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ABC DOMINGO 26 s 11 s 2006 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA EL RÍO DE LA DIGNIDAD H EL RECUADRO EL MÉRITO CIVIL DE LA PANTOJA M E lo contaron ayer las lenguas de doble filo. Baja Ibarreche hasta Córdoba, en plan Isabel Gemio, pero sin caravana, y les dice a las víctimas del terrorismo que lo que necesitan es amor. Pero la gente habla de la Pantoja. Las víctimas del terrorismo reunidas en Córdoba son las víctimas buenas Esto es como el colesterol: hay víctimas buenas y víctimas malas. Las víctimas buenas oyen en Córdoba el bolero de Ibarreche, sentimentalón, entre Lucho Gatica y Chavela Vargas: Estamos a tiempo de decir lo siento Las víctimas malas se manifiestan en Madrid. Cuatro gatos bajo cuatro gotas. Pero la gente no habla de eso. La gente habla de la Pantoja. Ha ido a ver a Julián a la cárcel. Los obispos, a las buenas horas de las mangas verdes, dicen las verdades del barquero del Lago Tiberíades sobre el proceso- de- lo- quesea. Por una vez y sin que sirva de precedente no usan el similiquitruqui cobardón del nos, vemos con preocupación cómo en el seno de nuestra sociedad... Se les entiende todo: La justicia quedaría herida si los terroristas lograran sus objetivos por medio de concesiones polítiANTONIO cas, que legitimaran falsamente el ejerciBURGOS cio del terror Pero la gente no habla de eso. La gente habla de la Pantoja. A saber qué papeles ha llevado a Julián a la cárcel. Desde Francia, los que tienen que confirmarlo lo ratifican: las 350 pistolas, 350 (en plan 6 toros, 6) fueron robadas por la mismísima ETA. Eso es lo que dice Francia. Los gabachos mienten más que parpadean. El Gobierno, que es el que maneja toda la información, sabe que en realidad se trataba de pistolas de juguete. El robo no fue en un depósito de armas. Fue en una tienda de Toisarás. Pistolitas de agua, vamos, para que los etarritas chicos se diviertan. Como se acerca la Navidad y los Reyes... Los guardias civiles tienen madre y los etarras tienen hijos, y tienen derecho las criaturitas a que les echen los Reyes. Si las robaron tan pronto es porque esas pistolas de juguete, como salen tanto por televisión, se acaban prontísimo en la tien- da, y después cogen las pobres criaturas etarritas unas llantinas irremediables si no se las traen. ¿Asesinos? ¿Chantajeadores del Gobierno? Quite usted, hombre: estos etarras son unos padrazos. Pero de nada de esto habla la gente. La gente habla de la Pantoja, de la casa de Julián y de Isabel, que dicen que fue un bebedizo de menta y ajonjolí, que fue una noche de luna, que fue una tarde de abril. Por eso habrá que ir pensando en pedir oficialmente la Gran Cruz del Mérito Civil para mi admirada Isabel Pantoja, la excelentísima señora doña María Isabel Pantoja Martín, que tiene tal tratamiento protocolario como Medalla de Andalucía. El Lazo de la Orden de Isabel la Católica, no. ¿Por franquista? ¿Pero qué me dice usted? ¡Qué cortitos andamos de memoria histórica! La costumbre de conceder a las artistas el perifollo isabelino empezó con la II República. El Gobierno republicano se lo dio a Lola Membrives y se lo dio a Antonia Merce La Argentina Era entonces como la Medalla de Bellas Artes ahora. Franco continuó con la costumbre, como, un poner, prosiguió el plan de construcción de pantanos de la República. Se lo dio a muchas artistas de los Jardines de la Granja. A tantas que cuando le llegó el turno a Doña Concha Piquer, la valenciana valiente tuvo los dos corales de rechazárselo al propio Franco, diciendo: ¿Cómo voy a aceptar una medalla que ya se la han dado a pelé, a melé y a la que limpia los bidés? Isabel la Católica es poco. Lo de Isabel