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12 ESPAÑA La negociación ETA- Gobierno s Las víctimas SÁBADO 25 s 11 s 2006 ABC Pilar Elías, en la terraza de su casa de Azcoitia, único reducto seguro para una foto de exteriores Pilar en la paz de Azcoitia No claudica y quiere repetir como concejal del PP en Azcoitia, su pueblo. Pilar Elías participará hoy en la manifestación convocada por la AVT en Madrid y después volverá a su resistencia ejemplar POR BLANCA TORQUEMADA FOTO JAIME GARCÍA AZCOITIA (GUIPÚZCOA) Pilar Elías estará esta tarde otra vez (una más) en primera línea de la manifestación de la AVT en Madrid, junto a otras víctimas del terrorismo. Luego, emprenderá el camino de regreso a Azcoitia, donde vuelve a presentarse a las elecciones, un paso difícil y necesario. Lleva va ya andadas varias legislaturas como concejal del Partido Popular en su pueblo natal, en el que cualquier ejercicio de libertad política y ciudadana estorba al totalitarismo nacionalista y, cómo no, a la reinserción del cristalero En el valle del Urola, la cuna de San Ignacio, apenas se mira hacia fuera, como cabría esperar de la vocación abierta y universal del Santuario de Loyola (reconvertido por algunos en guarida de citas indeseables) sino hacia las tripas de un victimismo identitario perennemente insatisfecho. Sopla un viento fuerte y cálido que preludia lluvia. Azcoitia (10.492 habitantes, con gobierno municipal del PNV y sólo dos ediles constitucionalistas, Pilar por el PP y un representante del PSE) es una localidad silenciosa y algo destartalada. Más fabril que monumental, aunque no le falten una hermosa iglesia de portada barroca, la de Santa María la Real, ni rotundas casas solariegas. La cristalería está aún cerrada, a mediodía, y la concejal aguarda a los periodistas en su piso, en la segunda planta. En la sala (después de superado en la puerta el férreo y necesario control de sus escoltas) desgrana su día a día asediado por la putrefacción moral y condicionado por la falta absoluta de libertad. Se lamenta de la carrera de obstáculos para elaborar las listas electorales, una dificultad corregida y aumentada en esta ocasión: Ha muerto de repente un buen amigo que me ayudaba en todo, me preparaba los documentos y los papeles para el notario. Ahora me ha dicho María San Gil que no me preocupe, que vendrá algún chico de Nuevas Generaciones a echarme una mano. De aquí no se quién conseguiré para la candidatura, tres como mucho, pero si no hay, ya me marcharé a buscarlos a Burgos No ha renunciado a su condición de vecina de Azcoitia ni se resigna a que le arrebaten essus raíces por la fuerza. Ejerce cuando las circunstancias se lo permiten. Es aquí costumbre de siempre- -explica con naturalidad, como si no estuviera sometida a una opresión tortuosa- -que se junten los que han nacido el mismo año, para cenas y reuniones. A mí este invierno los de mi quinta me pidieron que no fuera a una excursión porque, decían, estaban los ánimos muy caldeados, y ya les contesté que de todas formas no habría podido, porque Rita Barberá me había invitado a las fallas. Así están las cosas Pilar pasa la mitad de la semana en Azcoitia, donde atiende sus obligaciones en el Ayuntamiento, y el resto en Zarauz, donde viven sus dos hijos y sus nietos. Cuando está en su pueblo, no se resigna a enclaustrarse: Voy al mercado, que lo tengo al lado, y también a la peluquería. Hablo con todos, como siempre. Aunque cada vez es peor el odio con el que me miran muchos jóvenes por la calle. ¡No sé cómo se puede mirar con tanta rabia! Ahora andan otra vez con las pancartas. El miércoles pasado, cuando volví a casa, ya me habían colocado en la puerta las de De Juana askatu Pero el último capítulo ominoso de esta historia siempre inacabada no fue cosa de los borrokos Todos los años se hace una cena con los internos de la residencia de ancianos del pueblo, y vamos los de la Corporación municipal a pasar un rato con ellos. Ahí estaba yo, acercando las tortillas a unas señoras mayores, cuando ví que estaba sentada enfrente la madrastra de Cándido, la que le crió cuando quedó huérfano. No me quitaba el ojo y yo le sostuve la mirada, no me iba a marchar por eso. Si tenía que pasar a su lado para coger los aperitivos, pues lo hacía, cómo no, y sonriente. Hasta que se me acercó de muy mala manera y me soltó; ¡A ver si dejas descansar a los muertos! ¡Con qué hostilidad! Esta gélida y perpetua subversión de valores, la misma que en aquel célebre reportaje de cámara oculta de Telecinco se manifestó en el reproche proferido por la esposa del etarracristalero ¡Es que esa mujer no tiene humildad! hace que no se den en esta presunta paz la paz de Azcoitia los requisitos irrenunciables: el reconocimiento del daño causado y la petición de perdón. Azpiazu ha cumplido con la Justicia, pero no con la sociedad democrática. No con Pilar. Ahora debían pensar que como ya estoy vieja no me volvería a presentar a las elecciones, pero mientras tenga fuerzas, lo haré dice ella con vehemencia rocosa. Agasajos a los etarras Mientras, la Azcoitia que sí puede expresarse a sus anchas prodiga los homenajes a los gudaris de Euskalherria El último, a Asier Altuna, un individuo que acaba de salir de prisión porque en 2001 prestó su garaje para guardar un coche- bomba ya preparado para asesinar a un concejal socialista de Éibar. Cosas de chicos. La dignidad de Pilar, y su coraje, son el tributo a la memoria del esposo asesinado, un antídoto contra la culpabilización de la víctima, de todas y cada una de las víctimas. Abajo, ya ha abierto al público, como cada tarde, la cristalería Aldako. Un negocio sin mucho trasiego de mostrador que permite cobijar en la trastienda la mezquindad y la ausencia de arrepentimiento. En la paz de Azcoitia el bálsamo no es el silencio complaciente de muchos, sino la rebeldía. La resistencia incómoda, irreductible, de Pilar. El problema de las listas No es el caso del edificio donde vive Pilar Elías, un bloque modesto y convencional. Hace 64 años, cuando ella nació, lo hizo construir su abuelo, al lado del surtidor de gasolina propiedad de la familia. Siempre ha sido su casa. Los locales comerciales abundan en el pueblo, así que no hay resquicio de justificación al hecho de que el etarra Cándido Azpiazu, el que en 1980 asesinó a su esposo Ramón Baglietto, haya decidido instalar su negocio en el mismo inmueble de la viuda de su víctima. A Pilar le ha dicho hace pocos días la madrastra del etarra que asesinó a su marido: ¡A ver si dejas descansar a los muertos! En la calle tropieza con las miradas de odio de muchos jóvenes, y en el portal de su casa con pancartas que piden la libertad de De Juana