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ABC JUEVES 23 s 11 s 2006 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA JUSTICIA DE CHICLE T EN ORIENTE CRECE EL DESORDEN H ASAN Nasralá, líder de Hizbolá, trata de paralizar al gobierno legítimo del Líbano. Los tres ministros chiíes, dimitidos, querían privar al gobierno de Fouad Siniora de su base legal (la Constitución establece distintas proporciones de representación cristiana, drusa, chií, suní, en el ejecutivo libanés) La dimisión de los chiíes coincide con la propuesta de las Naciones Unidas para crear un tribunal internacional que esclarezca el asesinato de Rafik Hariri, antiguo primer ministro, asesinado el año pasado. La decisión de la ONU puede ser muy grave para el régimen sirio. El asesinato, anteayer, del ministro Pierre Gemayel es el quinto que cae sobre personalidades próximas a Siniora. El peligro para las fuerzas de Finul no es inmediato. Pero la inestabilidad del Líbano no decrece, aumenta. Quedan dos años de presidencia de Bush: de aquí a 2008 habrá problemas, quizás insalvables, entre la Casa Blanca y el nuevo Congreso de mayoría demócrata. El presidente ha perdido gran parte de su poder. Pero el patito no está tan cojo. El vicepresidenDARÍO te Dick Cheney, por ejemplo, mantieVALCÁRCEL ne en el cajón su plan para bombardear Irán, un movimiento sumamente peligroso pero no imposible. Hasta hoy, no se han aplicado opciones militares a Irán, por su casi total inutilidad. Habría que lanzar 60 bombas nucleares, sobre 60 laboratorios alejados entre sí. Son ingenios atómicos que penetran bajo tierra. Parece que esto es mucho, incluso para Cheney. Irán tiene una extensión como tres Españas. La alternativa que, al parecer, propondrá la comisión bipartidaria presidida por James Baker apunta en otra dirección. América deberá negociar directamente con Irán, y hacerlo al mismo tiempo con Pakistán, Siria, Arabia Saudí y Turquía. Y naturalmente, con los dos países en guerra, Irak y Afganistán. En Afganistán no había estado: gobernaba una banda facinerosa, atenta sobre todo al negocio propio. Derri- baban estatuas, no sólo aquel gigantesco Buda milenario, sino toda imagen (actos nunca prescritos por el Corán) Por contra, en Irak había un superestado decidido a liquidar a quien se desmandara. Tortura, extorsión y asesinato eran práctica casi diaria. Lo cual no evitaba que la mayoría de los iraquíes viera a Sadam como el símbolo de la unidad nacional. Se ha visto el 7 de noviembre: para millones de americanos es inaceptable la desvergüenza con que el presidente Bush se desentiende hoy de Irak, después de haberlo invadido en 2003. América ha conocido presidentes fallidos (Herbert Hoover en 1929) pero nunca la Casa Blanca ha metido al país en una guerra para desentenderse de ella, en pleno fragor, tres años después. Afganistán era un deber inesquivable mientras que Irak es una guerra elegida, a war of choice. En Afganistán se ha desplegado la OTAN: Canadá, Reino Unido, Alemania, España, Holanda y sobre todo Estados Unidos: todos ellos habrán de reforzar sus efectivos antes de Navidad. El lunes último lo explicaba Tony Blair, con la franqueza del político en retirada: Debemos mantenernos aquí y reforzar nuestro despliegue. Decididos a aguantar una generación si hiciera falta. Habrá que lograr que Pakistán colabore con nosotros frente al resurgir talibán: de otro modo habría que abandonar. Y para eso no estoy preparado El futuro se juega aquí, en este extraordinario pedazo de desierto, dijo mirando de reojo a su antiguo aliado. América tiene 230 años de tradición democrática. Bush no se enfrentará a la nueva corriente dominante. Pero algunos enclaves de su administración podrán dar malas sorpresas. Bush controla poco. William Pfaff, gran analista norteamericano, cree que terminará su mandato como el más desastroso presidente de la historia de los Estados Unidos. Nosotros, aliados europeos de América (no de Bush) deberíamos prevenir la falta de control presidencial sobre el equipo próximo: la capacidad de maniobra de Cheney, de Rove, o del fiscal general, Al González, en materia de tortura. Sí, puede haber malas sorpresas de aquí a 2008. ENGO que preguntarle al profesor Sosa Wagner si hay en la Universidad de León alguna escuela derelativismo jurídico en la que haya podido Zapatero aprender queelDerecho es comoun chiclequeseestira, se pliega, se modela a voluntad del político, se hace con él un globito y se le estalla en la cara a cualquier juez antes de dejarlo pegado en la pared o en las pesadas cortinas carmesíes del Tribunal Supremo. Porque esta cantinela de las leyes interpretables segúnlas coordenadas del momentopolítico, es decir, a la mejor conveniencia del poder de turno, no figura aparenteIGNACIO mente en la doctrina conCAMACHO vencional del ordenamiento democrático, y tiene que ser cosa de alguna eminencia incógnita, de algún pater conscriptus como aquel Anselmo Carretero de cuya fuente intelectual manaba la nación de naciones, de algún Suso de Toro con toga capaz de reinventar a Montesquieu con fecunda creatividad republicana. A esa minerva, si existe, hay que ingresarla ya mismo en la Academia de Ciencias Morales y Políticas, y nombrarla cuanto antes miembro del Consejo de Estado. Según esta teoría relativista al uso, los tribunales deben ser permeables a las sensibilidades políticas dominantes, y ajustar su criterio al del Gobierno con precisión de vasos comunicantes. El paladín idóneo de tan elásticaconcepciónjurídicaesporsupuestoelfiscal general, Conde- Pumpido, capaz de elongar o disminuir las peticiones de penas con la flexibilidad de un melancólico bandoneón porteño, y transformar 96 años de cárcel en una docena con la simple mediación de una sugerenciapresidencial. Así han deser los juristas de este tiempo prometedor: dúctiles y transigentes, atrevidos y pragmáticos, con el instinto de un sioux para detectar los vientos situacionistas y la cintura de un extremo izquierda para sortear los obstáculos. Lástima que sean tan escasos los hombres así en una sociedad anquilosada por las viejas pautas de un orden caduco y estático, queatribuyealos hechos una condicióndejuridicidad por sí mismos, al margen de las circunstancias y con una rancia obsesión por las evidencias. Enlaviejamentalidad, tan anclada en nuestras instituciones judiciales y políticas, si en una herriko taberna hay, por ejemplo, huchas para financiar a Batasuna, y si en ellas se reúnen los miembros de Batasuna, y si sus dueños o gestores forman parte de Batasuna, y si su recaudación engrosa el aparato financiero de Batasuna, se trata indefectiblemente de un instrumento de Batasuna, y debe aplicársele la misma ley que a Batasuna. Sóloespíritusimaginativos y fértiles como Conde- Pumpido o su jefe Zapatero pueden alcanzar a atisbar que esa aparente esencia determinante puede transformarse en circunstancia contingente, y por tanto es susceptible de interpretarse, a la luz de necesidades de superior rango objetivo como es la como una coincidencia casual merecedora del beneficio de la duda. Duda que, llegadoel caso, puedeextendersealaproposición intelectual de que Batasuna sea, en efecto, Batasuna. Estos tíos son unos artistas. Incomprendidos, pero unos artistas. De circo.