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ABC SÁBADO 25 s 11 s 2006 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA INDEMNIZACIÓN POR ROBAR H ENTRE LOS ÁNGELES UANDO el médico le diagnosticó el cáncer que nos la acaba de arrebatar, cuando sabía que sus días estaban contados, María Ángeles de Armas escribió un poema de una belleza teresiana y frugal que tituló En las manos de Dios Una inmensa serenidad has sembrado en mi corazón, voy por la senda de tu paz: gracias, Señor. Si Tú permites que hasta mí llegue la dulce revelación de que me llamas para sufrir: gracias, Señor. Si en mi camino has de sembrar sólo tristeza y desolación y mis rosas espinas dan: gracias, Señor. Y si quieres que yo te dé la vida que tu Amor me dio, aquí la tienes, tuya es: gracias, Señor. Una inmensa serenidad has sembrado en mi corazón, voy por la senda de tu paz: gracias, Señor Me lo leyó un día por teléfono, con voz plácida y pudorosa, la misma voz plácida y pudorosa que había empleado siempre para regalarme su amistad, para alentarme, para contagiarme ese rescoldo de sagrado entusiasmo que late en la sangre de los verdaderos artistas, un rescoldo que ni siquiera se apagó cuando el dolor más acerbo (el de la madre que tiene que enterrar a sus hijos) la golpeó. Siempre la fe religiosa, formando una íntima amalgaJUAN MANUEL ma con su vocación artística, alumDE PRADA bró esos pasadizos oscuros donde se agazapa la desesperación, ahuyentándola; siempre mantuvo incólume ese venero de ingenuidad, de generosa donación, de honda piedad y hondo coraje que le permitió comulgar el sufrimiento y metamorfosearlo en gratitud por los dones recibidos: el don de una vocación artística, el don de un marido desvelado y absorto que la amaba como sólo ella merecía, el don de unos amigos a los que siempre regaló su tiempo, el bálsamo de su sonrisa, la belleza de sus cuadros y de su alma. He conocido pocas almas tan hermosas como la de María Ángeles de Armas: delicada como un búcaro, encendida como un rosal, fragante como la hierba recién segada. C Desde niña se sintió tocada por la gracia de la creación. Escribió poemas y relatos en su adolescencia, pero un día de forma casi azarosa- -descubrió la pintura, a la que iba a consagrarse en plenitud. En sus cuadros está siempre expuesta su alma privilegiada; son cuadros de un- -llamémoslo así- -surrealismo místico, a veces perfumados por una brisa naif, que se asoman a esos mares de sargazos donde late el tumulto de las pasiones, para traer a la superficie, atrapado entre las redes de su genio, como un pez de plata, el tesoro palpitante de una esperanza que no declina. Hay siempre en sus creaciones un resquicio de luz, esa luz que queda atrapada en una lágrima, esa luz que sólo brota de los espíritus que han apurado hasta las heces el cáliz más amargo y lo han transmutado, mediante no sé qué secreta alquimia, en una energía vital que exorciza el imperio de la noche. Son cuadros muy poderosamente femeninos, coronados de espinas pero también embriagados de una rara exultación, de una sensibilidad casi sangrante de tan vívida. Son cuadros que primero nos propinan una bofetada de emoción y después anidan dentro de nosotros, como semillas que anhelan convertirse en árboles, susurrándonos una promesa de beatitud. María Ángeles de Armas se ha ido como un pájaro que abandona su rama, con la misma frugal y teresiana serenidad que anunciaba en aquel poema que un día me leyó por teléfono. En la hora definitiva en que ya sentía acogida en el regazo de Dios, le encomendó a su marido, el abnegado Pepe, que nos transmitiera sus últimas palabras: Dile a nuestros amigos que, cuando esté con Dios, cuidaré de todos ellos. Y que, si necesitan algo o tienen algún problema, me lo digan, que Dios me escuchará cuando yo se lo diga a Él Amada María Ángeles, lloro tu marcha mientras escribo estas líneas, pero ya siento tu alma enjugando mis lágrimas, tu alma delicada como un búcaro, encendida como un rosal, fragante como la hierba recién segada, ya en coloquio eterno con Dios. Sé que siempre estarás a mi lado, cuidando de mí. UBO un tiempo en que los ladrones eran gente honrada que violaba el Código Penal pero mantenía un cierto código de decencia moral en los detalles. En la cartera guardaban, como en el tango de Astor Piazolla, un escapulario de la Virgen junto a los retratos de la novia y de la madre, y si atracaban un banco se llevaban la pasta de la caja fuerte, pero no se les ocurría tocar la hucha de los huérfanos. Quizás en el fondo los tipos así sólo existiesen en la literatura y en alguna canción rasgada por la melancolía, pero al menos IGNACIO nos gustaba pensar que inCAMACHO cluso en los abismos de la delincuencia quedaba un hueco en el que seaposentaban ciertos mínimos de nobleza, dignidad y decoro. Ahora los truhanes ya no sólo carecen de corazón, sino que han perdido hasta el respeto por las formas y abandonado cualquier atisbo de pundonor para mantener a salvo su autoestima. Sólo así se explica que la ex alcaldesa de Marbella, Marisol Yagüe, procesada por cohecho, prevaricación y maquinación para alterar el precio de las cosas, haya empezado con toda naturalidad a colectar los papeles para acogerse al subsidio de desempleo. Ya sería bastante desvergonzado que lo solicitase en función de su cargo, habida cuenta de que no tiene otra profesión conocida quela de concejal primero y regidora después, con sueldos que al parecer le permiten la máxima cobertura de prestaciones sociales; pero hacerlo tras ser encarcelada por mangante constituye una verdadera desfachatez, una procacidad ofensiva para los miles de trabajadores honrados que a duras penas reúnen las exigencias para cobrar el paro. Un seguro que, desde luego, no fue pensado para indemnizar a quienes se procuraron, desde un cargo público, el modo de asegurarse mediante el latrocinio una pensión de alto nivel. Supongo que habrá en Andalucía inspectores con la suficiente honradez y firmeza para velar por la integridad del sistema y preservarlo de este fraude moral que acaso reúna los requisitos legales, pero que representa una inconcebible falta de recato. Y que, ya que la justicia no pregunta por la procedencia del dinero de las fianzas, algún funcionario honorable hará constar que quien posee caudales para descerrajar a tocateja 60.000 euros por su libertad provisional debe contar con medios de subsistencia suficientes para no necesitar una prestación subsidiada. Como si no existiese ya bastante defraudación en la cobertura del paro para convertirla ahora en sustento de presuntos chorizos que, tras esquilmar con sobornos el patrimonio de los contribuyentes, pretenden que encima les paguen una indemnización por robarles. En todo caso, se trata de una cuestión más estética que ética. Si deciden corromperse, allá ellos con sus responsabilidades, pero al menos que guarden una cierta compostura, un mínimo de discreta circunspección. Lo que molesta no es la calderilla, sino el descaro. Si quieren irse sin pagar la cuenta del restaurante, que tengan por lo menos la elegancia de dejar una propina al camarero.