Pantoja es digno de la Gran Cruz del Mérito Civil, y en el Día de la Constitución se la deberían dar. ¿Cuánto valen los favores que Isabel está haciendo a un Gobierno que administra la gota de la Operación Malaya conforme le va haciendo falta, de modo que no se hable de otra cosa que de la Pantoja cada vez que el Estado da otro paso hacia su rendición total ante los asesinos? Y ojalá nunca llamen a declarar ni detengan a Isabel Pantoja. Ojalá, porque tal como enchiqueran a una cuerda de presos marbelleros ante cada nueva cesión ante la ETA, como bomba de humo, el día que llamaran a Isabel Pantoja sería señal inequívoca de que el Reino de España ha sido cautivo y desarmado por una banda asesina, Tercer Año triunfal de ZP Año de la Victoria de la ETA. UBIERA sido tentador salir de compras ayer, a media tarde, bajo las sugestivas luces navideñas con que el alcalde Gallardón ha madrugado el cielo revuelto de noviembre, en un Madrid brillante y seductor de escaparates magnéticos y acogedores locales donde refugiarse del viento y de la lluvia. Y sin embargo, eligieron una vez más el lento desfile a la intemperie de la desazón y la amargura, paseando a cuerpo gentil por las calles una serena dignidad enaltecida por el civismo. Van seis, contando aquélla de la agresión fantasIGNACIO ma a José Bono, y las que CAMACHO quedan; quizá se trate de la movilización más larga y persistente de la democracia, si se exceptúan los angustiosos días de plomo y manos blancas del verano maldito de Miguel Ángel Blanco. Un río ciudadano fluyendo sin cesar, con frío o calor, con sol o lluvia; una corriente masiva y caudalosa que mana con la recurrencia de un clamor, sin tregua ni desánimo, en defensa de un concepto moral que le da fuerza y cohesión frente al silencio despectivo con que el poder acoge esta multitudinaria expresión de firmeza. Ay, si fuese la izquierda la protagonista de este pacífico levantamiento popular, la fuerza motriz de esta llamada cívica a los principios de la legalidad, la justicia, la prevalencia del Derecho y la unidad constitucional. No habría Gobierno lo bastante sólido para hacer sin quebranto oídos sordos a una protesta de tanta envergadura, no habría intelectual o artista capaz de mantenerse impávido ni neutral ante el calado de la queja, no habría sindicato capaz de permanecer silente ni plataforma que no reclamase una inmediata respuesta a la voz afligida de la calle. Pero la sociedad española padece una profunda hemiplejía moral, por decirlo con términos de Ortega; vive instalada con la mayor naturalidad en un doble rasero que permite la contemplación inerte de una gigantesca oleada cívica con la misma indiferencia que si estuviese lloviendo tras un cristal blindado. Al fin y al cabo, sólo se trata de las víctimas. Gente que ha sufrido en sus carnes el inmenso dolor de la tragedia, el sufrimiento que amputó sus familias y cercenó de cuajo y sin motivo el horizonte de sus vidas. Gente zarandeada por el drama que ya no puede comprender el esfuerzo deesteGobierno iluminado por un ansia infinita de Un tristeresiduo de la España arcaica y antimoderna tarada para avanzar haciaun futuro sin vencedores ni vencidos. Y sin embargo, siguen ahí. Mes tras mes, otoño tras otoño, invierno tras invierno. Tragándose su desconsuelo y su zozobra, rebeldes contra la resignación, incansables contra el conformismo, inmunes a la indiferencia, a la tibieza y al desapego. Alguien debería preguntarse de dónde sacan la energía para resistir, de qué médula de patriotismo o de justicia brota su coraje, de qué fuente defortaleza civilbrota el río de terca insistencia que empuja a cientos de miles de ciudadanos a desempeñarse como un pueblo en marcha.