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ABC VIERNES 24 s 11 s 2006 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA FUEGO AMIGO OMO nuestra dirigencia pública siga instalada en el despropósito, las próximas elecciones van a resultar un notable éxito del Partido Abstencionista, que ya ha dado reciente prueba de su pujanza en los últimos comicios catalanes. Es tal el cúmulo de insensateces y pifias que se diría que la posibilidad de ganar la estima ciudadana se ha convertido en una patata caliente que ningún partido quiere para sí, afanados como están nuestros próceres en competir a ver quién mete más y mejor la pata. De un lado, el presidente del Gobierno con su agenda rupturista, sus vaivenes a ciegas y sus empeños suicidas, capaces de provocar en el IGNACIO pueblo esa sensación paCAMACHO vorosa que un lúcido comentarista de izquierda llama el síndrome del piloto borracho Pero en la acera de enfrente, en la derecha, ha surgido una especie de horror al vacío que le impide aprovecharse de los errores del rival, y empuja a sus dirigentes a desperdiciar cuantas oportunidades les ofrece la izquierda para levantar frente a ella una necesaria y consistente alternativa. Ni un día le ha durado al PP la alegría esperanzada que le proporcionaba el empate técnico detectado por el CIS, la menor distancia desde 2004 con un PSOE incapaz de sobreponerse a la deriva de sus propias decisiones. Apenas publicada la encuesta, un cretino dio a luz un vídeo sobre inseguridad ciudadana capaz de ganar cualquier premio a la incompetencia dolosa, porque a las imágenes truculentas de la delincuencia en Colombia sumaba otras no menos inquietantes... ¡de la época en que gobernaba el PP! Cuentan que por los pasillos de Génova se oía a Rajoy preguntar bramando en arameo por el autor de la joya, sin duda para condecorarlo por su celeridad en amargarle las expectativas mediante la entrega gratuita de generosa munición al adversario. Pero renqueante aún por el tiro disparado en su pie por fuego amigo, al bueno de don Mariano le esperaba otra alegría, en forma de biografía oficiosa de Esperanza Aguirre trufada, como es costumbre, de generoso ajuste de cuentas con Ruiz Gallardón, su colega de recíproco vudú aderezado con alfileres en los ojitos. Un modo tan bueno como otro cualquiera de tirar por la borda los largos esfuerzos de casi todo el partido por conseguir, no que el alcalde y la presidenta se congracien, y ni siquiera ya que se soporten, sino tan sólo que guarden su mutua ojeriza calladitos y se afanen en ganar juntos las elecciones en vez de colocarse cascaritas de plátano en la acera. Entre estulticias videográficas, torpezas inoportunas y gratuitos cainismos fratricidas, el PP ha logrado en tan sólo dos días borrar de la escena pública el batacazo demoscópico de los socialistas, que sonríen regocijados al ver que otros se comen las vainas que ellos van tirando por el camino. Así se explica que Zapatero no deje de sonreír, pese a todo lo que tiene en lo alto. Y mira que está haciendo por perder las elecciones casi tanto como sus oponentes por no ganarlas. C EL CUENTO DE LA BICAPITALIDAD F RANKFURT no necesita ningún estatuto de bicapitalidad para ser la gran ciudad de Alemania que es. Ni Milán para ser una referencia europea en el norte de Italia. Ni Sao Paulo en Brasil, ni Nueva York en Norteamérica. Barcelona no precisa de un organismo menor de la Administración del Estado como la CNMT para reforzar su carrera a la excelencia. ¿Acaso quiere ser una muesca más en la lista de ciudades en las que prolifera el funcionariado? ¿No tienen bastante con los adscritos a la abigarrada plantilla autonómica? La absurda decisión de trasladar ese organismo a cuatro plantas de un edificio de la Villa Olímpica conlleva tan sólo problemas para las estructuras que deben moverse y para las familias de los funcionarios que se ven obligados a mudarse de ciudad. No es comprensible el ansia por imitar los vicios burocráticos de las capitales condenadas a ahogarse en miríadas de folios y tampones, como no lo es sentirse satisfechos por el acto simbólico del traslado de una oficina intrascendente. El fortalecimiento de Cataluña no pasa por una decisión demaCARLOS gógica y boba de un Gobierno decidido HERRERA a repartir caramelos entre infantiles ejecutivos autónomos que juegan a creerse distintos y exquisitos. Rodríguez Zapatero podría hacer un inesperado e inaudito esfuerzo de sensatez histórica y no caer en gestos que sólo derivan hacia situaciones extravagantes. ¡Si hasta algunos fantasiosos han llegado a sugerir el traslado del Senado a la Ciudad Condal! Cataluña no necesita en absoluto unas oficinas ocupadas por funcionarios de la Administración central del Estado para sentirse parte del mismo o para saberse trascendental en el ímpetu de la sociedad común; necesita, si acaso, menos presencia intervencionista de una agobiante administración autonómica, decidida a entrar en los usos y costumbres de cada uno de sus ciudadanos. Es mucho más interesante que se desnivele la balanza hacia el fiel de los emprendedores- -y que éstos sean los auténticos motores de la sociedad- -antes que primar la omnipresencia de tanto burócrata de nuevo cuño, convencido de que su misión es poco menos que providencial para la unidad de destino en lo local. Cataluña precisa que los aires de libertad creadora lleguen a todos los ámbitos sociales y que nadie se vea coartado por la corrección política más agobiante que se conoce en la vieja España. Cataluña precisa de provocadores que remuevan la ciénaga sentimentaloide que se ha instalado en todos los estratos sociales y que ha hecho del pensamiento y el sentimiento únicos una pesadísima realidad oficial. Es bastante más importante que llegue el AVE cuanto antes que cualquier otro traslado simbólico e inoperante o que cualquier decreto de bicapitalidad innecesaria. El Gobierno en el que moraba el flamante Montilla- -que, afortunadamente, ha rebajado un tanto el tono de permanente afrenta histórico- heráldica- identitaria- -hizo mal los deberes y no sustanció debidamente el decreto de traslado del organismo en cuestión desde Madrid a Barcelona; ahora, la Sala del Supremo encargada de estas cosas y presidida por el insobornable magistrado Ramón Trillo ha puesto las cosas en su sitio y obliga a Joan Clos, el nuevo ministro de Industria, a volver a mover los papeles y los decretos. Curiosa manera de reaccionar de Clos: los jueces no deben meterse en decisiones políticas Como si fuera un Ibarreche o un Atucha cualquiera, el antiguo alcalde barcelonés se sitúa en una esfera inalcanzable al brazo corrector de la Justicia. Desgraciadamente para él, hasta Clos debe someterse a la norma. En cualquier caso, los administradores del futuro barcelonés deberían estar más pendientes de emular el vigor civil de ciudades referentes de la Europa moderna que de recibir las llaves de una canonjía burocrática. Giren la cabeza y cuídense de que no les alcance la vecina Valencia, que ya se acerca, antes de ensimismarse en ademanes caducos y en adornos innecesarios. www. carlosherrera. com