayes, Kenny Wheeler y Ronnie Scott. Pero ya en aquellos años, el trompetista Miles Davis se había fijado en él. Andaba vivamente emocionado con aquel contrabajista que, con sus múltiples recursos rítmicos, arrancaría la magistral labor de fijación fonográfica de los álbumes In a silent way y Bitches brew En ambos discos se escondían todos los placeres que, más tarde, hemos disfrutado con quienes fueron discípulos- -y son legión- -de Miles Davis; uno de ellos, Dave Holland. La técnica de Holland, de aliento mingusiano, tiene tanto de arte circense como de sortilegio. Y se erige como espléndido ejemplo de que el contrabajo, por su función suministradora de una base armónic, constituye la espina dorsal del conjunto. Verle en acción al frente de su quinteto, constituye una experiencia que trasciende lo musical, un ver para creer marcado por una línea de arreglos para sus composiciones prodigiosa y original. Su propuesta tiene la riqueza y la complejidad armónica del último jazz. Un sonido vivaz que azota con la fogosidad del trombonista Robin Eubanks y encuentra en el tenorista Chris Potter al técnico capaz de dotar de tensión cualquier melodía que emprende. Y está el original pianista Jason Moran, cubriendo la baja de última hora del vibrafonista Steve Nelson; un hombre empleado a fondo en afir- marse y desdecirse de las sustanciosas maquinaciones que propone para cada una de las piezas que acomete. No hay equivalencia entre él y el baterista Nate Smith, demasiado rudo. Hubo de todo. En general piezas extraídas de su reciente álbum Critical mass Del resto me pareció distinguir alguna arrebatada al repertorio de la big band del contrabajista. Un concierto así es injusto para con otros espacios que, con mayor presupuesto, programan jazz en Madrid. Lo del San Juan es puro olfato. No le basta con llenar su aforo; también sabe cuajar conciertos de este calibre.