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86 CULTURAyESPECTÁCULOS MIÉRCOLES 22 s 11 s 2006 ABC Stanley G. Payne le refresca la memoria histórica a Zapatero Es un profundo error. La memoria es emocional y subjetiva, no histórica dice ANTONIO ASTORGA MADRID. El axioma de Stanley G. Payne- -autoridad incuestionable en el tráfago contemporáneo de España- -es que un historiador debe tender siempre a la máxima objetividad, aunque es imposible ser absolutamente objetivo. Desde una profunda subjetividad didáctica, Payne presentaba ayer sus 40 preguntas fundamentales sobre la Guerra Civil (La esfera de los libros) y, de paso, le daba un tirón de orejas a la memoria histórica del presidente del Gobierno: Tras su sorprendente victoria en las elecciones de 2004, José Luis Rodríguez Zapatero introdujo una novedosa forma de izquierdismo en España que ni se parece al antiguo revolucionarismo ni a la socialdemocracia constructiva de Felipe González- -escribe Payne- Se trata de un nuevo izquierdismo basado en la corrección política internacional y en unas extrañas ideas de multuculturalidad, atomización de la cultura y la sociedad y deconstrucción de España en interés de una especie de ilusorio y renacido frente popular con el que consolidar su poder político ¿Zapatero al frente de un nuevo Frente Popular? se le pregunta al historiador. Y Payne aclara de viva voz la cuestión: El frente popular está en Cataluña. La ilusión de Zapatero es una alizanza multipartidista contra la derecha. Sí, una alianza multipartidista antiderechista es lo que pretende el presidente del Gobierno. Su política nacional está destinada a la caza de aliados Para Payne, la memoria histórica o colectiva es en sí misma un concepto ficticio, un espejismo, un tremendo y pro- El historiador Stanley G. Payne SIGEFREDO fundo error: Hablando con propiedad, tal cosa no existe. La memoria no es ni colectiva ni histórica, sino intrínsecamente personal, individual y, por tanto, subjetiva. En sentido estricto, la Historia es un campo para el estudio erudito cuyo objetivo es ser lo más objetivo posible, lo que suele derivar en inevitables conflictos entre ésta y la memoria. La historia oral investiga los recuerdos individuales para sus propios fines, pero con una metodología que controla la subjetividad y las falacias Sostiene Payne que la mayor parte de la memoria histórica de la España del siglo XXI ni es memoria ni es historia, sino un discurso político elaborado por la izquierda en torno a incidentes que se interpretan según un esquema partidista. La violencia política y la represión tienen mucho peso en este discurso porque son muy rentables y se conciben de una forma sesgada y reduccionista. Sin embargo, casi no se presta atención a sus orígenes o a cómo las aplicó la izquierda; por el contrario, se atribuye a Franco el dudoso honor de haberlas inventado y ser el único que las puso en práctica, lo que es justo lo opuesto de adquirir (y no recuperar que es un oxímoron) conocimientos acerca de la historia