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ABC JUEVES 23 s 11 s 2006 INTERNACIONAL 35 Alfonso Rojo AZNAR VERSUS ZAPATERO E Indígenas bolivianos, en marcha camino de La Paz para exigir, entre otras cosas, la reforma de la propiedad de la tierra REUTERS Bolivia, al borde del colapso por el choque entre partidarios y detractores de Morales La tensión ha llegado a tal punto que la Policía ha tomado precauciones s Los mediadores no tienen posibilidad de acción BALDWIN MONTERO CORRESPONSAL LA PAZ. Vientos de confrontación soplan en Bolivia. La división social y política que la llegada del indígena Evo Morales puso al descubierto a principios de año pasó del enfrentamiento discursivo a la acción política y social, dejando paralizado al Poder Legislativo y a la Asamblea Constituyente. Tres cuestiones son las que han colocado al país al borde del colapso y el enfrentamiento entre dos bloques con distintas visiones del país. La tensión es tal que la Policía ya tomó precauciones, según admitió el martes su comandante nacional, Isaac Pimentel. El primero es la ley de distribución de tierras, que el partido oficialista MAS insiste en aprobar en el Congreso con la ayuda de su mayoría parlamentaria y la presión de una marcha de indígenas, campesinos y colonizadores que hace dos semanas partió hacia La Paz desde cinco puntos del país y que se fortalece cada día. En igual proporción se articula y fortalece la oposición, que aglutina a prefectos (gobernadores) y comités cívicos de seis de los nueve departamentos, además del partido Poder Democrático y Social (Podemos) del ex presidente Jorge Quiroga, y Unidad Nacional (UN) del empresario de centro derecha Samuel Doria Medina. Estas formaciones paralizaron ayer el trabajo en el Congreso con su decisión de no asistir a las sesiones mientras el Gobierno no retroceda en su objetivo de control hegemónico del país Tres puntos de fricción La ley de distribución de tierras. El MAS quiere aprobarla con el apoyo de su mayoría parlamentaria y los indígenas. Reglamento de debates de la Constituyente. Aprobación de las reformas constitucionales por mayoría absoluta. Avasallamiento oficialista en las regiones. La oposición denuncia el proyecto del Gobierno para que el Congreso pueda censurar a los gobernadores. En huelga de hambre El segundo frente de confrontación surgió tras el visto bueno oficialista a un reglamento de debates para la Asamblea Constituyente, que autoriza la aprobación de las reformas constitucionales por mayoría absoluta, requisito que sólo el Movimiento al Socialismo (MAS) puede cumplir sin necesidad de acuerdos con otras fuerzas, por tener 142 constituyentes, 14 más de los que se necesitan para lograr la mayoría absoluta. Los opositores optaron por realizar una huelga de hambre con siete piquetes en distintas puntos del país, en los que participan 120 personas. La medida comenzó hace siete días y tres huelguistas fueron dados de baja por problemas de salud. Los sectores sociales aliados del MAS decidieron realizar contramovilizaciones En los dos últimos, militantes del MAS se enfrentaron con tres grupos de huelguistas. El tercer frente del conflicto comenzó con la presentación de un proyecto de ley desde el Ejecutivo para autorizar que cualquiera de las Cámaras del Congreso pueda censurar a los prefectos (gobernadores) si- tuación que implicaría su automática renuncia y la convocatoria de elecciones en caso de que el presidente acepte esta decisión. Los prefectos de La Paz, Santa Cruz, Cochabamba, Beni, Pando y Tarija denunciaron que el proyecto tiene el objetivo de descabezar a los gobiernos departamentales que critican las actitudes hegemónicas del Ejecutivo. Por ello decidieron romper relaciones con el Gobierno y declarar a sus regiones en estado de emergencia frente al avasallamiento oficialista El Gobierno decidió dejar la solución de los tres asuntos en manos de los movimientos sociales y reiteró que no tiene nada que negociar. El pueblo debe pronunciarse contra esta acción de las oligarquías reclamó ayer el jefe de Estado, Evo Morales, en un mensaje por el canal estatal en el que denunció el perjuicio económico que representa el bloqueo de la oposición al trabajo del Congreso. Mientras tanto, los habituales mediadores en estos conflictos (la Iglesia Católica, el Defensor del Pueblo y la Asamblea Permanente de Derechos Humanos) se encuentran anulados y sin posibilidad de acción. El MAS considera que la Iglesia ha tomado partido por la derecha y los opositores dicen que las otras dos instituciones lo han hecho por el Gobierno. ntre los políticos que triunfan, los hay de dos tipos. Uno, es el sujeto habilidoso, con sentido de la coyuntura, que adivina cómo respira la ciudadanía y sabe subirse a la ola. El segundo, mucho más escaso, es ese personaje convencido de que sabe lo que hay que hacer y trata de aplicarlo contra viento y marea. Unas veces hasta estrellarse y otras, raras, hasta entusiasmar a las masas. De esta segunda variedad, a la que pertenecen gigantes como John Kennedy o Margaret Thatcher, no hemos tenido mucho en España. Ni antes ni ahora. De la primera, sí. El propio Zapatero podría estar en la lista. No hay una sola de las grandes decisiones adoptadas por el presidente del Gobierno durante los dos años y medio que lleva en La Moncloa- -desde la precipitada retirada de las tropas de Irak, hasta el anuncio de un improvisado plan de paz para Oriente Próximo- que no haya estado determinada por el ansia de encandilar a ese sector progre del electorado que acudió en tropel a las urnas el 14- M y permitió el vuelco. Hace un par de días, ya tarde y en ese estado de amodorramiento que hay entre la vigilia y el sueño, vi en televisión un debate sobre la política exterior española. La polémica era de altura. Participaban personajes como Josep Piqué, Trinidad Jiménez, Hermann Eduardo Sotillos y Miguel Ángel Aguilar. Como ocurre siempre que hay partidarios del Gobierno en una tertulia, salio a la palestra la famosa foto de las Azores. Aunque en la imagen estuvieran el primer ministro de nuestro más entrañable vecino, el líder europeo más brillante del momento y el presidente de nuestro más poderoso aliado, siempre he pensado que fue algo desproporcionado. Para jugar en primera división de la escena internacional, hay que contar con el respaldo de unas Fuerzas Armadas de primera y España no las tenía ni las tiene. Dicho esto y aunque no pasará a la historia como un Churchill o un Roosevelt, en honor de Aznar hay que subrayar que hizo lo que creía que debía hacerse. No se dedicó a olfatear a la multitud.