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30 JUEVES 23- -11- -2006 ABC INTERNACIONAL www. abc. es internacional Un impresionante gentío, en medio de la tensión, portó el féretro de Pierre Gemayel, el ministro asesinado, hasta su casa en Bikafya, donde la familia veló el cadáver Todos los dedos señalan a Siria Clamor en el Líbano contra Damasco s Francia y EE. UU. eluden la acusación directa, pero exigen que cesen sus injerencias LAURA L. CARO ENVIADA ESPECIAL BEIRUT. Mi impresión, desafortunadamente, es que tenemos que esperar que haya más asesinatos de ministros y parlamentarios. Damasco debe saber que no importa cuántos asesine, porque cada muerte es como un clavo en el ataúd del régimen sirio Walid Jumblatt, el que fuera líder de la Revolución de los cedros que desalojó las tropas sirias del Líbano y actual dirigente de la comunidad drusa, alzaba ayer la voz para sumarla a la de los convencidos- -Saad Hariri, el ministro de Interior, Ahmed Fatfat, el propio presidente de Estados Unidos, George Bush, y el Gobierno francés, el más duro de los ejecutivos extranjeros- -de que la mano del régimen sirio está detrás de las 24 balas que el miércoles acabaron con la vida del titular de Industria libanés, el jefe antisirio de las Falanges Libanesas, Pierre Gemayel. Y Jumblatt lo hacía además culpando del crimen al presidente sirio, Bashar al- Assad, a su juicio quien ordenó el atentado en 2004 contra el entonces jefe del Gobierno libanés, Rafik Hariri, y, en consecuencia, el primer interesado en boicotear la Corte Internacional aprobada ayer mismo por la ONU para investigar aquel asesinato. Las palabras del responsable druso abundaban en la teoría que asegura que tanto el magnicidio de Gemayel como hace apenas dos semanas la dimisión de cinco ministros de los movimientos chiíes libaneses Hizbolá y Amal- -excusada en la falta de acuerdo para un gobierno de unidad con nuevo reparto de carteras- estarían destinadas a torpedear el actual Ejecutivo de Fouad Siniora hasta provocar su caída, y con ella el retraso de un tribunal que amenaza con colocar en una situación muy incómoda a las autoridades sirias. Con este mismo objetivo, el de desplomar el actual Gobierno legítimamente elegido, Jumblatt vaticinaba ayer que, atendiendo a criterios numéricos, habrá más muertes en el Líbano: la simple renuncia o el fallecimiento de dos miembros provocaría de forma matemática el fin del Gabinete. Todo es un plan sirio- iraní para derrotar la autoridad legal e impedir la creación de un tribunal internacional incidía también Saad Hariri. Tanto el presidente Bush como el ministro de Exteriores francés, Philippe Douste- Blazy, eludieron una acusación directa contra Siria, pero coincidieron en denunciar las injerencias del país que preside Bachar Al Assad. El presidente norteamericano reafirmó su compromiso inquebrantable con el acosado Gobierno libanés contra la pretensión de Siria e Irán de seguir condicionando al país del cedro. Mientras, el portavoz gubernamental de Francia reclamó la mayor firmeza en defensa del Ejecutivo de Siniora y pronunció una frase exenta de acusaciones pero poco equívoca: Evitaré por supuesto señalar algún culpable, aunque tras este nuevo atentado, que sigue a tantos otros, cada uno puede tener su opinión Damasco se defiende En contra de las inculpaciones, el régimen de Damasco- -que el martes se apresuró a condenar el magnicidio antes que ningún otro país árabe- -reiteró ayer su inocencia a través de su ministro de Información, Moshe Bilal, que tachó de carentes de veracidad y credibilidad las sospechas vertidas contra el Gobierno sirio. Partidarios de la no implicación del Ejecutivo de Assad, destacados analistas han subrayado que lo último que Damasco necesitaría en este momento político sería una nueva