Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC LUNES 27 s 11 s 2006 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA POLONIO H IGLESIA CATÓLICA E ISLAM ESDE que, en octubre de 1965, Pablo VI promulgara la declaración conciliar Nostra aetate, las muestras amistosas que la Iglesia católica ha prodigado al islam no han cesado. En aquel documento se exhortaba a que cristianos y musulmanes, olvidando desavenencias y enemistades del pasado, procuren sinceramente una mutua comprensión, defiendan y promuevan unidos la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad para todos los hombres Desde entonces, la Iglesia no ha hecho sino promover un diálogo leal con los musulmanes. Hace apenas un año, durante las Jornadas Mundiales de la Juventud celebradas en Colonia, en una alocución pronunciada ante los líderes de la comunidad musulmana en Alemania, Benedicto XVI se reafirmó en los valores del respeto recíproco, de la solidaridad y de la paz recordando que la vida de cada ser humano es sagrada, tanto para los cristianos como para los musulmanes. Execró entonces Benedicto XVI las guerras emprendidas invocando, de una parte y de otra, el nombre de Dios, como si combatir al eneJUAN MANUEL migo y matar al adversario pudiera DE PRADA agradarle Y añadió: El recuerdo de estos tristes acontecimientos debería llenarnos de vergüenza, sabiendo bien cuántas atrocidades se han cometido en nombre de la religión. La lección del pasado ha de servirnos para evitar caer en los mismos errores. Nosotros queremos buscar las vías de la reconciliación y aprender a vivir respetando cada uno la identidad del otro. La defensa de la libertad religiosa, en este sentido, es un imperativo constante, y el respeto de las minorías una señal indiscutible de verdadera civilización También en Colonia, Benedicto XVI condenó a quienes, para envenenar las relaciones entre cristianos y musulmanes, recurren en nombre de la religión al terrorismo. El discutido discurso del Papa en Ratisbona (discutido por los miserables que no se D dignaron leerlo, o por quienes pretendieron manipularlo alevosamente) no era sino un corolario natural de aquella alocución de Colonia. Dios afirmó Benedicto XVI entonces- -es logos razón creadora; por lo tanto, sólo el hombre que piensa y actúa de forma razonable puede llegar a conocerlo en plenitud. La cita de Manuel II Paleólogo que introdujo en aquel discurso no pretendía una descalificación del islam, sino de aquellos que actúan violentamente, tomando el nombre de Dios en vano y contrariando su verdadera naturaleza. Benedicto XVI sabe perfectamente- -y así lo había resaltado en su alocución de Colonia- -que fanáticos que se han amparado en la religión para justificar sus desmanes han existido tanto entre cristianos como entre musulmanes; sabe también que los creyentes razonables, sean cristianos o musulmanes, tienen la obligación de transmitir un testimonio común sobre el sentido de la divinidad y sobre la dignidad inviolable de toda vida humana. La tarea es ardua, y el camino está lleno de abrojos; pero Benedicto XVI está dispuesto a emplear hasta el último depósito de su fortaleza física e intelectual en una empresa tan titánica como admirable. Esa, y no otra, es la razón por la que ha mantenido su proyectado viaje a Turquía. Hubiese resultado mucho más sencillo suspenderlo, aplazarlo sine die, acoquinarse ante los ladridos de los fanáticos que pretenden acallar su voz. En su misión lo anima un Dios que es Logos, el mismo Dios viviente y subsistente, misericordioso y todopoderoso al que adoran los musulmanes. Sospecho que no hallará la interlocución mínima que exige la mutua comprensión entre otras razones porque el islam, a diferencia del cristianismo (que abandonó esta tentación hace ya varios siglos) es un sistema sociopolítico derivado de la politización de la religión y de la tentación de imponerse como dominio sobre las otras religiones. El refrán afirma que dos no discuten si uno no quiere; sospecho que, mientras el otro no quiera, tampoco podrán llegar a un mínimo entendimiento. ASTA que el espía Litvinenko agonizó entre horribles sufrimientos en Londres, víctima de una calculada dosis radiactiva, el único Polonio medianamente conocido era el padre de la neurótica Ofelia, a quien Hamlet estoqueaba detrás de una cortina después de haberlo chuleado intelectualmente en uno de los diálogos más repetidos- palabras, palabras, palabras -del teatro universal. Hoy sabemos que existe un elemento llamado polonio 210 con siniestras propiedades tóxicas y cancerígenas, cuya aparición en el asesinato del ex agente ruso lo incluye por derecho propio no en la historia de la literatura, sino en la de la infamia. El veneno sigue sienIGNACIO do, por lo que se ve, una heCAMACHO rramienta clave en el lúgubre arte de liquidar al prójimo. Ya no se usan las pócimas flagrantes como el líquido vertido en la oreja del durmiente Hamlet padre, ni las terroríficas sustancias con que los valencianos Borgia sembraron el terror en la Roma del Renacimiento antes de recibir, en la persona del Papa Alejandro VI, una ración letal de su propia medicina. Pero haberlo haylo, y es fama que los expertos del antiguo KGB utilizan el sulfato de talio como método habitual de eliminación física; por ahí anda la cara picada del ucranio Yushenko como testimonio vivo de los riesgos de acudir a ciertos banquetes sin el probador de platos que utilizaban los antiguos emperadores, el sha de Persia... y algún suspicaz dictador sudamericano. Ocurre que los avances de la ciencia han sofisticado el veterano procedimiento, al tiempo que casos como el de Litvinenko ponen de manifiesto la enorme vulnerabilidad del sistema ante la desintegración incontrolada del arsenal químico o nuclear del Este europeo. Unos gramos de isótopo de polonio pueden causar una devastación radiactiva de mediana envergadura, y no es preciso señalar hasta qué punto el mercado negro de la extinta URSS pone los derivados del uranio al alcance de cualquier desaprensivo, con o sin turbante. Por alguna razón de índole casi literaria (ah, el viejo y profético Le Carré) suele ser Londres el escenario preferente de ciertos ajustes de los antiguos sicarios del telón de acero, pero la amenaza del Quinto Jinete anda suelta por doquier desde que el terrorismo rompió amarras con los escrúpulos selectivos. Crímenes como el del pobre Litvinenko suelen asociarse con la novela y el cine, pero a menudo es la realidad la que, como señalaba Wilde, acaba imitando al arte. Al poco de publicarse El factor humano de Graham Greene, donde el MI 5 eliminaba a un incómodo sujeto aficionado a la bebida con un destilado de almendras que provocaba un colapso hepático sin huellas, un disidente búlgaro recibió un delicado y anónimo puntazo con un paraguas en una calle londinense. Falleció poco después, víctima de un fulminante síndrome. Y, ya en el plano de lo grotesco, los servicios secretos cubanos descubrieron cierto día en los zapatos de Castro un polvo tóxico que lo hubiera matado después de despojarlo de su emblemática barba. De modo que Putin tendrá o no que ver con este oscuro escándalo, pero seguro que le prueban el menú antes de sentarse a la mesa.