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18 ESPAÑA Relevo en la Generalitat SÁBADO 25 s 11 s 2006 ABC Mas escenifica su desprecio personal hacia Montilla en el día de su investidura Un cordobés llega al Palau de la Generalitat con el apoyo de ERC e ICV Á. MARÍN I. ANGUERA BARCELONA. José Montilla, un cordobés de origen humilde llegado a los 16 años a Barcelona, se convirtió ayer en el 128 presidente de la Generalitat de Cataluña, con el apoyo de los 70 diputados del PSC, ERC e ICVEUiA. Tras un debate en el que tanto Montilla como el líder de ERC, Josep Lluís Carod- Rovira, y el presidente de Iniciativa, Joan Saura, se esforzaron por mostrar la cara más social de su gobierno, ayer se dio oficialmente el primer paso para la reedición del tripartito, que el próximo martes será una realidad con la toma de posesión de Montilla y el nombramiento de su gobierno. La falta de química personal y política entre Artur Mas y José Montilla- -similar a la que Jordi Pujol y Pasqual Maragall mantuvieron durante dos décadas- -se puso ayer de manifiesto en la segunda jornada del debate. El trato desdeñoso entre los líderes del PSC y CiU contrastó con la buena sintonía y cordialidad que se estableció entre Montilla y el líder del PP catalán, Josep Piqué, que se ofrecieron consenso pese a fajarse en asuntos tan espinosos como la política lingüística, la inseguridad ciudadana o la inmigración. Un funcionario El líder nacionalista, Artur Mas, acudió ayer al Parlamento catalán en busca de paños calientes para calmar su desconsuelo político. La mano tendida de Montilla puso más sal en la herida, pero lo que de verdad molestó a Mas fue la referencia a su paso por el notario o las alusiones al aislamiento político en que actualmente se encuentra la federación nacionalista. Según Montilla, si CiU no hace autocrítica este aislamiento puede durar muchos años Tras rebajar a Montilla a la categoría de simple funcionario carente de ambición nacional decidido a administrar una gestoría Mas defendió el derecho del pueblo catalán a saber de antemano la intención del PSC y ERC de reeditar el tripartito, un acuerdo que deslegitimó desde el punto de vista moral. Montilla volvió a esgrimir su patriotismo social para refutar las acusaciones de Mas. Usted será presidente y yo no. Le pido que se dedique al edificio, que sea fuerte y sólido, pero también al alma del edificio resaltó el dirigente nacionalista antes de aceptar una oferta de diálogo de Montilla. No obstante, la condicionó a la celebración, en el próximo mes de enero, de un pleno monográfico sobre el despliegue del Estatuto. Pasqual Maragall hace una foto junto a José Montilla, ayer, en el Parlamento catalán deró que aún es necesario aplicar políticas de discriminación positiva en favor del catalán. Yo mismo soy un ejemplo de ello apuntó el futuro presidente de la Generalitat, quien explicó que en casa habla en castellano con su mujer y en catalán con sus hijos. Curiosamente, el debutante Albert Rivera (Ciutadans) fue quien recibió el peor ataque del candidato a la investidura. Rivera, que inició su intervención en castellano, reclamó a Montilla que abandone las políticas identitarias e hizo especial hincapié en la derogación de la Ley de política lingüística. Y topó con el Montilla más rotundo, que le afeó que fuera quien ha dedicado más tiempo a hablar de esas políticas identitarias que no interesan a los ciudadanos El candidato le recriminó, además, una supuesta voluntad de dividir a los catalanes por el uso de una u otra lengua, empeño en el que, según Montilla, han participado algunos medios de comunicación, y le advirtió de que le será difícil, porque en esto seremos absolutamente beligerantes para mantener la unidad del pueblo catalán YOLANDA CARDO NOTAS AL MARGEN Xavier Pericay Agradecimientos tardíos en el adiós de Maragall Pasqual Maragall ha sido, durante los tres últimos años, un político denostado. Desde el 1- N, sin embargo, el impulsor del nuevo Estatuto no ha recibido más que parabienes de quienes hasta hace apenas unos meses hicieron todo lo posible por evitar que se presentara a las elecciones. Con una única excepción, la del líder de CiU, Artur Mas, que ha evitado cualquier elogio público. El presidente del Parlamento autonómico, Ernest Benach (ERC) abrió la sesión de investidura con un reconocimiento a Maragall, que ha marcado también los discursos del tripartito, especialmente de un Montilla empeñado en demostrar que hará honor a su legado. EL GESTOR Y LA NACIÓN Y La batalla lingüística El líder del PP catalán, Josep Piqué, apeló a la condición de castellanohablante de Montilla para pedirle cambios en la política lingüística de la Generalitat. Anular las sanciones a los comerciantes por rotular en castellano o flexibilizar la inmersión en la educación primaria para introducir también la enseñanza en castellano fueron algunas de las peticiones del dirigente popular. El candidato socialista rechazó todas las propuestas lingüíticas de Piqué porque consi- a empieza a ser común, en la política catalana, lo que podríamos denominar el mal perder. Lo inauguró Pasqual Maragall en las autonómicas de 1999 cuando sostuvo durante largo tiempo que el vencedor era él, puesto que había ganado en votos, que no en escaños, a Jordi Pujol. Lo practicó Artur Mas hace tres años, en las autonómicas siguientes, cuando sostuvo que al haber ganado en escaños, que no en votos, le correspondía a él y no a Maragall gobernar. Y lo ha seguido practicando el propio Mas, con más ahínco si cabe, tras comprobar en las jornadas siguientes al 1 de noviembre que el tripartito se reconstituía, a pesar de que CIU era la fuerza vencedora, así en votos como en escaños. Tal vez por ello ayer, en su intervención parlamentaria, el dirigente nacionalista no pudo por menos que recordar al todavía candidato José Montilla que piensa ejercer el liderazgo que le toca por mandato popular Desde la oposición, claro. Y desde el convencimiento de que el patriotismo social invocado la víspera por Montilla es un patriotismo propio de un gobierno de gestoría en la medida en que olvida el alma nacional eso es, los sentimientos, las emociones, los anhelos de la gente Así pues, entre el gestor y la nación andará la cosa a partir de ahora en la política catalana. O entre patriotismos varios. Cuanto más arrecie el factor social en la acción de gobierno, más se intensificará el nacional en la primera fuerza de la oposición. Lo cual no significa que el patriotismo gubernamental vaya a olvidarse de las cuestiones identitarias. Sea como sea, tanto el PP como Ciutadans- -cuyo líder trajo ayer el castellano a la cámara- -deberán acostumbrarse a pescar en estas aguas.