Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC DOMINGO 26 s 11 s 2006 ESPAÑA 31 Álvaro Delgado Gal LA PARTE DETERMINA AL TODO principios de semana, Feijoo nos sorprendió a todos diciendo que los gallegos llevan implantada su identidad en los genes. La metáfora está acuñada en un lenguaje aranista, y nos remite a las fantasías sobre la sangre y la tierra- Blut und Boden -que cultivaron los nacionalismos radicales alemán y francés a finales del XIX y primer tercio del XX. Personalmente, no doy importancia al exceso verbal de Feijoo. Me parece que todo lo que quería decir es que los gallegos no necesitan declararse independientes para seguir siendo muy gallegos. Me han preocupado bastante más las declaraciones que realizó a este diario hará cosa de un mes. Afirmó entonces que la Constitución era funcional o útil para Galicia- -no A recuerdo el término exacto- y que resultaba natural que la última defendiera sus intereses objetivos y egoístas Lo mismo que, en expertización de arte, se identifica a un pintor gracias a cómo están resueltos los pequeños detalles, en política se comprenden muchas cosas atendiendo a las inflexiones retóricas. Para un constitucionalista ortodoxo, el pueblo soberano define su personalidad política a través de un texto fundacional. O sea, una constitución. La última no resulta meramente útil, o meramente funcional. La propiedad de ser útil o funcional conviene a las cosas con las que se establece una relación puramente instrumental. Pero las constituciones no son sólo herramientas. Son cauces, marcos, espacios, en los que se aprende a estar y también a vivir. La idea de que una Constitución ha de ser evaluada conforme a las ventajas que reporta a una entidad colectiva distinta de aquélla que la ha votado, es típicamente nacionalista. Tuve la impresión, en fin, de que Feijoo estaba haciéndose receptivo a la lírica de nuestros disidentes periféricos. ¿Es ello así? No. Al tiempo, estimo que Feijoo ha hecho poco por evitar las dudas, los posibles malentendidos. La causa de mi con- jetura deriva de la situación local de Galicia. Al revés que en Cataluña, al contrario que en Andalucía, los populares cuentan con efectivos suficientes para bloquear la reforma del estatuto. Ello les coloca en una posición de fuerza, pero, a la vez, de máxima fragilidad. Si el estatuto no prosperase por una obstrucción del PP, la campaña que la izquierda desarrollaría contra los populares sería terrible. Éstos serían acusados de traidores, y además, de fascistas rabiosos. E xisten evidencias sólidas de que la izquierda se ha vista tentada a poner el listón muy alto con el propósito de que el PP se vea obligado a decir nones. Galicia tendría que posponer su nuevo formato jurídico, pero se sabría a quién colgar el mochuelo, y la derecha saldría muy mal parada. El escenario evoca poderosamente al reciente de Andalu- Parece que el Partido Popular se dispone a ensayar un Estado Autonómico de segunda- -o tercera- -generación cía. Arenas y Rajoy, sobre los que gravitaba ominosamente el recuerdo del referéndum andaluz de 1980 y del comienzo del fin de UCD, determinaron al cabo tragarse un estatuto que no les gusta, pero que afirman que habría sido mucho peor aún si se hubiese aprobado al margen del PP. En ésas están los gallegos, con la circunstancia agravante que se ha dicho hace un momento. El tono criptonacionalista de Feijoo es la expresión externa de una dificultad topográfica, o si se prefiere, de la situación incómoda en que ha puesto a la derecha la estrategia expansiva de la izquierda. A principios de esta semana, Feijoo aseguró que Galicia seguiría siendo nacionalidad histórica en el preámbulo y en el grueso del texto. El precedente andaluz inclina sin embargo a maliciar que la especie nazón se colará por algún sitio, con un pretexto más o menos folclórico o más o menos mítico. Es vaticinable, igualmente, que el documento tendrá que ser más rompedor que el andaluz. Tendrá que serlo, porque Galicia compite directamente con el País Vasco y Cataluña. No es improbable, en consecuencia, que se pacte algo próximo al Estatut, o situado al menos entre éste y lo que se ha cocido en el sur. T odo esto, por supuesto, es provisional. La hora de la verdad vendrá cuando el Constitucional falle los recursos que se han presentado contra el estatuto catalán. Esa sentencia determinará hasta dónde se puede llegar dentro de la Constitución, y todos, absolutamente todos, querrán llegar hasta donde esté permitido llegar. El propio PP, al apoyar su estrategia en un recurso de inconstitucionalidad, se ha comprometido, de manera implícita, a identificar bueno con constitucional La identificación es peligrosa. Algo puede ser constitucional y a la vez inviable, como sería constitucional, pero inviable, que todo el mundo durmiera sólo dos horas al día. Además, parece claro que el Alto Tribunal se verá forzado a ejercer una lectura de la Constitución poco restrictiva. Tumbar un estatuto que ha sido aprobado por referéndum, es bastante más complicado, ¡ay! que cargarse una ley sobre, qué sé yo, los horarios de apertura de los grandes almacenes. En resumen: parece que el PP se dispone a ensayar un Estado Autonómico de segunda- -o tercera- -generación. La situación territorial ejerce una presión irresistible. En ocasiones, la parte determina al todo.